lunes, 8 de agosto de 2022

¿Qué es la «justicia predictiva»?

Al analizar el papel del jurista en la sociedad tecnológica, el profesor italiano Vittorio Frosini señaló, a finales del siglo XX, que: (…) La condición y la función del jurista ha cambiado en nuestro mundo civilizado; esta circunstancia ha sido puesta de manifiesto por Lee Loevinger en un artículo que data del año 1939 [sic] titulado “Jurimetrics. The next step forward” donde se aventura una nueva relación entre el jurista y una máquina de reciente invención: la computadora electrónica o “computer”, la cual había aparecido en el horizonte de la nueva sociedad tecnológica, convirtiéndose, según Loevinger. en un apoyo indispensable para el jurista y el protagonista de una nueva ciencia que él denominaba “Jurimetrics”, hoy ya designada comúnmente como “informática jurídica". Sin embargo. lo que el mismo Loevinger no imaginaba es que también hubiera, junto a la tecnología informática aplicada al Derecho. una nueva rama de la ciencia jurídica referida a la legislación. a la jurisprudencia de los tribunales y a la doctrina de los juristas, esto es. el "Derecho de la Informática” [1]. Por alusiones, el artículo de Loevinger, un conocido abogado estadounidense (1913-2004), se publicó, en realidad, diez años más tarde; en abril de 1949, en el nº 33 de la Minnesota Law Review.

Otro autor italiano, el profesor Ettore Battelli, ha señalado al respecto que: Lee Loevinger (…) hablando de Jurimetría esperaba poder valerse de las ventajas de las técnicas electrónicas para resolver los problemas jurídicos, básicamente intentando reproducir, por medio de un calculador, los mecanismos intelectuales típicos de la mente humana, con el fin de alcanzar la previsión informatizada de los comporta mientos en relación con la toma de decisiones por parte de los jueces [2]. En ese contexto –donde confluyen el Derecho y la Inteligencia Artificial [IA]– podemos situar a la “Justicia Predictiva”.

El propio Batelli la define así: La “justicia predictiva” ha de entenderse como la posibilidad de prever el resultado de un juicio a través de algunos cálculos, en particular predecir la probable sentencia relativa a un caso específico, con el auxilio de algoritmos. (…) El recorrido de la toma de decisiones con la intervención de la IA se configura ante todo creando bases de datos que contengan el conjunto de normas; el archivo de la jurisprudencia sobre los precedentes; la predisposición de modelos de redacción judiciales; el uso de un lenguaje jurídico predeterminado y vinculado a nivel semán tico; la sistematización, identificación e indexación de los contenidos argumentativos. Esencialmente se trata de proyectar algoritmos finalizados a la identificación de soluciones sobre la base de precedentes judiciales y otros elementos, según un esquema matemático, con la introducción de pruebas y elementos factuales como input, y la decisión final como output. (…) Por un lado se trata, evidentemente, de un enfoque distinto del que suele denominarse “precedente judicial”, por el otro, la llamada predictive coding, es decir, la justicia predictiva, está lejos de asimilarse al sistema de justicia al que hace referencia la famosa película Minority Report [2].


Sobre el uso de la expresión “justicia predictiva”, el profesor Rafael Castillo reflexiona que: (…) El sintagma quizá pueda no ser indicativo de la realidad total que pretende designar; y hasta induce a pensar en extraños escenarios desde el punto de vista procesal. Téngase en cuenta que el adjetivo “predictiva” evoca la adivinación de un hecho o suceso futuro, mientras que los hechos originadores del conflicto de intereses que se ventila en el proceso son la mayoría de las veces hechos pasados o presentes. Los potenciales acontecimientos futuros, por lo general, poco importan en el proceso: qué duda cabe que la función de la justicia no puede ser la de pronunciarse sobre el conflicto antes de que este haya surgido, pues entonces estaríamos sustituyendo su actividad propia por aquella que llevaban a cabo los oráculos [3]. 

Por último, más allá de la doctrina científica, la legislación europea comenzó a referirse a este concepto en una Comunicación de 2018 al analizar la utilización de la IA para el sector público en soluciones basadas en implementaciones de justicia predictiva y aplicaciones LegalTech [Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones “Plan coordinado sobre la inteligencia artificial”, de 7 de diciembre de 2018]; ese mismo año, Stéphane Leyenberger, Secretario Ejecutivo de la Comisión Europea para la Eficiencia de la Justicia (CEPEJ) –un grupo de 46 expertos que se creó el 18 de septiembre de 2002 por la Resolución (2002)12 del Comité de Ministros del Consejo de Europa– publicó la newsletter “Justice of the future: predictive justice and artificial intelligence” preguntándose si nos encontramos ante una panacea universal para mejorar la trascendencia de la justicia o, por el contrario, ante un peligro real de robotizarla y deshumanizarla.

En España, ninguna disposición del ordenamiento jurídico menciona aún la justicia predictiva, a la hora de redactar esta entrada, ni tampoco aparece citada en alguna resolución judicial.

Citas: [1] FROSINI, V. “El jurista en la sociedad tecnológica”. En: Argumentos de razón técnica, 1999, nº 2, p. 121. [2] BATTELLI, E. “La decisión robótica: algoritmos, interpretación y justicia predictiva”. En: Revista de Derecho Privado, 2020, n.º 38, pp. 58 y 59. [3] CASTILLO FELIPE, R. “Proceso civil e inteligencia artificial”. En: SIGÜENZA LÓPEZ, J. (Dtor.) Proceso civil y nuevas tecnologías. Cizur Menor: Aranzadi, 2021, pp. 259 y 260.

viernes, 5 de agosto de 2022

El concepto de «soft power»

Según el profesor mexicano Juan José Ramírez Bonilla: (...) Corea del Sur ha sido extremadamente exitosa en proyectar al mundo su poder suave. Hasta hace algunas décadas la cultura coreana era muy poco conocida en el orbe. Gracias al trabajo de instituciones gubernamentales como la Korea Foundation (KF) y The Academy of Korean studies (AKS), estudiantes, académicos y profesionales del mundo se han involucrado en los estudios coreanos. En el ámbito de la cultura popular, el llamado K-pop ha proyectado con gran fuerza a Corea del Sur allende sus fronteras. Nombramientos como el de Ban Ki-moon como secretario general de las Naciones Unidas, entre 2007 y 2016, también han coadyuvado a esa tarea [1]. Otro buen ejemplo de esta singular influencia lo encontramos en el éxito de las telenovelas turcas. En opinión del investigador Mehmet Ozkan: (…) Consideradas por el sector económico turco como un producto exportable, las series televisivas han creado una adicción y pasión sin igual, que no distingue entre países, sexos o clases. En definitiva, un fenómeno social sin parangón alguno. Las series de televisión turcas han contribuido al cambio de percepción del país otomano. Sin formar parte de la estrategia del PJD [siglas del Partido de la Justicia y el Desarrollo; dirigido por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan] o de Turquía, estas series han sido embajadoras de la diplomacia turca y un auténtico revulsivo de cambio en muchos países. El fenómeno es, en sí mismo, causa y efecto del poder blando de Ankara en los países árabes [2].



Corea del Sur y Turquía son dos buenas muestras de lo que se viene denominando «soft power» o «poder suave», si empleamos la apropiación directa del inglés cuando hablamos en castellano. Este concepto lo acuñó el profesor estadounidense Joseph S. Nye, Jr. en el libro Bound to Lead: The Changing Nature of American Power publicado en 1990. En aquel momento, el geopolitólogo de Nueva Jersey, desarrolló esta idea para rebatir a quienes, a finales del siglo XX, cuestionaban el declinante papel de los Estados Unidos en el mundo. Para Nye, su país era la nación más fuerte no solo en poder militar y económico sino también en una tercera dimensión que denominé poder blando. En los años siguientes, me complace ver que el concepto entró en el discurso público, utilizado por el secretario de Estado estadounidense, el ministro de Asuntos Exteriores británico, líderes políticos y escritores editoriales, así como por académicos de todo el mundo [3].

