miércoles, 19 de enero de 2022

Sobre la estatolatría

Al hablar del «Caso Mortara» ya tuvimos ocasión de referirnos a las reflexiones que el político italiano Antonio Gramsci (1891-1937) escribió en sus célebres Quaderni del carcere, durante su reclusión en la prisión de Turi [cerca de Bari (Puglia)] en los años 30 y publicados póstumamente en la siguiente década; en esa misma obra, en la nota 130 del cuaderno 8 definió así la «Estatolatría»: Actitud de cada distinto grupo social con respecto a su propio Estado. El análisis no sería exacto si no se tomasen en cuenta las dos formas en que el Estado se presenta en el lenguaje y la cultura en épocas determinadas, o sea como sociedad civil y como sociedad política, como "autogobierno" y como "gobierno de funcionarios". Se da el nombre de Estatolatría a una determinada actitud hacia el “gobierno de funcionarios” o sociedad política, que en el lenguaje común es la forma de vida estatal a la que se da el nombre de Estado y que vulgarmente es entendida como todo el Estado. La afirmación de que el Estado se identifica con los individuos (con los individuos de un grupo social), como elemento de cultura activa (o sea como un movimiento para crear una nueva civilización, un nuevo tipo de hombre y de ciudadano) debe servir para determinar la voluntad de construir en el marco de la sociedad política, una sociedad civil compleja y bien articulada, en la que el individuo particular se gobierne por sí mismo sin que por ello este su autogobierno entre en confiicto con la sociedad política, sino por el contrario, se convierta en su continuación normal, en su complemento orgánico.

Para algunos grupos sociales, que antes de acceder a la vida estatal autónoma no han tenido un largo periodo de desarrollo cultural y moral propio e independiente (como en la sociedad medieval y en los gobiernos absolutos se hacía posible por la existencia jurídica de los Estados u órdenes privilegiadas), un periodo de estatolatría es necesario e incluso oportuno: esta "estatolatría" no es más que la forma normal de "vida estatal": de iniciación, al menos, en la vida estatal autónoma y en la creación de una "sociedad civil" que no fue históricamente posible crear antes del acceso a la vida estatal independiente. Sin embargo, esta "estatolatría” no debe ser abandonada a sí misma, no debe, especialmente, convertirse en fanatismo teórico y ser concebida como "perpetua": debe ser criticada, precisamente para que se desarrolle y produzca nuevas formas de vida estatal, en las que la iniciativa de los individuos y grupos sea "estatal" aunque no se deba al "gobierno de funcionarios" (hacer que la vida estatal se vuelva "espontánea”) [1].

Aunque esta “idolatría al Estado” alcanzó su mayor notoriedad con los cuadernos del escritor sardo, el concepto fue empleado por otros autores en diversos contextos; por ejemplo: el Papa Pío XI reaccionó a los ataques condenando públicamente. al Régimen de Mussolini como “statolatria pagana” en la encíclica “Non abbiamo bisogno” (1931) [2]; y el economista de origen austriaco Ludwig von Mises (1881-1973), por su parte, vinculó los conceptos de statolatry o etatism –en especial en su libro Gobierno omnipotente: El ascenso del estado total y la guerra total (de 1944)– con la idea de que: (…) el Estado siempre tiene razón y el individuo siempre se equivoca. El Estado es el representante de la comunidad, de la justicia, de la civilización y de la sabiduría suprema. El individuo es un pobre desgraciado, un loco vicioso (…). O bien cuando el economista se plantea la siguiente paradoja: «El ciudadano  individual cuando viola una ley de su país es un criminal que merece castigo, ya que ha actuado en su propio beneficio egoísta. Pero la cuestión es muy distinta si un funcionario elude las leyes de la nación debidamente promulgadas en beneficio del Estado (…)» [3].

Citas: [1] GRAMSCI, A. Cuadernos de la cárcel. Tomo 3. Ciudad de México: Ediciones Era, 1984, pp. 282 y 283. [2] SAVARINO, F. “Nacionalismo, fascismo, iglesia y religión católica en Italia (1913-1943). En: AA.VV. Iglesia católica: anticlericalismo y laicidad. Ciudad de México: UNAM, 2014, p. 226. [3] VON MISES, L. Burocracia. Madrid: Unión Editorial, 1974, pp. 103 y 104.

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