viernes, 18 de septiembre de 2026

El contexto del «Fallo de Amiens»

El 23 de enero de 1264, el rey Luis IX el Santo de Francia dictó este laudo en la capital de la antigua región de Picardía para resolver el litigio que enfrentaba a su cuñado, el rey Enrique III de Inglaterra -Margarita y Leonor de Provenza, sus respectivas esposas, eran hermanas- contra los barones de su reino, encabezados por el conde de Leicester, Simon de Montfort, y -como era previsible- el «Fallo de Amiens» [Le Dit d'Amiens o Mise d'Amiens] favoreció al monarca inglés en contra de las pretensiones de su nobleza. Salvando las distancias, el vínculo familiar de esta sentencia arbitral recuerda a otro asunto que se resolvió el siglo anterior, cuando el 25 de agosto de 1176, Alfonso VIII de Castilla y Sancho VI de Navarra acordaron someter sus diferencias sobre los límites territoriales, por ciertos castillos con sus tierras y términos, al arbitraje del rey Enrique II Plantagenet de Inglaterra (suegro del rey castellano y, con el tiempo, abuelo del mencionado Enrique III) que decidió la frontera castellano-navarra mediante el laudo de Londres de 16 de marzo de 1177.

El caso que trató de solucionar San Luis Rey tuvo su origen a comienzos del siglo XIII, como investigaron los historiadores Hans Helmut Hofstätter y Hannes Pixa: (…) Al alcanzar la mayoría de edad en el año 1227, Enrique tiene que confirmar, una vez más, la Carta Magna. En las campañas que lleva a cabo contra Francia, Enrique es vencido en 1230 y 1242. Por último, la paz de París, acordada en el año 1259, da fin a cien años de guerra entre la casa de los Capetos y la de los Plantagenet. El rey [inglés] solo conserva en Francia los ducados de Guyena y Gascuña. Con la ayuda pontificia, el hijo menor de Enrique, Edmundo de Lancaster, ciñe la corona de Sicilia en 1255. El dinero necesario para la lucha contra Federico II se obtiene por medio de impuestos muy onerosos que alimentan el descontento en el país. La tributación de la Iglesia inglesa y la entrega de numerosas prebendas a extranjeros, sobre todo a italianos, contribuye a la aparición de un sentimiento hostil hacia Roma por parte del pueblo inglés. En 1258, estalla una rebelión de los barones que dura hasta 1265. Estos imponen al rey las «Provisiones de Oxford» [de 11 de junio de 1258], con lo que limitan el poder real. Todos los cargos son ocupados por partidarios de los barones.

Georges Rouget (1820)
Saint Louis médiateur entre le roi d'Angleterre et ses barons

Y añaden: Cuando el partido noble se divide y muchos barones siguen al rey, éste se retracta de su compromiso, pero no aprovecha el arbitraje de Luis IX, que se pronuncia unilateralmente en favor de la autoridad real [condenando a los rebeldes y anulando las «Provisiones de Oxford»]. En [el 14 de] mayo de 1264, los dirigentes del partido reformador, dirigidos por Simon de Montfort, que procede de la baja nobleza, vencen en [la Batalla de] Lewes. La familia real es hecha prisionera; el gobierno pasa a manos de Simon, que se apoya en la clase media, tanto en la ciudad como en el campo. El príncipe heredero, Eduardo [I] se escapa en 1265 de la prisión, venciendo en [la Batalla de] Evesham [4 de agosto de 1265] a Simon, quien cae en la lucha [1].

El posterior «Edicto de Kenilworth» de 31 de octubre de 1266, de nuevo, anuló las «Provisiones de Oxford» pero (…) el Rey supo aceptar algunas de las reivindicaciones de sus barones. Edward I (1272-1307) parece comprender desde un principio que los experimentos parlamentarios de Montforte podrían serle útiles para reforzar la maltrecha autoridad de la Corona, y en 1295, cuando convoca el Parlamento, no solo llama, según costumbre, a los miembros de su Consejo Privado, por un lado, y a los Barones y Obispos, por el otro, sino que también escribe a los sheriffs pidiéndoles envíen 2 knights en representación de cada condado, y también 2 burgueses por cada ciudad y burgo de importancia [2].

Aquel «Edicto de Kenilworth» se incorporó al posterior «Estatuto de Marlborough» de 18 de noviembre de 1267 que es el estatuto parlamentario más antiguo aún en vigor, «ordenado en una asamblea de hombres escogidos , tanto nobles como villanos (…), y escrito para que lo cumplan todos los habitantes del reino para siempre». Inglaterra quedaba en paz [3].

Citas: [1] HOFSTÄTTER, H. H. & PIXA, H. Historia Universal Comparada. Tomo IV. Barcelona: Plaza & Janés, 1971, p. 304. [2] ALLONES PÉREZ, C. “Capitalismo. Apuntes Sociológicos”. En: Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 2012, nº 34, vol. 2, p. 30. [3] JENKINS, S. Breve historia de Inglaterra. Madrid: La Esfera de los Libros, 2021.

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