El autor se refiere a que, en 2003, durante una de las conferencias que se organizó en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos (Suiza), (…) George Carey, exarzobispo de Canterbury, preguntó al Secretario de Estado Colin Powell por qué Estados Unidos parecía enfocarse solo en su poder duro en lugar de su poder blando. (…) El secretario Powell respondió correctamente que Estados Unidos necesitó poder duro para ganar la II Guerra Mundial, pero continuó: "¿Y qué siguió inmediatamente después del poder duro? ¿Pidió Estados Unidos el dominio sobre una sola nación en Europa? No. El poder blando llegó con el Plan Marshall [3].

Nye define este «soft power» como: (…) la capacidad de obtener lo que se desea a través de la atracción en lugar de la coerción o la retribución. Surge del atractivo de la cultura, los ideales políticos y las políticas de un país. Cuando nuestras políticas se ven como legítimas a los ojos de los demás, se mejora nuestro poder blando [3]; es decir, Rusia ha forzado la soberanía de Ucrania (coerción), los petrodólares de las monarquías del Golfo Pérsico han comprado grandes clubes de fútbol europeos (retribución o pago) pero existe esta tercera vía que atrae a los demás por nuestros valores.

Retrato oficial de Joseph. S. Nye, Jr.

Esta cara del poder se basa principalmente en tres recursos: la cultura (dominio basado en lograr que otras naciones deseen compartir tus tradiciones, costumbres o producciones artísticas), los valores políticos (que cuando prediques, des trigo, cumpliendo en tu propia casa lo que les pides a los de fuera que hagan) y la política exterior (si los demás países ven tus decisiones como legítimas y con autoridad moral) [4].

Concluimos con un nuevo ejemplo en el ámbito europeo: el 18 de enero de 2022, la Comisión Europea comunicó al Parlamento Europeo, el Consejo, el CESE y el CdR la estrategia europea para las universidades. En este documento, el propio ejecutivo comunitario reconoció que: (…) Las universidades forman parte del poder blando de Europa mediante el intercambio de talento procedente de todo el mundo y la construcción de puentes sólidos con los países asociados de diferentes lugares del planeta, así como la promoción de los valores académicos y europeos. Europa debe reforzar y aprovechar esta reputación y reforzar estos puntos fuertes en todos los Estados miembros. Esto, a su vez, contribuirá a aumentar su atractivo no solo como destino académico, sino también como socio homogéneo para la cooperación en materia de educación, investigación e innovación.

Citas: [1] RAMÍREZ BONILLA, J. J. La república de Corea ante la influencia de la administración Trump. Ciudad de México: Colegio de México, 2020. [2] OZKAN, M. “La política Exterior de Turquía en el Siglo XXI: La Diplomacia Cultural y el Poder Blando”. En: SAM Papers, 2014, nº 9, pp. 19 y 20. [3] NYE, J. S. Soft Power: The Means to Success in World Politics. Nueva York: Public Affairs, 2004, pp. IX a XI. [4] Ob. cit, p. 11. Pinacografía: Julien Paris | Coversoftpower (2013).

miércoles, 3 de agosto de 2022

¿Quién llamó «legislador del mundo» a Jeremy Bentham?

El 30 de mayo de 1832, una semana antes de que falleciera en Londres, el filósofo y jurista inglés Jeremy Bentham (1748–1832) dictó sus últimas voluntades en Queens Square Place (Westminster). Una de aquellas cláusulas testamentarias estipulaba lo siguiente: (…) entrego mi cuerpo a mi querido amigo el Dr. Southwood Smith para que se encargue de él como se menciona a continuación (…). Hará armar el esqueleto de tal forma que toda la figura pueda estar sentada en la silla que normalmente ocupo cuando estoy vivo, en la misma postura en la que me encuentro mientras paso el tiempo escribiendo. Ordeno que el cuerpo así preparado sea transferido a mi albacea. Hará que el esqueleto se vista con uno de los trajes negros que ocasionalmente uso. Se hará cargo del cuerpo así vestido, junto con la silla y el bastón que llevo los últimos años, para contenerlo en una vitrina (…) con mi nombre completo seguido del día de mi fallecimiento. Y así se hizo; el “auto-icon” como él mismo lo denominó, lleva casi dos siglos exhibiéndose en diversas dependencias del University College of London (UCL) hasta que, en 2020, se ubicó en su actual emplazamiento en la planta baja del UCL's Student Centre, ante el asombro de los alumnos que contemplan el cuerpo de Bentham, sentado en una silla, con el bastón entre las piernas y expuesto dentro de una urna de vidrio.

Esta disposición tan singular de su testamento es una buena muestra de la personalidad excéntrica de un escritor increíblemente prolífico y un pensador que tuvo la colosal temeridad de intentar catalogar y etiquetar todas las variedades del comportamiento humano y sus motivaciones, en palabras de uno de sus biógrafos, el sociólogo estadounidense Gilbert Geis [1]; que, coincidiendo con otros expertos, no duda en reconocer su extrema precocidad, tanto intelectual como artística.

El esqueleto de Bentham en el UCL

No olvidemos que, con tan solo doce años, el joven Jeremy ya estudiaba Derecho en el Queen's College de Oxford; una disciplina que muy pronto le desencantó tras escuchar los discursos de Sir William Blackstone (1723-1780), el jurista de moda en aquel tiempo, por lo que decidió seguir vinculado con el mundo jurídico, como tanto anhelaba su padre, el abogado Jeremiah Bentham (1712–1792), pero no con el ejercicio práctico ante los tribunales sino con su vertiente más teórica, para criticar la normativa existente y sugerir nuevas formas de mejorarla. En su opinión, la mayor parte de los males se pueden buscar en los vicios de las leyes [2].

Precisamente, tras la muerte de su padre en 1792, la desahogada situación económica de Bentham, soltero, sin compromisos ni hijos, le permitió dedicarse en exclusiva a pensar y escribir; por ejemplo, retomando el concepto del utilitarismo, desarrollando su teoría de las ficciones jurídicas o investigando sobre la nomografía; en ese contexto, uno de los temas que más le cautivó fue su idea de establecer una Universal Jurisprudence [3]; es decir, que se redactara una legislación con validez universal. Su empeño en este debate –que hoy en día calificaríamos de globalizador– fue el resultado de la época en la que transcurrieron los más de ochenta años que vivió el creador del panótico, coetáneo de grandes acontecimientos que tanto influyeron en su doctrina, como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa, el fin del Antiguo Régimen o la emancipación de las colonias americanas de sus antiguas metrópolis europeas (América Latina siempre fue muy “benthamita”).

A partir de 1810, Bentham se volcó en una campaña para promover entre los gobernantes del mundo la adopción del Pannómion, su código completo de leyes, que sin atisbo de modestia consideraba como el modelo ideal para el ordenamiento jurídico del Estado moderno. El venezolano Francisco de Miranda (1750-1816), precursor de la independencia de su país; el zar Alejandro I de Rusia (1777-1825), el príncipe polaco Adam Czartoryski (1770-1861), el presidente de Estados Unidos James Madison (1751-1836) y el secretario de Estado del mismo país John Quincy Adams (1735-1826), quien también llegaría a ser presidente, dedicaron elogiosos comentarios al código del filósofo británico, quien se ofreció «a todas las naciones y gobiernos que profesen opiniones liberales». Así pues, parecía que el renombre internacional sancionaba el trabajo de Bentham [4]. Fue él quien por vez primera empleó las palabras International law para designar estas materias (...) en su libro "An introduction to the principles of moral and legislation" en 1780 [5].

