Como es evidente, ese trastorno es un epónimo y recibió su actual denominación por las investigaciones que llevó a cabo el médico francés Georges Gilles de la Tourette (1857-1904), animado por su mentor y profesor el neurólogo Jean-Martin Charcot (1825-1893), en la célebre Escuela de la Salpêtrière, en París. El primer caso presentado por él corresponde al de la marquesa de Dampierre, cuya condición había sido descrita inicialmente por el médico Jean Marc Gaspard Itard y luego por Charcot. Esta mujer, muy conocida en la élite francesa, presentó un cuadro progresivo desde los siete años que se caracterizó por conducta y acciones obscenas con coprolalia [tendencia patológica a proferir obscenidades (DRAE)], aunque su cuadro disminuyó en un periodo en el que fue a Suiza para casarse, su enfermedad la mantuvo alejada del contacto social, al punto que vivió recluida hasta su muerte a los 85 años. En los nueve casos recogidos y estudiados, Tourette observó los síntomas, la mayor parte de las veces, se remontaban a la infancia, antes de los 10 años de edad. Señaló un aumento de la frecuencia y localización de los tics con el deterioro del lenguaje. No parecían responder a ningún tratamiento, lo que se interpretó como una enfermedad hereditaria degenerativa de acuerdo a la concepción de Théodule-Armand Ribot [representante principal de la teoría psicológica de la degeneración en el siglo XIX]. Además de la descripción clínica del síndrome, Tourette hizo énfasis en las implicaciones sociales de la situación. Estudió personalmente seis casos, y otros tres tratados por otros colegas suyos. (...) Charcot quedó gratamente impresionado por las observaciones de su discípulo y decidió denominar la nueva entidad “síndrome de Tourette” [1].
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| André Brouillet | A Clinical Lesson at the Salpêtrière (1887) (a la derecha, Jean-Martin Charcot y Gilles de la Tourette) |
La vida del neurólogo francés alcanzó su punto álgido en 1893. (…) dos de las personas más importantes de su vida fallecen: su hijo Jean a causa de una meningitis, y su mentor Jean-Martin Charcot. No siendo esto suficiente, el 6 de diciembre del mismo año, Rose Kamper, una paciente que fue atendida en el hospital Pitie-Salpêtrière, se dirigió hasta la casa de Gilles de la Tourette, lo acusó de haberla hipnotizado en contra de su voluntad y le disparó ocasionándole heridas en la cabeza, en la parte posterior del cuello y en la nariz, serias secuelas pero no fatales, de las cuales se recuperó aparentemente. Se sospechó que el atentado estuvo relacionado con la disputa que había enfrentado el hospital de Salpetriere con la Escuela de Nancy, sustentado en el hecho que Charcot y Gilles de la Tourette afirmaban que una persona no podría cometer bajo hipnotismo en contra de su voluntad, un delito, idea refutada por [el psiquiatra] Hippolyte Bernheim (1837-1919), perteneciente a la escuela de Nancy [1].
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| «Le Pays Illustré» del 9 de diciembre de 1893: «Un drame de l'hypnotism». La tentative d'assassinat de Georges Gilles de La Tourette par Mme Kamper. |
Ahondando en ese trágico suceso, la profesora Clara Gómez Cortell amplía el foco al origen de su controversia doctrinal: (...) La Tourette forma parte del proceso de l’affaire Gouffé (1889-1890), en el que un alguacil es asesinado por dos personas, y una de ellas se defiende diciendo haber estado bajo los efectos de la hipnosis. Los médicos de la escuela de Nancy defienden esa teoría, en la que un crimen puede realizarse por un sujeto hipnotizado; La Tourette, alumno de la Salpêtrière (históricamente enemistada con Nancy), escribe «Épilogue d’un procès célèbre» (1891), obra en la cual contradice a los médicos de Nancy y que choca también con sus propias teorías publicadas en «L’hypnotisme et les états analogues du point de vue médico-légal» (1887). No solo esto, sino que La Tourette vive en primera persona un crimen relativo a la hipnosis, cuando en 1893 una paciente, Rose Kamper-Lecoq, intenta asesinarlo disparándole tres veces con un revólver y acusándolo de no haberle devuelto su dinero tras haberla sometido a experimentos hipnóticos que la dejaron en un estado mental deplorable. El médico fue herido en la cabeza, lo cual hace que su propia condición empeore a través de cambios bruscos de humor que lo llevaron a internarse en un psiquiátrico de Lausanne, [Lausana (Suiza)] donde muere en 1904 [2].
Medio siglo más tarde, como veremos a continuación, se produjo otro célebre caso de lo que podríamos calificar como hipnosis criminal.
En 2014, el cineasta finlandés Arto Halonen dirigió la coproducción europea “The Guardian Angel | Suojelusenkeli” que, en las salas de cine de España, se distribuyó con el título “Ángel de la muerte”, protagonizada por los actores Pilou Asbæk (inolvidable actor de la serie Borgen), Josh Lucas, Rade Serbedzija, Cyron Melville y Sara Soulié.
