lunes, 16 de septiembre de 2013

El centenario del modus operandi

El Diccionario de la RAE define esta conocida locución latina –que, literalmente, significa modo de obrar– como la manera especial de actuar o trabajar para alcanzar el fin propuesto; en el ámbito criminológico, el experto José Mª Otín del Castillo considera que este concepto debe entenderse como el conjunto de actos ejecutados por el delincuente para la comisión del delito y cuya característica común es su repetición en sucesivos hechos similares [OTÍN DEL CASTILLO; J. M. Psicología criminal. Valladolid: Lex Nova, 2009, p. 182]. Su origen acaba de cumplir su primer centenario y se debe al poco conocido trabajo de investigación que desarrolló el mayor Llewelyn William Atcherley (1871 – 1954) en su manual MO Modus Operandi. Criminal Investigation and Detection que se publicó en 1913. Sir Atcherley regresó al condado de Yorkshire (Inglaterra) tras combatir en África en la denominada expedición Ashanti –una guerra que enfrento a los ingleses con este antiguo imperio de la actual Ghana– para incorporarse a la policía comarcal de la demarcación de West Riding, donde llegó a ser Chief Constable [salvando las distancias, Inspector Jefe]. Él fue el primer experto que utilizó esta popular expresión para referirse a las diez circunstancias que anotaba en las fichas policiales de cada detenido para reflejar su comportamiento criminal: de qué forma había cometido el delito y cuáles fueron sus conductas; es decir, a qué hora actuaba, en qué lugares, si cometía el delito sólo o acompañado, cómo huía del lugar de los hechos, si preparaba una coartada, a que clase de víctimas elegía, etc. Muy pronto, su sistema de documentación y clasificación se implantó en toda Inglaterra y, por medio de August Vollmer –jefe de policía en la ciudad californiana de Berkeley– aquel modus operandi se popularizó en Estados Unidos.

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