En las siguientes décadas, su notoria ambición legislativa para que los gobiernos de todas las naciones del mundo aplicaran un único código normativo [6] acabó siendo uno de los temas que más trató en sus manuscritos; por ejemplo, los Papers relative to Codification and Public Instruction (publicados en 1817) o su Codification Proposal, addressed to all Nations Professing Liberal Opinions (1822) que fue ampliando en 1827 y 1830.  Aquellos textos, junto a las First Lines of a Proposed Code of Law for any Nation Compleat and rationalized, conforman la actual edición que, desde finales del siglo XX, se recopiló bajo el glorioso título de Legislator of the World: Writings on Codification, Law, and Education.

Pero, ¿quién, cómo y cuándo se calificó a Bentham como “Legislator of the World”? Decíamos antes que las teorías del jurista inglés siempre tuvieron un gran eco en Latinoamérica; influyendo profundamente en la historia de las ideas políticas y económicas de América Española desde Argentina con [Bernardino] Rivadavia, hasta Centroamérica con Valle [7]. Este último autor era el economista y político centroamericano (de origen hondureño pero formado en Guatemala) José Cecilio del Valle (1780-1834), el pensador que más ha discurrido formalmente sobre los problemas sociales y políticos de Centroamérica, y que por su preparación y su intuición de estadista ha sido uno de los pocos hombres de gobierno que han enaltecido el poder [7]. Por mediación de Próspero Herrera, Ministro de Centroamérica en Europa [el 15 de septiembre de 1821 se proclamó el Acta de Independencia de América Central de España] Valle mantuvo una fluida correspondencia con Bentham.

En una de aquellas cartas, fechada en Guatemala el 3 de agosto de 1821, le dice lo siguiente: Mi siempre querido padre: Cómo envidio a mi primo [se refiere al embajador Herrera], ¡con cuanto placer cambiaría yo mi suerte por la de él, para que yo pudiera vivir en la residencia del mejor legislador del mundo! Me ocuparé en hacer circular su Código Constitucional. La luz de Westminster iluminará estas tierras. Usted desea, como yo, la instrucción universal: y yo trabajo para que ésta avance. Hay autoridades a las que es necesario referirse continuamente, en todas las ramas de la ciencia y usted es una de ellas: en todos los países yo sigo sus huellas. Aquella misiva de Valle fue el origen de que a Bentham, aún hoy, se le continúe denominando: «legislador del mundo».

Citas: [1] GEIS, G. “Pioneers in Criminology VII. Jeremy Bentham (1748-1832)”: En: Journal of Criminal Law & Criminology, 1955, vol. 46, p. 159. [2] DE DOUMONT, D. “Introducción”. En: FERRER y VALLS, F. Principios de legislación y de codificación estractados de las obras del filósofo inglés Jeremías Bentham. Madrid: Imprenta de Tomás Jordán, 1834, p. 1. [3] ARMITAGE, D. “Globalizing Jeremy Bentham”. En: History of Political Thought, 2011, vol. 32, nº 1, p. 69. [4] ESCAMILLA CASTILLO; M. Bentham. Barcelona: RBA, 2015, p. 110. [5] HERRERO Y RUBIO; A. Derecho Internacional Público (8ª ed.). Valladolid: Andrés Martín, 1989, p. 7. [6] PITTS, J. “Legislator of the World? A Rereading of Bentham on Colonies”. En: Political Theory, 2003, vol. 31, nº 2, p. 212. [7] VALLE, R. H. “Cartas de Bentham a José del Valle”. En: Cuadernos Americanos, 1942, vol. 4, p. 31.

lunes, 1 de agosto de 2022

La Real Cédula de 29 de diciembre de 1593 que castigó con severidad las injurias a los indios

Al investigar la excepcional naturaleza de la institución de la esclavitud indígena, el profesor chileno Andrades Rivas se refiere a esta Real Cédula [En el Antiguo Régimen, disposición de gobierno dictada por el rey con intervención de su consejo (DPEJ)], afirmando que: (…) en  tiempos  de  don  Felipe  II  se  dictó  la  conocida  ley  sobre  castigo a los españoles que abusaran de los Indios, contenida en la Ley XXI, Título X, Libro VI de la Recopilación de Leyes de los reynos de las Indias:Se trata de una Real Cédula de 1593, dirigida al Virrey del Perú (Presidente  de  la  Real  Audiencia)  don  García  Hurtado  de  Mendoza,  marqués  de  Cañete [1535-1609], y a los oidores de la misma, que tenían su sede en Lima. En el texto el Rey explicaba que había sido informado que en la jurisdicción del virreinato no se castigaba a los españoles que cometían delitos en contra de los indígenas  con  la  misma  severidad  con  que  se  castigaban  los  delitos  cometidos  en  contra de otros españoles. Tenía presente que se habían cometido incontables delitos en contra de los indios y que no se tenía conocimiento de que en ninguno de estos casos se hubiese condenado a un español por ello. Siendo esta situación muy perniciosa para la administración de una verdadera justicia, y que no debía permitirse que ante las penas o castigos se hicieran distinciones arbitrarias  entre  indios  y  españoles.  Es  más,  siendo  los  indios  gente  “miserable” (categoría inspirada en el derecho romano, que designaba a personas desvalidas) y con menos medios para defenderse, el Rey Prudente ordenaba a sus jueces de la Audiencia que castigaran con mayor severidad a los españoles que injuriaren, ofendieren o maltrataren a los indios. Es decir, el castigo debía ser mayor que si el delito se cometía contra españoles [1].

En ese mismo sentido, mi antiguo profesor de Derecho Romano en la UVa, Francisco Cuena, al estudiar la obra del jurista Diego de Avendaño, también se refiere a esta cédula de Felipe II que ordenaba castigar a los españoles culpables de injurias contra los indios con más rigor que si fuesen ellos víctimas del delito. En su opinión, se trata (…) de un tema de orden jurídico-penal que prima facie parece presentarse bajo el aspecto modernísimo de la discriminación llamada positiva. En el caso que nos ocupa, el telón de fondo de tal privilegio se encuentra en la condición jurídica de personas miserables en la que los indígenas quedaron inscritos (y recluidos) durante la colonia con el bondadoso designio de favorecerlos y ampararlos. Y cita un ejemplo de su aplicación, recordado por el oidor de la Audiencia de Lima Juan de Solórzano Pereira (1575 - 1655) y el obispo de Quito Alonso de la Peña Montenegro (1596-1687): (…) a saber, que el gobernador del Cuzco don Gabriel Paniagua de Loaysa mandó cortar la mano a un español que en su presencia había dado una bofetada a un cacique. Ambos escritores subrayan que el castigo se impuso de conformidad con la disposición real y en ejecución de la misma; pero el primero alaba tanto la firmeza del gobernador –su suegro, por otro lado– que nos hace sospechar el carácter excepcional del caso, subrayado ya por el hecho de que el cacique hubiera sido agredido en presencia del propio don Gabriel; todo ello hubo de suceder, además, durante la segunda gobernación de éste en Cuzco, que cae hacia 1596, y por tanto, probablemente, a no mucha distancia de la promulgación de la norma. Pero ni siquiera es necesario sospechar nada: un poco más adelante, el propio Solórzano señala que la cédula se respetaba poco y se aplicaba mal, de ahí la necesidad de seguir insistiendo en la necesidad de cumplirla tanto tiempo después de haber sido promulgada [2].

