viernes, 21 de enero de 2022

El duelo judicial del «Perro de Montargis»

Uno de los episodios más singulares de la crónica judicial francesa ocurrió, al parecer, en la segunda mitad del siglo XIV y, desde entonces, ha hecho correr verdaderos ríos de tinta entre los cronistas y escritores de todo el país –como por ejemplo, el famoso melodrama histórico “Le Chien de Montargis ou la forêt de Bondy” de René Charles Guilbert de Pixérécourt (publicado en 1817)– pero, hoy en día, resulta difícil dilucidar dónde acaba la realidad y da comienzo su leyenda; máxime si tenemos en cuenta que existen referencias medievales previas en las obras del monje Alberico de Trois-Fontaines, que sitúan estos hechos en el siglo XIII, hacia 1230. Pero si nos ceñimos a la historia tradicional, se cuenta que en 1371, durante el reinado de Carlos V de Francia, monarca de la Casa de Valois llamado el Sabio [Charles V le Sage (1338-1380)], uno de sus nobles más apreciados, el caballero Aubry de Montdidier desapareció tras salir a pasear con su perro Verbaux por el Bosque de Bondy, cerca de la localidad de Montargis, al Este de París.

El científico anglosueco Jan Bondeson narra cómo debieron suceder aquellos acontecimientos: (…) Cierto caballero Macaire, arquero en la guardia del rey Carlos V de Francia, estaba celoso de un viejo enemigo, Aubry de Mondidier, el cual había progresado mucho en el favor del rey. Cuando Mondidier viajaba por el bosque de Bondy, en compañía de su perro, Macaire le arrojó un dardo desde un matorral y enterró el cadáver clandestinamente. El perro fiel llegó a la corte del rey y condujo a los soldados y cortesanos hasta la tumba de Mondidier. Cada vez que el perro veía al caballero Macaire gruñía, enseñaba los dientes e intentaba atacarlo. Como es natural, esto se consideró como algo muy sospechoso, y aunque Macaire negó vehementemente haber tenido algo que ver con la muerte de su colega, mucha gente lo acusó del crimen.

El rey determinó que se concedería al perro el derecho de un demandante y que Dios juzgaría el caso, es decir, los dos pelearían a muerte en la lid. Si hubo algunas apuestas sobre el resultado de este duelo judicial (…) es muy probable que fueran a favor del caballero Macaire. Sean cuales fueren sus defectos morales, ese mercenario fuerte y musculoso, con su jubón de cuero, sus guantes de hierro y fuertes botas claveteadas con tachuelas parecía un enemigo formidable para cualquier miembro de la raza canina. Además, la distribución de las armas en este extraño duelo era injusta a todas luces: a Macaire se le adjudicó un escudo de madera muy fuerte con el cual podría defenderse de los ataques del perro, y una porra larga y pesada para atacarlo. Al perro fiel se le dio solamente un enorme barril tras el cual podía eludir los golpes del caballero. Sin embargo, el perro evitó tal derrotismo; en cuanto fue soltado se dirigió a la garganta de Macaire como una flecha. La lucha brutal que siguió, en la que el perro lanzaba dentelladas y gruñía, casi hubiera parecido un combate de boxeo de pesos pesados para obtener el título. (…) La lid estaba rodeada de una multitud de espectadores (…) que animaban a los contendientes. Se registró que, finalmente, el perro fiel ganó esta lucha y obligó a Macaire a pedir gracia y a reconocer su crimen. El rey y su corte honraron al victorioso Fiel, y el caballero Macaire fue ejecutado y enterraron su cuerpo en suelo no consagrado [1].

Escultura de bronce de Gustave Debrie (1875) en Montargis

De este modo, como afirmaba en el siglo XIX el historiador francés, Édouard De La Barre Duparcq: (...) se batió, cuerpo á cuerpo con Macario, asesino de su amo, de quien quedó vencedor, probando de esta suerte el crimen que supo denunciar con su persecución tan obstinada como extraña [2]. Aquel mismo siglo, Narciso Campillo apuntaba incluso que el combate había ocurrido el 8 de octubre de 1381 y que fue un buen ejemplo de las formas bárbaras del derecho de la Edad Media, el llamado Juicio de Dios [3].

Los grabados medievales muestran aquel inaudito “duel judiciaire” en presencia del soberano y toda su Corte en la isla fluvial de Louviers, en el cauce del río Sena a su paso por París. La lucha del hombre armado con un garrote, el chevalier Richard de Macaire, contra el lebrel, Verbaux, que lo desafió contando tan solo con la estructura de un tonel, sin tapas, para guarecerse. El resultado final, de acuerdo con la historiadora Victoria Vanneau, fue que le chien de Montargis triomphé en combat singulier de l'assassin de son maître au XIVe siècle, convirtiéndose en un animal legendario.

NB: la Edad Media y el comienzo de la Moderna nos legó otros momentos extraordinarios desde el punto de vista procesal-animal como sucedió a finales del siglo X con la condena a muerte que dictó el arzobispo Egbert von Trier contra las golondrinas que ensuciaban su catedral de Tréveris (Alemania); el célebre caso del abogado de las ratas, el penalista francés Barthélemy de Chasseneuz; la excomunión de una plaga de langostas en Valladolid en tiempos de Carlos I; o el juicio a la cerda de Falaise, en Normandía... pero esas ya son otras historias.

Citas: [1] BONDESON, J. La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural. Ciudad de México: Siglo XXI, 2000, pp. 164 a 166. [2] DE LA BARRE DUPARCQ, É. Los perros de guerra: estudio historico. Madrid: Imprenta del Correo Militar, 1874, p. 33. [3] CAMPILLO, N. Almanaque de la ilustracion para el año de 1887. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1886, p. 56. [4] VANNEAU, V. Le chien: Histoire d'un objet de compagnie. Bigbook, 2014.

2 comentarios:

  1. Hola, gracias por el esfuerzo de compartir información acerca del tema. Tu publicación me ayudó a entender de mejor forma algunos conceptos que tenía algo enredados. Te dejo entre mis favoritos de blogueros abogados. Espero sigas escribiendo en esta página web. Saludos. Marcela.

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  2. Muchas gracias a ti Marcela por escribirme. Me alegro mucho de que mi blog te haya resultado de utilidad. Aún me sorprendo yo mismo de que continúe con él desde 2010. Un cordial saludo.

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