viernes, 10 de abril de 2026

Los autores y postulados de la Escuela de Lyon [«École de Lyon»]

El 24 de noviembre de 1885 se celebró en Roma (Italia) el I Congreso Internacional de Antropología Criminal [Congresso internazionale di antropologia criminale] que, por aquel entonces, era la denominación habitual con la que Cesare Lombroso (Verona, 1835 - Turín, 1909) se refería a la disciplina que hoy conocemos como Criminología, nombre que acuñó con éxito ese mismo año su compañero, el juez Raffaele Garofalo (Nápoles, 1851-1934); mientras que el tercer gran teórico de los positivistas italianos, Enrico Ferri (S. Benedetto Po, 1856 - Roma, 1929) prefería hablar de Sociología Criminal. Aquel trío de autores no solo trazó las directrices maestras de los estudios criminológicos de finales del siglo XIX, señalando con verdadero desprecio a cualquier otra doctrina anterior, descalificándola como «clásica» por defender el libre albedrío del ser humano y no distinguir entre delincuentes y no delincuentes; sino que la trascendencia de su «Scuola Positiva» fue tan abrumadora que influyó de manera decisiva en cualquier otro pensamiento posterior que sólo pudieron limitarse a estar de acuerdo con los postulados positivistas (no hay delito sino delincuente, que es un ser diferente de los honrados ciudadanos, por lo que hay que analizar su comportamiento y descubrir las causas de su conducta); manifestarse en contra de ellos o, sencillamente, distanciarse y buscar una tercera vía, donde -como sabemos- surgieron las teorías eclécticas de la Escuela de Marburgo, la «Terza Scuola» o la Escuela de la Defensa Social; es decir, hablando en plata, las orientaciones de Lombroso, Ferri y Garofalo sentaron las bases de todo.

En ese contexto, durante aquel congreso que se celebró en la capital italiana en otoño de 1885, un “atrevido” médico francés, el Dr. Alexandre Lacassagne (Cahors, 1843 – Lyon, 1924), asistió para mostrar su oposición a las imperantes ideas lombrosianas, rebatir su noción del atavismo -en pleno epicentro de esa corriente- y defender un punto de vista propio basado en la importancia del medio. Aquel fue el origen de la Escuela francesa de Lyon [«École de Lyon»] que nos brindó grandes nombres propios, combatiendo la idea del criminal nato de Lombroso, (…) el criminal nato no está predestinado a delinquir, no existe tal criminal nato, existen sujetos predispuestos a la delincuencia, pero no predestinados [1].

El profesor Rodríguez Manzanera considera que esta escuela se caracteriza principalmente por la gran ascendencia que sobre ella tuvo aquel químico genial que se llamó Luis Pasteur [Louis Pasteur (Dole, 1822 - Marnes‑la‑Coquette, 1895)]. Las teorías de Pasteur obviamente estaban muy en boga en Francia, a finales del siglo XIX, y así vemos que la Escuela Antroposocial Francesa va a continuar el símil pasteuriano, diciendo que el criminal es un microbio, y así consideran que el microbio como tal, en un estado de asepsia, cuando no está en un medio adecuado, es inocuo, es totalmente inofensivo, pero si a este microbio se le pone en un campo de cultivo adecuado se va a reproducir, a convertirse en terriblemente virulento. Así pues, la escuela de Lacassagne va a considerar que el criminal solamente es peligroso en cuanto esté en un medio adecuado. Tomando en cuenta que "el medio social es el caldo de cultivo de la criminalidad; el delincuente es el microbio, un elemento que carece de importancia hasta el día que encuentra el liquido que le hace fermentar", Lacassagne hace girar el interés del criminal hacía la sociedad. [1].

Por su parte, García-Pablos de Molina retoma las actas de aquel congreso para recordar el argumento básico de Lacassagne con sus propias palabras: Lo importante es el medio social. Permítaseme una comparación tomada de la teoría moderna. El ambiente social es el medio en que se cultiva la delincuencia; el microbio es el elemento delictivo que carece de importancia hasta el día en que encuentra el cultivo favorable a su multiplicación. Creemos que el delincuente, con sus características antropométricas y las demás, sólo tiene una importancia muy secundaria. Además, todas esas características se pueden encontrar en gentes absolutamente honestas. (…) Las sociedades tienen los delincuentes que merecen. (…) A mayor desorganización social, mayor criminalidad entre las sociedades y los estados desorganizados que entre los estados y sociedades mejor organizados [2].

Ficha antropométrica de Lacassagne

Su brillante fundador, según su biógrafo, el investigador Sylvain Cid [3], estudió en la Escuela Militar de Sanidad de Estrasburgo, donde defendió su tesis doctoral en 1867. Tras adquirir experiencia en la Escuela de Val-de-Grâce en 1868, alternó años de práctica médica en hospitales militares con periodos dedicados a la docencia en escuelas médicas militares, primero en la Francia metropolitana y luego en Argelia a partir de 1872. Fue allí donde conoció a los criminales que formaban parte de los Batallones de Infantería Ligera de África [los Bataillons d’infanterie légère d’Afrique (BILA) reclutaban a delincuentes con antecedentes penales] con quienes realizó sus primeros estudios antropológicos: la "proporción entre tamaño y envergadura" y los tatuajes, por los que se apasionó. En 1880, obtuvo la cátedra de Medicina Forense en la Facultad de Medicina de Lyon, cargo que ocupó hasta su jubilación en 1913. Rápidamente logró reunir un pequeño equipo multidisciplinario que incluía a un químico, un fisiólogo, un toxicólogo y un entomólogo. Enriqueció su investigación con sus visitas dominicales a los presos, cuyos escritos recopilaba. En 1886, fundó una revista interdisciplinaria, «Les Archives de l'anthropologie criminelle et des sciences pénales», que alcanzó una repercusión internacional y que su amigo, el sociólogo Gabriel Tarde, coeditó a partir de 1893 [3].