Por último, la real cédula dictada en Madrid el 29 de diciembre de 1593 indicaba que eran frecuentes los delitos que los españoles perpetraban contra los indios, aunque no los castigaban con el mismo rigor con el que se sancionaban los mismos delitos cometidos contra los españoles [3]. Si bien la real cédula ordenaba que el español que “injuriare, ofendiere o maltratare a los Indios” debía ser castigado con mucho rigor, De la Peña Montenegro basándose en la obra de Solórzano Pereyra “De Indiarum Iure”, exacerbaba la gravedad de los agravios cometidos contra los indios en comparación a los perpetrados contra los españoles. El consenso de los autores para considerar a los indios como potenciales injuriados y, por tanto, poseedores de honra, constituye una de las adaptaciones más notables del concepto hispano de honor a la realidad americana [4].

Citas: [1] En: ANDRADES RIVAS, E. “Notas sobre la conquista de Chile, el Derecho Indiano y la esclavitud de los indígenas”. En: Actas del XIX Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano (Berlín, 2016). Madrid: Dykinson, 2017, pp. 909 y 910. [2] CUENA BOY, F. “El castigo de las injurias causadas a los indios. Una página característica de Diego de Avendaño”. En: Cuadernos de Historia del Derecho, 2012, nº 19, pp. 9 a 11. [3] ARIAS TRUJILLO, R. & PURCELL, F. Trascendiendo fronteras: Circulaciones y espacialidades en torno al mundo americano. Bogotá: Universidad de los Andes. 2020, p. 194. [4] UNDURRAGA SCHÜLER, V. “Injuriantes”. En: Max Planck Institute for European Legal History, 2019, nº 22, pp. 7 y 8.

Pinacografía: Sofonisba Anguissola | Retrato de Felipe II de España (1565).

viernes, 29 de julio de 2022

Biotipologías (III): Ernst Kretschmer y la escuela alemana

Tras la escuela morfológica francesa y la escuela constitucionalista italiana, continuamos, ahora en Alemania, con el repaso de las corrientes doctrinales que trataron de aplicar los conocimientos biotipológicos para diferenciar entre distintos tipos de personas y analizar sus posibles implicaciones criminológicas. Con su habitual fina ironía, el magistrado argentino Raúl Zaffaroni se refiere de esta forma tan singular al grupo de autores germanos encabezados por el Dr. Kretschmer: (…) Hubo varias clasificaciones biotipológicas, pero la más difundida fue la alemana de Ernst Kretschmer, que en su libro (bajo el impresionante título de “Körperbau und Charakter”) establecía cinco biotipos: leptosomático, atlético, pícnico, displásico y mixto. En cualquier esquina de Buenos Aires se conocen con otro nombre: flaco, marcado, gordo, urso [oso] y yeti. Las profundas consecuencias criminológicas indican que los flacos suelen ser ladrones; los atléticos, homicidas; y los gordos, estafadores; los otros dos no se sabe bien. Creo que nadie imagina a un obeso arrebatador ni escurriéndose por una estrecha ventana [1].

El mencionado Ernst Kretschmer nació el 8 de octubre de 1888 en Wüstenrot, una localidad de Baden-Württemberg cercana a su capital: Stuttgart. Tras estudiar las carreras de Filosofía y Medicina en la Universidad de Tubinga, especializándose en Psiquiatría, sirvió como médico castrense durante la I Guerra Mundial, se casó con Marie Luise Elisabeth Pregizer –tuvieron cuatro hijos– y, de regresó a esta ciudad universitaria, comenzó a impartir clases y a escribir sus primeros libros en los que desarrolló su teoría de que ciertos trastornos mentales resultaban más habituales entre personas con unos tipos físicos específicos. En ese sentido, su obra cumbre fue la mencionada “Constitución y carácter” (1921), la del impresionante título al que se refería Zaffaroni. Aquella misma década se trasladó a dirigir la Clínica Psiquiátrica y Neurológica de la Universidad de Marburgo y, a diferencia de otros colegas de profesión, permaneció en su puesto durante el auge del nazismo. Tras la II Guerra Mundial se reincorporó al claustro de profesores de Tubinga donde falleció el 8 de febrero de 1964.


La Dra. Quintanilla Madero pone especial énfasis en que este autor trabajó en diversos hospitales psiquiátricos en el sur de Alemania. Esta labor le permitió estar en contacto con muchos enfermos mentales. Estudió y observó un gran número de pacientes (varones especialmente) y se dio cuenta que, dependiendo del tipo de enfermedad psiquiátrica que padecían los pacientes presentaban predominantemente un tipo morfológico u otro, es decir, una configuración corporal diferente. Pensaba que tanto la forma corporal como los tipos de personalidad o estados mentales eran producidos por secreciones hormonales. Sus observaciones le llevaron a determinar la posible relación entre constitución y carácter, pero por haber realizado estos estudios sobre todo en pacientes psiquiátricos, sus conclusiones relacionan determinados tipos constitucionales con enfermedades psiquiátricas [2].

El criminólogo mexicano Rodríguez Manzanera describe las señas de identidad de los cinco tipos biológicos ideados por Kretschmer, al que no duda en calificar como el más grande representante de la Biotipología Alemana [3]: 

  1. Tipo Leptosoma: (…) sus características son: cuerpo largo, delgado, cabeza pequeña, nariz putiaguda, poca grasa, cuello alargado. Su representación geométrica es una línea vertical. La exageración del tipo se denomina "asténico".
  2. Tipo Atlético: Gran desarrollo del esqueleto, de la musculatura y de la epidermis, tórax y cabeza grande. Digamos que coincide con una pirámide invertida.
  3. Tipo Pícnico: Fuerte desarrollo de las cavidades viscerales, abdomen prominente, tendencia a la obesidad y aspecto flácido, cabeza redonda, ancha y pesada, extremidades cortas. Su representación es circular.
  4. Tipo Displástico: Se trata de sujetos que no entran en ninguno de los grupos mencionados anteriormente; generalmente carentes de armonía, con características muy exageradas. Krestschmer habla de 3 subdivisiones básicas: gigantismo, obesidad e infantilismo cunocoide.
  5. Tipo Mixto: Son los más frecuentes y provienen de combinaciones de los otros tipos producidos por la herencia. Es difícil encontrar los tipos "puros", y lo importante de esto es que la coincidencia de las características físicas con las psicológicas no pueden ser exactas [3]. Este quinto biotipo –una suerte de “cajón de sastre”– fue una de sus aportaciones más novedosas porque sorteó de este modo las habituales críticas a las clasificaciones de las escuelas francesa e italiana de que habían creado compartimentos estancos donde resultaba difícil encuadrar en puridad a cualquier persona.

A continuación, el psiquiatra alemán realizó una segunda clasificación apoyándose en el aspecto biológico y reduciendo aspectos psicológicos [3]: de modo que pudo afirmar que los individuos de tipo esquizotímico eran de constitución leptosomática; los ciclotímicos, pícnicos; y los viscosos, atléticos; es decir, enfoca el constitucionalismo solamente desde el punto de vista de las correlaciones entre hábito corpóreo y carácter psíquico [4].

En cuanto a la relación entre los biotipos y la criminalidad, Kretschmer concluyó que: los pícnicos representan el menor número dentro de la totalidad de la criminalidad, siendo además los de menor reincidencia y mayor adaptabilidad. Son pasionales u ocasionales, raramente habituales. Los leptosomáticos, para Kretschmer siguen a los atléticos en criminalidad, pero su participación criminal es menor que la de los atléticos. Son difíciles al tratamiento y fáciles a la reincidencia. Abundan entre ellos ladrones y estafadores. Los atléticos serían para Kretschmer los tipos con mayor inclinación criminal, principalmente de carácter violento. Son sujetos explosivos y en ocasiones cínicos [3].

