De aquellos años de capitalidad, en Perpiñán sobrevive el Palacio de los Reyes de Mallorca, o castrum regii perpiniani –si atendemos a la manera como se cita en documentos de época– alterado y transformado por los embates de su historia; no obstante algunas partes esenciales de la que tal vez fuera principal residencia de la corte mallorquina conservan su estructura original y todavía pueden evocar su momento de esplendor. Dado que los soberanos residieron de manera más continua en esta ciudad y que la administración real estuvo controlada por funcionarios del Rosellón, no es de extrañar que se hable, en términos genéricos, de la corte de Perpiñán para aludir a la Corona de Mallorca [1].
Por su parte, el historiador Jordi Ventura señala al respecto que: (…) El nuevo Estado, ello es obvio, estaba formado por una parte insular y por otra continental. La capitalidad del reino quedaba establecida en la villa de Perpiñán, cerca de la frontera con las tierras de dominio francés. En un castillo flanqueado por torres cuadradas fue donde se estableció la habitual permanencia de la Corte mallorquina, donde la nobleza del nuevo reino no se privó de crear el tono, con todos los refinamientos del lujo de la época. Tanto entonces como ahora, era indudable el carácter artificial del nuevo reino, que reunía bajo una frágil autoridad una serie de villas y de comarcas muy diversas y, para colmo, alejadas las unas de las otras [2].
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| Recreación del Palacio en el siglo XIV |
El «palais des rois de Majorque» es uno de los quince monumentos que -desde 2026- forman parte del «Patrimoine de la diplomatie»; una iniciativa del Ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, para reconocer aquellos lugares emblemáticos de Francia que han servido de escenario para eventos diplomáticos a lo largo de la historia.
En concreto, la residencia real mallorquina acogió en septiembre de 1415 la «Conferencia de Perpiñán» para intentar resolver el Cisma de Occidente cuando la autoridad pontificia de la Iglesia Católica se disputó entre los pontífices de Roma (Gregorio XII) y Aviñón (Benedicto XIII, el famoso Papa Luna de Peñíscola) -e incluso un tercero: Juan XXIII- y todos reclamaron ser legítimos poseedores de la dignidad papal. Como consecuencia de aquella reunión organizada en la capital mallorquina por el rey Fernando I de Aragón y el futuro emperador Segismundo del Sacro Imperio Romano Germánico, se acabó logrando que, en el Concilio de Constanza (1414-1418), se restaurase la unidad de la Iglesia en la figura del Papa Martín V.
Con la perspectiva que da el paso del tiempo, hoy se valora la magnitud de aquel evento de 1415, excepcional por el número y la importancia de las delegaciones de Castilla, Francia, Inglaterra, Escocia, Navarra, Saboya, Armañac y Foix, e innovador por sus métodos de trabajo, que anticiparon la diplomacia moderna: reuniones entre soberanos, trabajo de comisiones y negociaciones de expertos [3]. Fue una auténtica cumbre de líderes medievales.
Además del Palacio de los Reyes de Mallorca en Perpiñán, el listado del Patrimonio Diplomático francés también incluye otras dos inscripciones muy vinculadas con España:
• Por un lado, el castillo de Pau (Nueva Aquitania); donde el 21 de diciembre de 1559 descansó el séquito de Isabel de Valois en su viaje a Madrid para encontrarse con su esposo el rey Felipe II de España (1559); y
• Por otro y en la misma región, la isla fluvial de los Faisanes, situada en medio del río Bidasoa entre las orillas de Hendaya e Irún [cuya soberanía es compartida entre ambas naciones por semestres; un buen ejemplo de condominio internacional]; fue el lugar donde las dos monarquías más poderosas de Europa [4], en aquel tiempo, firmaron el Tratado de los Pirineos, el 7 de noviembre de 1659 (Felipe IV de España y Luis XIV de Francia pusieron fin a la Guerra de los Treinta Años).
Concluimos con algunos de los otros lugares son, por ejemplo, el Castillo de Rambouillet, donde se celebró la primera cumbre del G7; el Quai d'Orsay de París que alberga el edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores; el Palacio de Europa en Estrasburgo, inaugurado en 1977, sede del Consejo de Europa; o la Biblioteca Choiseul de Versalles, sede de las negociaciones del Tratado de Génova para la anexión de Córcega a Francia (1768) y del Tratado de París, que reconoció la independencia de los Estados Unidos de América (1783).
Citas: [1] DOMENGE I MESQUIDA, J. “Arquitectura palatina del reino de Mallorca. Símbolos de poder para una efímera dinastía”. En: Anales de Historia del Arte, 2013, nº extra 2, pp. 80 y 82. [2] VENTURA, J. Historia de España, tomo II. Barcelona: Plaza & Janés, 1976, p. 182. [3] CATAFAU, A.; JASPERT, N. & WETZSTEIN, T. Perpignan 1415. Un sommet européen à l'époque du Grand Schisme d'Occident. Münster: LIT Verlag, 2018, p. 3. [4] VALLADARES RAMÍREZ, R.J. “El Tratado de Paz de los Pirineos: una revisión historiográfica (1888-1988)”. En: Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, tomo 2, 1989, p. 125.






