martes, 24 de abril de 2012

Medioambiente (VII): El derecho humano al suministro de agua

Abrir el grifo para lavarnos los dientes, fregar los platos, poner una lavadora, regar las plantas o tirar de la cadena son gestos tan habituales en nuestra rutina diaria que ya no les damos ninguna importancia; sin embargo, la ONU calcula que unos 2.600.000.000 de personas –más de un tercio de la población mundial– no tienen redes de saneamiento y, peor aún, que unos 884.000.000 de seres humanos carecen de agua potable.

Desde que el 6 de mayo de 1968, el Consejo de Europa aprobó la Carta del Agua –una declaración de principios donde se afirmaba que No hay vida sin agua. El agua es un tesoro indispensable para toda actividad humana y que El agua no es inagotable– diversos instrumentos de Derecho Internacional comenzaron a proteger este elemento bajo distintos puntos de vista: aprovechamientos hidroeléctricos, uso de los cursos fluviales navegables; administración de los recursos hídricos, incidencia en la salud… hasta comprometerse a reducir a la mitad para 2015 la proporción de personas que no tienen acceso al agua potable o que no pueden pagarla y la proporción de personas que no tienen acceso a servicios básicos de saneamiento, de conformidad con lo acordado en uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

En el marco de las Naciones Unidas, la Resolución 64/292 de la Asamblea General, de 3 de agosto de 2010, reconoció la importancia de disponer de agua potable y saneamiento en condiciones equitativas como componente esencial del disfrute de todos los derechos humanos; un par de meses más tarde, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU afirmó el 6 de octubre que el derecho humano al agua potable y el saneamiento se deriva del derecho a un nivel de vida adecuado y está indisolublemente asociado al derecho al más alto nivel posible de salud física y mental, así como al derecho a la vida y la dignidad humana.

En el ámbito regional europeo, una declaración de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, de 25 de enero de 2012, reiteró su llamamiento a que todas las autoridades del Viejo Continente reconozcan el derecho de acceso al agua potable y al saneamientoright to sanitation, en inglés– como un Derecho Humano Fundamental y a que actúen con determinación para que este derecho se haga realidad.

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