El planteamiento moderado del Dr. Kretschmer nunca tuvo pretensiones etiológicas; es decir, se limitó a vincular el carácter y los rasgos temperamentales de sus pacientes que padecían un trastorno mental con determinadas constituciones somáticas pero nunca pretendió explicar las causas de esa afinidad. Simplemente, mostró los datos que había obtenido de forma estadística en su trabajo. Y, como sucedió en las otras dos escuelas, francesa e italiana, sus estudios tampoco contaron con un grupo de control para comparar los resultados con los obtenidos en su grupo experimental, de modo que las conclusiones no se podrían extrapolar al resto de la sociedad.

Además del Dr. Kretschmer, en la Escuela Alemana destacaron otros autores que o bien ejercían la Psiquiatría o desempeñaban la Medicina en establecimientos penitenciarios [5]; entre otros, podemos mencionar a los doctores Martin Riedl (1863-1960), Theodor Viernstein (1878-1949), Friedrich von Rohden (1886-1960), Rudolf Michel (1892-1945) y Kurt Böhmer (1895-1959).

En sus estudios de campo, llevados a cabo en prisiones de Baviera y Austria, llegaron a la conclusión, según la profesora Marina Giampietro, de que: (…) un porcentaje significativo de delincuentes, respectivamente 59% y 80%, parecen pertenecer a la tipología temperamental esquizotímica, ligada a una constitución leptosómica; encontrando que entre los delincuentes comunes, estafadores y hurtadores habituales, predominaba el temperamento esquizotímico. El sujeto pícnico parecía ser el biotipo menos frecuente entre los delincuentes, refiriéndose a un tipo temperamental más sociable y menos inquieto. Los individuos de constitución leptosomática ligados a un temperamento esquizotímico, caracterizados por el egoísmo, la susceptibilidad, la enemistad hacia los demás hombres, estaban por lo tanto más inclinados a la acción delictiva [6].

Citas: [1] ZAFFARONI, E. R. La cuestión criminal. Buenos Aires: Planeta, 2012, p 116. [2] QUINTANILLA MADERO; B. Personalidad madura: temperamento y carácter. Ciudad de México: Publicaciones Cruz O., 2003, p. 18. [3] RODRÍGUEZ MANZANERA, L. Criminología. Ciudad de México: Porrúa, 2ª ed., 1981, pp. 289 y 290. [4] VILLANUEVA SAGRADO, Mª. Manual de técnicas somatotipológicas. Ciudad de México: UNAM, 1991, p. 17. [5] WETZELL, R. F. Inventing the Criminal: A History of German Criminology, 1880-1945. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2000, p. 144. [6] GIAMPIETRO, M. Agostino Gemelli Psicólogo. Gli studi sulla personalità. Milán: EDUCatt, 2020, p. 62.

miércoles, 27 de julio de 2022

El sistema monetario de Yap y el «blockchain»

Como ya tuvimos ocasión de comentar en otra entrada de este blog, en el ocaso del Imperio Español –aquel donde nunca se ponía el sol– el [martes y] 13 de junio de 1899, la Gaceta de Madrid, precedente histórico del BOE, publicó el Real Decreto autorizando al Ministro de Estado para presentar á las Cortes un proyecto de ley concediendo autorización al Gobierno para ceder á Alemania unas islas del Océano Pacífico; como consecuencia, el día 24 de aquel mismo mes se decretó la Ley por la que ambos países firmaron el Tratado cediendo al Imperio alemán los Archipiélagos de Carolinas, Palaos y Marianas, excepto la isla de Guam; a cambio, Alemania indemnizó la cesión de aquellos territorios pagando a España la suma de 25 millones de pesetas que pusieron fin a la historia de la desconocida Micronesia española. Una de aquellas islas de las Carolinas que las autoridades de Madrid vendieron a Berlín fue Yap (también llamada, Uap) que, tras la I Guerra Mundial, pasó a ser japonesa y, en la actualidad, forma parte de los Estados Federados de Micronesia.

En ese contexto, el profesor Jorge Pérez Ramírez nos pone en antecedentes del singular sistema monetario de los isleños en este documentado fragmento de su libro El cuento del dinero y los bancos como no te lo habían contado antes: (…) en 1903, el antropólogo William Henry Furness [1866-1920] pasó varios meses en la isla de Yap, impresionado por lo intacta que se encontraba y que para su sorpresa albergaba una sociedad compleja, con castas y clubs de fraternidades, que junto con los ritos culturales describiría en un libro [The Island Of Stone Money. Uap Of The Carolines (Filadelfia: J. B. Lippincott Company, 1910)]. Pero, sin duda, uno de los descubrimientos más impactante para Furness fue el sistema monetario de la isla. La isla carecía absolutamente de metales y, si bien había abundancia de conchas, frutos, huesos y dientes de animales, parece que los habitantes de Yap intuitivamente debieron concluir que un sistema monetario basado en objetos comunes carecía de la estabilidad necesaria. Era preciso hallar un material que poseyera auténtico valor intrínseco. El mercado de bienes de la isla era muy limitado y se concentraba en tres productos: el pescado, los cocos y los pepinos de mar. Apenas había agricultura o artesanía y los cerdos eran los únicos animales domesticados. Como era una economía muy simple y sin apenas contactos con el exterior, lo natural hubiera sido encontrar un sistema de trueque, o incluso dada la escasa población de la isla y que la comida, bebida y ropa crecían en los árboles, hasta el sistema de trueque podía ser demasiado sofisticado. Los nativos de Yap eligieron como base monetaria un producto situado en otra isla, a unas cuatrocientas millas, una gran distancia de donde había que extraer, dar forma y luego transportar, lo que sin duda implicaba un considerable esfuerzo. Los habitantes de Yap carecían de lenguaje escrito, de modo que el sistema monetario diseñado era puramente verbal, pero respetado tan fielmente como si fuese un largo documento redactado por un regimiento de abogados.


El libro de Furness se publicó en 1910; un año después, el etnólogo estadounidense William Churchill [1859-1920] sobre la base del trabajo de Furness subrayó las similitudes y diferencias de los nativos de Yap frente a los de otras islas de la Polinesia. Algunos años después, un jemplar de la obra de Furness acabó en la Real Sociedad Económica de Gran Bretaña y sus editores encargaron una reseña de la obra a un joven economista recién trasladado del servicio de guerra: John Maynard Keynes [1883-1946]. El hombre, cuyas ideas económicas revolucionarían la forma de entender el dinero y las finanzas internacionales, quedó maravillado al leer la obra de Furness y acabó publicando la siguiente reseña de su obra:


La isla de Yap es la más occidental de todas las del archipiélago cuya población es de entre 5.000 y 6.000 habitantes. El doctor William Henry Furness, en su trabajo «La isla del dinero de piedra» de 1910, nos da cuenta de la moneda. No habiendo metales en la isla, tuvieron que recurrir a las piedras; cómo y con qué resultados se extrae directamente del texto del Dr. Furness: 
«Como no hay yacimientos de metales en la isla, tuvieron que recurrir a la piedra, esa piedra, debidamente labrada y conformada, viene a ser allí una representación tan auténtica del trabajo humano como el dinero de la civilización, hecho de metal extraído de las minas y acuñado.