La sinopsis de su argumento narra que seis años después de finalizar la II Guerra Mundial, Anders Olsen, un avezado policía de Copenhague debe investigar el singular robo cometido en un banco y en el que el único atracador ha asesinado a dos empleados. Las declaraciones de los testigos aseguran que Palle Hardrup, el ladrón, parecía estar en trance. Olsen descubre que el atracador, estuvo en prisión junto con Björn Schouw Nielsen un colaboracionista que acabó unido a las filas nazis, lo que levanta las sospechas en Olsen [de] que Hardrup ha actuado bajo los efectos de la hipnosis inducida por Nielsen. Para Olsen resulta tan difícil demostrarlo como que lo crean sus propios compañeros.
Con alguna licencia creativa, como cambiar el nombre del policía protagonista -en realidad, Roland Olsen- Halonen se basó en unos hechos reales que ocurrieron una fría mañana del 29 de marzo de 1951 en el banco Landmands en la calle Nørrebro de la capital danesa. Un crimen tan extraño que obligó a plantearse la siguiente pregunta: ¿se puede hipnotizar a alguien para que cometa un delito? Palle Hardrup -un joven de clase media-alta que acababa de salir de prisión donde cumplió condena por colaborar con los nazis durante la II Guerra Mundial, junto a su compañero de celda: Bjørn Schouw Nielsen- entró en aquella sucursal, sacó una pistola, disparó al techo para amedrentar a los empleados y clientes y exigió que le llenaran un maletín con dinero, disparando tanto al cajero como al director cuando no cumplieron con sus órdenes. Aunque el joven logró huir en una bicicleta -propiedad de Nielsen- pero fue detenido por los agentes de policía a pocos metros del lugar de los hechos, en Griffenfeldsgade, donde simplemente les esperaba sentado a los pies de una escalera, mostrando un aturdimiento que todavía sorprendió más al confesar el doble asesinato pero alegando que cumplió las órdenes dadas por su ángel de la guardia.
¿Era un esquizofrénico? ¿O Nielsen había utilizado sus habilidades hipnóticas para inducir al ingenuo Hardrup a delinquir bajo el pretexto de compartir un mismo idealismo (aunque, al final, su verdadera intención era obtener dinero para gastarlo en alcohol y mujeres)?
Según el Dr. Frederik Strand, director del Museo de la Policía, los informes clínicos de Max Schmidt y el Dr. Paul Reiter acabaron defendiendo la tesis de que el joven delincuente fue víctima de las astutas manipulaciones hipnóticas de Schouw Nielsen en contra del criterio del médico jefe Einar Gert-Jørgensen; para quien aquello era imposible. El caso concluyó, tanto en primera instancia como en apelación ante el Tribunal Supremo, con la pena de cadena perpetua a Nielsen por planear e instigar el robo y los asesinatos (liberado en 1967, se suicidó con cianuro de potasio el 26 de mayo de 1974), y la reclusión en una institución psiquiátrica de Hardrup (falleció ya anciano, habiendo sido liberado) [3].
Antes de quitarse la vida, como curiosidad, Nielsen llegó a demandar a Dinamarca ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por no haber tenido un juicio justo; y, el 25 de octubre de 1961, el Comité de Ministros del Consejo de Europa consideró, por unanimidad, que las autoridades judiciales danesas no habían violado ningún precepto del Convenio Europeo de Derechos Humanos durante sus procesos penales.
PD: por alusiones; asimismo, también existe la posibilidad de que una persona hipnotice a otra para, prevaliéndose de esa situación, cometer un delito sobre la víctima durante su estado de trance. En la jurisprudencia española, dos resoluciones -por un lado, la sentencia 6443/2013, de 1 de diciembre, del Tribunal Supremo [A]; y, por otro, la sentencia de la Audiencia Provincial de Las Palmas de Gran Canaria 2704/2018, de 20 de noviembre [B]- se refieren a otra resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos: el «Caso Al-Khawaja y Tahery contra el Reino Unido» de 15 de diciembre de 2011 [C] donde, indirectamente al litigio principal, una paciente acusó al señor Al-Khawaja de haber sido objeto de abuso sexual mientras estaba bajo su hipnosis.
Citas: [1] PALACIOS SÁNCHEZ, L.; VERGARA MÉNDEZ, L. D.; MARTÍNEZ CAMACHO, A. V.; CANAL PIÑEROS, S. & MORA MUÑOZ, L. “Gilles de la Tourette y su síndrome”. En: Acta Neurológica Colombiana, 2016, vol. 32, nº. 1, pp. 82 y 83. [2] GÓMEZ CORTELL, C. 231. “Terror y sensacionalismo en la literatura popular médica fin de siècle: los relatos de la Salpêtrière”. En: L’écriture collaborative, 2023, p. 231. [3] STRAND, F. “Hypnose-mordene”. En: Dansk Politi, 2024, nº 2, pp. 28 a 31. Jurisprudencia: [A] ECLI:ES:TS:2013:6443. [B] ECLI:ES:APGC:2018:2704. [C] Números 26766/05 y 22228/06.












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