lunes, 8 de abril de 2013

Según Locard, «todo contacto deja su rastro»

Al hablar de las dotes de observación y deducción necesarias para que un agente aprenda a extraer todos los datos posibles de la escena del crimen y del cadáver, la criminóloga vasca Janire Rámila describió de forma muy gráfica en qué consiste el famoso principio de Locard: (…) cuando una persona entra en contacto con un medio, algo de él queda en el lugar y algo del lugar queda en su persona. Lo mismo que caminar por la playa, cuando, con toda seguridad, se nos quedarán granos de arena en los pies y, a su vez, nosotros dejaremos huellas en esa misma arena [1]. Aunque, habitualmente, el denominado principio de intercambio que formuló el criminalista francés Edmond Locard (Saint-Chamond, 1877 – Lyon, 1966) se suele resumir, de forma abreviada, en el aforismo todo contacto deja su rastro; en realidad, su creador lo expuso de un modo más amplio en su libro Manuel de Technique policière (de 1923): Il est impossible au malfaiteur d'agir avec l'intensité que suppose l'action criminelle sans laisser des traces de son passage (traducible como: es imposible que un malhechor actúe con la intensidad que entraña la acción criminal, sin dejar rastros de su presencia).

Palacio de Justicia de Lyon | Placa conmemorativa del
primer laboratorio francés de policía científica

Si el Dr. Alexandre Lacassagne popularizó la idea de que "las sociedades tienen los criminales que se merecen". Esta frase hizo fortuna, y se ha convertido en un lema de las corrientes sociológicas. Locard, discípulo de Lacassagne y en mucho el sistematizador de la Criminalística moderna, completó la frase diciendo: "y yo digo también: las sociedades tienen la policía que se merecen" [2].

Ambos autores -junto a otros, como Paul Aubry; Etienne Martin [coautor con Lacassagne del libro «Precis de Medecine Legale»], Albert Bournet [que tradujo a Lombroso al francés] o el Dr. H. Chassinand [«Etude de la Statistique Criminelle de France au point de vue Médico-Légal»]- formaron parte de la denominada «Escuela de Lyon».

Según el profesor García-Pablos de Molina, esta escuela francesa (…) significó la más abierta contradicción a la tesis de la Scuola Positiva, y, en particular, a la directriz antropológica lombrosiana. (…). Frente a la relevancia capital que el (...) positivismo atribuía a ciertos factores individuales, supuestamente congénitos, de transmisión hereditaria, y atávicos, la Escuela Francesa pone el acento en el “medio social” o “entorno” (…) El ideario de la denominada Escuela de Lyon se dio a conocer por Lacassagne con motivo del Congreso Internacional de Antropología Criminal celebrado en Roma, en 1885» (en pleno «territorio» de Cesare Lombroso).

Citas: [1] RÁMILA, J. La ciencia contra el crimen. Madrid: Nowtilus, 2010, pp. 33-34. [2] RODRÍGUEZ MANZANERA, L. Criminología. Ciudad de México: Porrúa, 2ª ed., 1981, pp. 325 y 326. [3] GARCÍA-PABLOS de MOLINA, A. Tratado de Criminología. Valencia: Tirant (4ª ed.), 2009, pp. 411 a 413.

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