A su medio de cambio lo llaman “fei”, y consiste en unas ruedas grandes, gruesas y macizas, en cuyo centro hay un agujero, de distinto tamaño según el diámetro de la rueda, que permite la inserción de un palo suficientemente largo y grueso como para soportar el peso de aquella y facilitar su transporte. Estas “monedas” de piedra se hacen de una caliza que se encuentra en Baberthuap, una de las islas Carolinas, a unas cuatrocientas millas de distancia, que es donde están las canteras, para transportarlas luego a Yap, una vez labradas, en las canoas y las balsas de algunos osados navegantes nativos, y con las piedras seguras en tierra, estos navegantes nativos de alguna forma se convierten en especuladores, e inducen a los demás nativos de la isla a creer que estas nuevas piedras son las más deseables. Por supuesto, cuanto más grande es la piedra, mayor es su valor, pero no es solo el tamaño lo que se aprecia; la piedra caliza de la que se compone el “fei” para que sea de mayor valor debe ser blanca y de grano fino; es esencial que un “fei” sea de esta variedad y calidad particular de piedra caliza.


Una característica notable de este dinero de piedra es que no tiene por qué hallarse necesariamente en poder de su propietario. Cuando se realiza una operación cuyo precio implicaría tener que mover una cantidad excesiva de “fei”, el nuevo dueño de estos se contenta con la mera declaración formal de cesión y, sin molestarse siquiera en marcar las monedas, estas quedan en el recinto de su antiguo propietario (…) [1].

¿Por qué se vincula esta singular historia de nuestras antípodas con la actual tecnología del «blockchain»? En la lección 5 del Curso El abogado del futuro: Legaltech y la transformación digital del Derecho [2] el emprendedor argentino Federico Ast lo relaciona de un modo muy didáctico: (…) A la hora de explicar el "blockchain", muchos empiezan por introducir conceptos de criptografía e ingeniería de redes, pero yo tengo un plan mucho más divertido. Les propongo un viaje a las paradisíacas playas del Pacífico Sur. En una de las islas de la Micronesia vive la tribu de los yap que tiene un curioso sistema monetario. En lugar de monedas y billetes, su dinero son las piedras rai. Son unas piedras con un agujero en el centro que miden hasta dos metros de alto y pesan hasta 4.000 kilos. Como son difíciles de mover, los yap descubrieron que es más práctico dejarlas siempre en el mismo lugar. Para hacer intercambios decidieron crear un registro que les permita saber quién es el dueño de cada piedra. Ahora bien, ¿cómo desarrollar este registro?


Una posibilidad es delegar la responsabilidad en un yap honesto y de excelente memoria. Alguien que no vaya a olvidar quién es el dueño de cada piedra ni alterar los datos en beneficio propio. Pero, claro, ¿cómo están seguros de que esto no va a ocurrir? En lugar de centralizar la tarea en un único agente, los yap crearon una base de datos distribuida entre los miembros de toda la tribu. Cada Yap sabe de memoria a quién pertenece cada piedra, sabe quién la talló y todas las manos por las que pasó hasta el presente. Imaginemos que Bob vende una gallina a Alice. Acuerdan que ella pagará con la piedra que se encuentra al oeste de la playa. Reúnen a toda la tribu y anuncian, "la piedra al oeste de la playa se transfiere de Alice a Bob". Tras el anuncio, cada yap revisa en su base de datos mental, la piedra al oeste de la playa, ¿es realmente de Alice? Si el consenso de la tribu dice que la piedra pertenece a Alice, entonces la transacción es aprobada y todos los yaps actualizan su registro mental. La nueva versión de la base de datos ahora indica que la piedra al oeste de la playa pertenece a Bob. Si Alice quisiera volver a gastarla, cuando lo anuncie públicamente, la comunidad no aceptará la transacción. Esa piedra ya no le pertenece. La combinación entre un registro compartido y la realización de las transacciones en público permite a los yap mantener un sistema monetario sin un registro centralizado. En el fondo, el "blockchain" reproduce la lógica del sistema monetario de los yap [2].


En ese mismo sentido, el profesor Ismael Santiago Moreno nos recuerda que: La innovación de Satoshi Nakamoto con su cadena de bloques consistió en desarrollar un método basado en la criptografía y las matemáticas para que una red de ordenadores anónima pudiera llegar a un consenso único sobre una base de datos compartida, igual que el ejemplo de la tribu de los yap [3].


Citas: [1] PÉREZ RAMÍREZ, J. El cuento del dinero y los bancos como no te lo habían contado antes. Madrid: Marcial Pons, 2021, pp. 18 a 20. [2] AST, F. Curso El Abogado del Futuro: Legaltech y la Transformación Digital del Derecho. Buenos Aires: Universidad Austral, 2022. [3] SANTIAGO MORENO, I. Introducción al blockchain y criptomonedas en 100 preguntas. Madrid. Nowtilus, 2021.

lunes, 25 de julio de 2022

El bulo del «Código de Calantiao» que nunca existió

En 1916, el historiador y periodista hispanofilipino Manuel Artigas y Cuerva (1866-1925) publicó en la Imprenta "La Pilarica", de Manila, su libro Historia de Filipinas para uso de los alumnos del Instituto Burgos y de otros colegios particulares. Con esta modesta obra, según sus propias palabras, el autor pretendía dar una verdadera idea de la Historia de Filipinas, separándose así de la costumbre hasta ahora seguida, de colocar como texto en las escuelas, trabajos de índole tan especial, que apenas permiten á los alumnos formar concepto cabal de las cosas; asimismo, Artigas quiso que el elemento nativo ocupase el puesto que merece en la Historia de Filipinas, dando así la razón a lo que las circunstancias exigen, y para evitar que de aquí en adelante continúe la preterición [omisión] de que ha sido objeto, siempre que de nuestras cosas se ha tratado.

Partiendo de esos objetivos, Artigas retomó los trabajos e informes prehispánicos del sacerdote José Mª Pavón –al que más tarde volveremos a referirnos– para asegurar que, antes de la llegada de los españoles a las islas [recordemos que Fernando de Magallanes murió en Cebú en 1521 y que la posterior colonización conllevó más de tres siglos de presencia española, entre 1565 y 1898, cuando Filipinas pasó a manos estadounidenses] los habitantes de este archipiélago del Sudeste asiático ya contaban con su propio sistema legal, una unidad legislativa que iba más allá de mantener las tradiciones y costumbres de los antiguos. En concreto, afirma que: Existían, pues, leyes escritas y procedimientos más ó menos análogos a los que hasta nosotros han llegado, y sin embargo, la mayor parte de los escritores, habían negado la existencia de la ley escrita, hoy de indudable veracidad, por haberse conocido el Código del Regulo Kalantiaw III, en vigor desde 1483 ó acaso desde antes de esa fecha, y que dice así [sic]: 1ª No matereis, ni robareis, ni lastimeis a viejos sin ser vuestra vida corrida peligro de muerte. Todos los que esto infringieran, á morir ahogados con piedra en río ó agua hirviendo. 2ª Cumplireis que todas vuestras deudas con principales sean muy bien pagadas. El que no cumpliere, por primera vez, cien azotes. Si es mucha la deuda, meter tres veces la mano en agua hirviendo. Por segunda vez, morir á palos. (…) hasta la 18ª: Los que no hagan obedecer estas reglas, si son principales, serán muertos á pedradas y machacados, y si son agurangs [jefes, líderes], puestos en ríos para ser comidos de tiburones y caimanes.


Según esta fuente, el denominado «Kalantiaw Code» o «Código de Calantiao» habría sido promulgado en el siglo XV por un rajah de la ciudad de Aclán, en la isla filipina de Panay [actual región de las Bisayas Occidentales] llamado Bendara Kalantiaw. El historiador Manuel Artigas y Cuerva da por cierta su historia basándose en un capítulo del libro Las antiguas leyendas de la Isla de Negros escrito, entre 1838 y 1839, por un párroco de la localidad de Himamaylan (Negros Occidental) Fray José Pavón [en otras ocasiones: José María Aranguru Pavón]. Los dos volúmenes de su manuscrito original fueron robados de la parroquia y acabaron en manos del anticuario y coleccionista José E. Marco que se lo entregó al Dr. James Robertson, Director de la Philippine Library and Museum, en 1914.

