Al hablar de las dotes de observación y deducción necesarias para que un agente aprenda a extraer todos los datos posibles de la escena del crimen y del cadáver, la criminóloga vasca Janire Rámila describió de forma muy gráfica en qué consiste el famoso principio de Locard: (…) cuando una persona entra en contacto con un medio, algo de él queda en el lugar y algo del lugar queda en su persona. Lo mismo que caminar por la playa, cuando, con toda seguridad, se nos quedarán granos de arena en los pies y, a su vez, nosotros dejaremos huellas en esa misma arena [1]. Aunque, habitualmente, el denominado principio de intercambio que formuló el criminalista francés Edmond Locard (Saint-Chamond, 1877 – Lyon, 1966) se suele resumir, de forma abreviada, en el aforismo todo contacto deja su rastro; en realidad, su creador lo expuso de un modo más amplio en su libro Manuel de Technique policière (de 1923): Il est impossible au malfaiteur d'agir avec l'intensité que suppose l'action criminelle sans laisser des traces de son passage (traducible como: es imposible que un malhechor actúe con la intensidad que entraña la acción criminal, sin dejar rastros de su presencia).
| Palacio de Justicia de Lyon | Placa conmemorativa del primer laboratorio francés de policía científica |
Si el Dr. Alexandre Lacassagne popularizó la idea de que "las sociedades tienen los criminales que se merecen". Esta frase hizo fortuna, y se ha convertido en un lema de las corrientes sociológicas. Locard, discípulo de Lacassagne y en mucho el sistematizador de la Criminalística moderna, completó la frase diciendo: "y yo digo también: las sociedades tienen la policía que se merecen" [2].
Ambos autores -junto a otros, como Paul Aubry; Etienne Martin [coautor con Lacassagne del libro «Precis de Medecine Legale»], Albert Bournet [que tradujo a Lombroso al francés] o el Dr. H. Chassinand [«Etude de la Statistique Criminelle de France au point de vue Médico-Légal»]- formaron parte de la denominada «Escuela de Lyon».
Según el profesor García-Pablos de Molina, esta escuela francesa (…) significó la más abierta contradicción a la tesis de la Scuola Positiva, y, en particular, a la directriz antropológica lombrosiana. (…). Frente a la relevancia capital que el (...) positivismo atribuía a ciertos factores individuales, supuestamente congénitos, de transmisión hereditaria, y atávicos, la Escuela Francesa pone el acento en el “medio social” o “entorno” (…) El ideario de la denominada Escuela de Lyon se dio a conocer por Lacassagne con motivo del Congreso Internacional de Antropología Criminal celebrado en Roma, en 1885» (en pleno «territorio» de Cesare Lombroso).
Citas: [1] RÁMILA, J. La ciencia contra el crimen. Madrid: Nowtilus, 2010, pp. 33-34. [2] RODRÍGUEZ MANZANERA, L. Criminología. Ciudad de México: Porrúa, 2ª ed., 1981, pp. 325 y 326. [3] GARCÍA-PABLOS de MOLINA, A. Tratado de Criminología. Valencia: Tirant (4ª ed.), 2009, pp. 411 a 413.

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