Y añade: Gracias a sus artículos y ponencias en congresos, se consagró como la figura esencial de la "Escuela de Lyon" de Criminología, que puso especial énfasis en el papel del medio, el entorno social en el desarrollo de la conducta delictiva. De este modo, se opuso públicamente a la «escuela italiana» del profesor Cesare Lombroso, autor de la teoría del «criminal nato» basada en el concepto de «atavismo» (…). A través de su investigación en medicina forense -fue célebre su participación en la resolución del «Caso Gouffé»- Lacassagne también formó parte de la primera época de la policía científica que desarrollaría su discípulo, Edmond Locard. El Dr. Lacassagne falleció en Lyon en 1924 al ser atropellado por un coche [3].

La teoría de la criminalidad de Lacassagne distingue, en la etiología del delito, dos clases de factores: los individuales y los sociales. Los primeros –los individuales– tienen una relevancia muy limitada, pues, en otro caso, se trataría no de un fenómeno criminal, sino estrictamente patológico: significan, a lo sumo, una “predisposición” al delito, no una fatal determinación al mismo. Los decisivos –“determinantes” desde un punto de vista causal– serían para Lacassagne los factores sociales. Estos desencadenan el hecho delictivo, haciendo germinar las tendencias e inclinaciones individuales que, por sí solas, no podrían generar aquél. Reconoce Lacassagne que el hombre delincuente presenta más anomalías corporales y anímicas que el hombre no delincuente, pero estima que éstas son producto del medio social y, en todo caso, no explican el crimen sin el concurso del adecuado entorno, como lo demuestra el hecho de que se encuentran, también, en no criminales. En la aparición de tales anomalías juega un papel decisivo la pobreza, la miseria; las condiciones socioeconómicas. Ahora bien, Lacassagne –contra Lombroso– entiende que no son dichas anomalías las que “hacen” al delincuente, sino la relación siempre cambiante del sistema nervioso central del individuo y el medio social que se traduce en imágenes más o menos equilibradas del cerebro [2].


Para Lacassagne cabe hablar de tres clases de hombres, de acuerdo con otras tantas “topografías cerebrales”; esto es, según el emplazamiento en el cerebro de las tres funciones básicas del ser humano: las intelectivas (región frontal), las afectivas (occipital) y las volitivas (parietal). La preponderancia –el desequilibrio en definitiva- de una u otra zona permitiría hablar entonces de un delincuente frontal, parietal u occipital, o de una criminalidad de los afectos, de la acción, etc. [2].

Este aspecto es criticado por el magistrado argentino Raúl Zaffaroni: (…) Lacassagne atribuía el delito a modificaciones cerebrales del occipital, del parietal o del frontal: las del occipital eran las responsables de los crímenes primitivos de las clases bajas, las del parietal de los ocasionales e impulsivos de las clases medias y las del frontal de los delincuentes alineados con las clases altas. Parece que los pobres solían caer de espaldas y golpearse la parte trasera de la cabeza. Como puede verse, la llamada escuela francesa tampoco se ahorraba disparates [4].

Junto a otros miembros menos conocidos -como Etienne Martin [coautor con Lacassagne del libro «Precis de Medecine Legale»], Albert Bournet [que tradujo a Lombroso al francés] o el Dr. H. Chassinand [«Etude de la Statistique Criminelle de France au point de vue Médico-Légal»]- en la «Escuela de Lyon» destacaron, sobre todo, Paul Aubry y su famosa obra de «El contagio del asesinato» y la propuesta de que «todo contacto deja su rastro», de Edmond Locard, a los que ya les dedicamos otras entradas; así como las tres leyes de la imitación de Gabriel Tarde.

Como señaló el profesor Bernaldo de Quirós: todos (...) los agrupados alrededor de Lacassagne son los que van a constituir la escuela lionesa (...) criminalistas que se dedican a desenvolver las ideas de su maestro, estudiando con un gran cuidado y una gran delicadeza, muy fina y penetrante, la criminalidad francesa [5].

Citas: [1] RODRÍGUEZ MANZANERA, L. Criminología. Ciudad de México: Porrúa, 2ª ed., 1981, pp. 324 y 325. [2] GARCÍA-PABLOS DE MOLINA, A. Tratado de Criminología. Valencia: Tirant, 4ª ed., 2009, pp. 413 y 414. [3] CID, S. “Enfants en Justice. Alexandre Lacassagne”. En: Ministère de la Justice (*). [4] ZAFFARONI, E. R. La cuestión criminal. Buenos Aires: Planeta, 2012, p. 95. [5] BERNALDO DE QUIRÓS, C. Cursillo de Criminología y Derecho Penal. Ciudad Trujillo: Montalvo, 1940, p. 32.

NB: recordemos que, también en Lyon, se recopilaron los famosos e interesantes casos de Pitaval y que la capital del Ródano es la sede de INTERPOL. Asimismo, el «Caso Soleilland» investigado por el psiquiatra marsellés Ernest Dupré en la revista Archives d'Anthropologie Criminelle, desbarató en Francia todas las hipótesis lombrosianas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...