A partir de ese momento, diversas traducciones en Filipinas y Estados Unidos popularizaron el bulo de este código legal del que nadie llegó a cuestionarse nunca su veracidad hasta que el historiador William Henry Scott (1921-1993) desmontó el fraude en la defensa de su tesis doctoral, el 16 de junio de 1968, en la University of Santo Tomas, de Manila, ante un panel de eminentes historiadores filipinos como Teodoro Agoncillo, Horacio de la Costa, Marcelino Foronda, Mercedes Grau Santamaria, Nicholas Zafra y Gregorio Zaide [1].

La historiadora Maria Christine N. Halili ha resumido las cuatro conclusiones con las que Scott argumentó que el «Code of Kalantiaw» era falso:

  1. No hay prueba de que el Padre Pavón, presunto autor del manuscrito, estuviera alguna vez en Filipinas en 1838, o que fuera párroco de esa ciudad en 1839 (fechas del manuscrito). El descubridor del supuesto manuscrito,  José E. Marco, también estuvo involucrado en la venta de otros documentos históricos falsos. No hay evidencia histórica de la existencia de Datu Kalantiaw [el cacique Calantiao] o de un código con su nombre más allá de los documentos presentados por José Marco.
  2. El contenido del manuscrito es de dudoso valor; por ejemplo, el autor reza por la conservación del Rey de España en 1838 y le dedica un libro en 1839 [pero en aquellos años reinaba Isabel II]. 
  3. El autor también afirma que el mes de noviembre fue llamado mes malo porque traía aire cargado de microbios putrefactos de fiebres malignas; sin embargo, no fue hasta la década de 1850 cuando Louis Pasteur descubrió la teoría de los gérmenes infecciosos. La palabra "microbio" en sí fue inventada por el Dr. Charles Emmanuel Sedillot. Propuso el término por primera vez en una conferencia ante la Academia de Ciencias en 1878.
  4. El Código Kalantiaw contiene muchos edictos extraños que contradicen el carácter del pueblo filipino. Por ejemplo, el código prescribía la pena de muerte por el delito de allanamiento de morada del datu, pero imponía sólo un año de esclavitud por robarle a su esposa [2].

Monumento al Código de Calantiao en Aclán (Filipinas)

A pesar de las evidencias, durante el gobierno de Ferdinand E. Marcos, el Decreto Presidencial nº 105, de 24 de enero de 1973, declaró a la ciudad de Aclán santuario nacional porque allí fue promulgado el “Code of Kalantiyaw” en 1433 y castigó con al menos 10 años de reclusión y una multa no inferior a 10.000 pesos a quien perturbara ese lugar santificado (es decir, que cuestionara la veracidad de aquel “instrumento jurídico”).

Tuvieron que transcurrir tres décadas para que aquellas inventadas dieciocho órdenes que castigaban de modo adecuado determinadas transgresiones morales y sociales fueran declaradas, oficialmente, sin base histórica válida por la Resolución nº 12 del National Historical Institute (actual National Historical Commission of the Philippines) en 2004: Declaring that Code of Kalantiao has no valid historical basis.

Como recuerda la profesora Maureen Cristin S. Justiniano, el propio Scott llegó a decir que: (…) en el momento en que me retiré de la enseñanza de la historia de Filipinas en 1982, los estudiantes de primer año todavía ingresaban en la Universidad convencidos de que Kalantiaw era una figura histórica real y que promulgó un código penal filipino genuino en 1433. Me pregunto si mis sucesores todavía comparten su aulas con este fantasma filipino y el código legal que nunca existió [1].

Citas: [1] JUSTINIANO, M. C. S. “Jose E. Marco’s Kalantiaw Code: Implications for Philippine Historiography and Filipinos’ Historical Consciousness”. En: Explorations, 2011, nº 11, p. 20. [2] HALILI, M. C. N. Philippine History. Manila: RBS, 2004, pp. 10 y 11.

viernes, 22 de julio de 2022

La Constitución de Sicilia de 1812

Hoy en día, el Art. 116 de la Constitución Italiana de 22 de diciembre de 1947 dispone que cinco de sus veinte regiones [Friul-Venecia Julia, Cerdeña, Sicilia, Trentino-Alto Adigio/Tirol del Sur y el Valle de Aosta] se atribuyen formas y condiciones particulares de autonomía (…) según sus respectivos estatutos aprobados con leyes constitucionales [1]. En el caso particular de Sicilia, el desarrollo legal de ese precepto constitucional llegó mediante la aprobación de la Conversione in legge costituzionale dello Statuto della Regione Siciliana [Ley constitucional 2/1948, de 26 de febrero]. Dicho Estatuto había sido adoptado dos años antes por el Decreto Legislativo nº 455 de 15 de mayo de 1946. Su Art. 1 establece que: La Sicilia, con le isole Eolie, Egadi, Pelagie, Ustica e Pantelleria, è costituita in Regione autonoma, fornita di personalità giuridica, entro l’unità politica dello Stato Italiano, sulla base dei principi democratici che ispirano la vita della Nazione. La città di Palermo è il capoluogo della Regione. A continuación, el Art. 2 enumera los órganos de esta región autónoma: l'Assemblea, la Giunta e il Presidente della Regione. Il Presidente della Regione e la Giunta costituiscono il Governo della Regione.

Italia, como ya hemos tenido ocasión de comentar en otras entradas de este blog –por ejemplo, al referirnos al Estatuto Albertino– se reunificó en 1861 bajo el reinado de Víctor Manuel II. Hasta entonces, la actual República estaba conformada por un crisol de territorios bajo influencia de potencias extranjeras. Al Sur de la Península, a finales del siglo XVIII, las tropas francesas ocuparon Nápoles y su monarca, el rey Fernando I de las Dos Sicilias [III de Sicilia y IV de Nápoles (1777-1830)] tuvo que huir de la capital napolitana para refugiarse en Palermo, bajo la protección del comandante británico Lord William Bentinck (1774-1839). El nuevo gobierno de barones sicilianos, ya bajo la regencia de Francisco I de las Dos Sicilias, hijo de Fernando, encargó el proyecto al abate Paolo Bàlsamo (1764-1816) para que redactara la primera ley fundamental de ese Reino insular. El Parlamento Siciliano la debatió y aprobó en una sesión extraordinaria, celebrada en su sede histórica del Palacio Real, el 19 de julio de 1812.


Años más tarde, en su libro Sulla istoria moderna del regno di Sicilia: memorie segrete –publicado de forma póstuma en 1848– el abad escribió que el fundamento de aquella Constitución era mantener las antiguas leyes y costumbres del país pero dejándose guiar por la experiencia del contitucionalismo inglés y su continuado éxito durante siglos, en lugar de las recientes normas adoptadas en Francia o España, a las que consideraba "troppo democratiche e perciò tendenti all'anarchia"; es decir, demasiado democráticas y por lo tanto tendentes a la anarquía [2]. Por alusiones, recordemos que la Constitución Política de la Monarquía Española, conocida popularmente como La Pepa, fue proclamada apenas cuatro meses antes, el 19 de marzo de 1812.

El profesor Grimaldi considera que: (…) la intención del gobierno británico era exportar un modelo constitucional liberal y una descentralización administrativa al estilo anglosajón frente a la expansión del modelo "democrático-burgués" napoleónico. (…) respondía a las aspiraciones autonomistas sicilianas del reino de Nápoles (autonomía administrativa), pero también a las necesidades económicas y sociales intereses de los aristócratas de la isla y los intereses comerciales de los británicos [3].

Aquel texto, más parecido a un reglamento que a una ley orgánica, por sus excesivos y complicados detalles, tenía el mérito de ser muy liberal sin violentas proclamas democráticas, como ironiza el profesor italiano Vittorio Scotti Douglas [4]. Y añade: En efecto, en su artículo primero, la Constitución reservaba al Parlamento, compuesto por una Cámara alta de Pares y por una baja de los Comunes, el poder de hacer, interpretar, modificar y abrogar las leyes. Concediendo al monarca, únicamente, el poder de sancionarlas con las fórmulas placet o veto. La Cámara de los Pares era para los nobles o para quien gozase de una altísima renta inmobiliaria. El hecho [de] que la Constitución siciliana fuera, de alguna manera, el texto escrito de un modelo inglés, hizo que algunos patriotas moderados, como Santorre de Santarosa, a quien no gustaba —por razones opuestas— ni la Constitución francesa ni la de Cádiz, hubieran preferido el texto siciliano, pero modificado y escamondado del excesivo aparato reglamentario [4].

Como sucedió con su coetánea La Pepa, la Constitución de Sicilia de 1812 sufrió los vaivenes políticos de su tiempo y fue derogada de facto en 1816, bajo la Legge fondamentale del Regno delle Due Sicilie; reinstaurada por un motín en 1820 y, en parte, retomada por la nueva Constitución de 1848 que se aprobó para sofocar la rivoluzione siciliana

Citas: [1] GÓMEZ ORFANEL, G. Las constituciones de los estados de la Unión Europea. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1996, p. 438. [2] BALSAMO, P. Sulla istoria moderna del regno di Sicilia: memorie segrete. Palermo, 1848, p. 54. [3] GRIMALDI, A. “La Costituzione siciliana del 1812 “. En: Revista de Derecho, Universidad del Norte, 2017, nº 48, pp. 210 a 212. [4] DOUGLAS, V. S. “La guerra de guerrilla y la Constitución de Cádiz. Dos hitos modélicos para el Risorgimento italiano”. En: AA.VV. Sombras de Mayo: Mitos y memorias de la Guerra de la Independencia en España (1808-1908). Madrid: Casa de Velázquez, 2007, pp. 402 y 403.

miércoles, 20 de julio de 2022

El fracaso de la Comunidad Política Europea (CPE)

Hace más de un año hablamos en este mismo blog del fracaso del Tratado de la Comunidad Europea de Defensa (CED) de 1952 que debería haberse ratificado por los seis Estados miembros (Alemania, Francia, Italia, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo) que, un año antes, habían establecido la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). En ese mismo contexto, el otro gran fracaso europeísta de los años 50 fue la denominada Comunidad Política Europea (CPE). El Diccionario Panhispánico del Español Jurídico la define así: Proyecto frustrado presentado por Alcide de Gasperi en 1953 con objeto de profundizar el proceso de integración europea, ya iniciado con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en 1952, mediante la creación de una nueva comunidad europea dotada de competencias más generales y de mayor contenido político. Su presentación y fracaso está íntimamente vinculado al proyecto de creación de una comunidad europea de defensa.

En ese mismo sentido se ha expresado el profesor Gil Pecharromán: Directamente relacionado con el fracaso de la CED —de hecho, fue una de las causas de ese fracaso—estuvo el de la Comunidad Política Europea (CPE), Monnet y Schuman planteaban, más allá de la iniciativa económica de la CECA, una opción federalista a largo plazo, que requería de la actuación de una organización supranacional de carácter político, con la capacidad ejecutiva y legislativa que los gobiernos habían escamoteado al Consejo de Europa. En marzo de 1952, este aprobó una resolución para vincular las actuaciones de esta CPE a las militares de la CED y a las económicas de la CECA, mediante una autoridad supranacional común, lo que, de haberse llevado a cabo, hubiese constituido un antecedente de la actual Unión Europea. Y el Tratado fundacional de la Comunidad del Carbón y del Acero iba aún más allá, a propuesta del italiano Alcide de Gasperi, al abrir la puerta a la futura integración de los sistemas políticos de los Seis bajo «una estructura federal o confederal» [1].

Este segundo naufragio en el proceso de construcción europea, siguiendo el símil del profesor Orozco Torres [2], tuvo su origen en una llamada «Asamblea ad hoc» compuesta por la Asamblea parlamentaria de la CECA y los seis Estados miembros adoptó en Estrasburgo el 10 de marzo de 1953 un «Proyecto de Tratado sobre Estatuto de la Comunidad Europea» (ECE). El catedrático Ruiz Miguel ha señalado al respecto que: Este proyecto preveía el establecimiento de una auténtica Comunidad Política Europea y tenía una clara inspiración federalista y contenía numerosas referencias a los derechos fundamentales. En el Preámbulo, los firmantes se mostraban «decididos a salvaguardar conjuntamente la dignidad, la libertad y la igualdad fundamental del hombre, cualquiera que sea su condición, raza o religión». En su articulado las referencias a los derechos son numerosas e importantes. Así, el art. 2 establecía entre los fines de la comunidad política europea el de «contribuir a la salvaguarda, en los Estados miembros, de los derechos humanos y de las libertades fundamentales». El art. 3 iba aún más lejos ya que establecía que «las disposiciones del Título I del Convenio para la salvaguardia de los derechos humanos y las libertades fundamentales firmado en Roma el 4 de noviembre de 1950, así como las de su protocolo adicional, firmado en París el 20 de marzo de 1952, son parte integrante del presente Estatuto».

Adviértase que lo que el ECE proponía era incorporar sólo la declaración de derechos del CEDH (Título I), pero no su mecanismo de garantía (Título II). De esta forma, aunque la Comunidad Europea asumía los derechos del CEDH elaborado por el Consejo de Europa, se mantenía al margen de su mecanismo de garantía (que entonces se componía de una Comisión Europea de Derechos Humanos y un Tribunal Europeo de Derechos Humanos). Una probable explicación para entender esta disposición es que el CEDH sólo podía ser ratificado por «Estados» y la Comunidad Europea no lo era. Por ello, la Comunidad podía incorporar el texto del CEDH como Derecho comunitario pero no podía ratificar el CEDH y, con ello, aceptar que el TEDH enjuiciase medidas de la Comunidad Europea. Sin embargo, pronto la realidad del nacionalismo político vino a enfrentarse a los sueños federalistas europeos. El día 30 de agosto de 1954, el Parlamento francés bajo la presión de gaullistas y comunistas rechazó ratificar el tratado de la CED, que ya había sido ratificado por los otros cinco Estados. El rechazo de la CED implicó la inmediata congelación del proyecto político de «Estatuto de la Comunidad Europea» [3].


Con los fracasos de la CED y la CPE –se fundamentó el rechazo francés, en la oposición a la transferencia de soberanía nacional y al temor de los franceses al rearme alemán [4]– (…) se optó por avanzar por la vía que estaba resultando altamente satisfactoria con la CECA: la vía económica [4] y, a finales de aquella década, los seis miembros de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero suscribieron otros dos nuevos acuerdos en Roma, el 25 de marzo de 1957: la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM).

Citas: [1] GIL PECHARROMÁN, J. Historia de la integración europea. Madrid: UNED, 2017 (2ª ed.). [2] OROZCO TORRES, L. E. La nueva política europea de vecindad: ¿De la paneuropa a la paraeuropa? Sevilla: Universidad de Sevilla, 2006, p. 31. [3] RUIZ MIGUEL, C. “Los derechos fundamentales en la encrucijada entre el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Tribunal de Justicia de la Unión”. En: Anuario Español de Derecho Internacional, 2018, vol. 34, pp. 646 y 647.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...