En ese mismo sentido, el historiador Bendala Galán analizó las investigaciones de otros autores, como Joachim Latacz o Dieter Hertel, para concluir que: (…) La relación con el mundo hitita justificaba una búsqueda de respuestas al problema de Troya a partir de la rica información contenida en la arqueologia y, sobre todo, la documentación escrita del imperio presidido desde la capital Hattusas [sic]. Insiste [Latacz] en un asunto muy discutido, que es la identificaci6n de Ilios/Troya con la Wilusa citada en textos hititas, por ejemplo en un tratado (ca. 1290-1272) del rey hitita Muwatalli II con cierto Alaksandu [Alakšandu] de Wilusa. Es especialmente sugestiva la posible correlación entre Alaksandu y el nombre griego de Alexandros del principe troyano Paris, el raptor de Helena. Este y otros datos llevan al autor a sostener la caracterización de Ilios/Troya como un Estado autónomo en la órbita del imperio hitita [2]. De modo que el «Tratado de Alaksandu» habría sido un desigual pacto de vasallaje que sometía a este monarca bajo el poder de Hatti en Asia Menor.
Como sucedió con el «Tratado de Qadesh», el «Cilindro de Ciro» o las «Cartas de Amarna», el acuerdo del soberano hitita Muwatalli II con el rey de Wilusa, Alaksandu, se cinceló en una tabilla de arcilla, escribiendo las formas del texto con una caña (cuneiforme) y dejándolo secar al sol. Por su fecha -en torno al año 1280 a.C.- fue anterior al célebre tratado de paz entre egipcios e hititas y debió negociarse en la época en que se trasladó la sede real de Hattusa a Tarhuntassa [3].
Según el hititólogo australiano Trevor Robert Bryce: Los acuerdos y disposiciones que contiene el tratado deben entenderse, probablemente, en el contexto de los esfuerzos de Muwatalli por garantizar una cierta estabilidad duradera entre sus estados vasallos occidentales y las zonas vecinas, de modo que pudiera concentrar su atención y sus recursos, de manera más eficaz, en el inminente enfrentamiento con Egipto en [la actual] Siria. No es improbable que el tratado fuera precedido por una campaña personal emprendida por Muwatalli en Anatolia occidental con el fin de apuntalar la autoridad de Alaksandu y permitirle actuar como un perro guardián más eficaz de los intereses hititas en la región [3].
Y añade que, por el tratado, el vasallo estaba obligado a proporcionar contingentes militares al ejército del rey -en especial, cuando estuviera haciendo campaña en su región-, a pagarle un tributo anual y a asegurar que el estado sobre el que gobernaba se mantuviera firme en su lealtad a su señor supremo. De este modo, la empresa imperial consistía principalmente en establecer una serie de estados vasallos, conquistados a veces por una conquista militar, otras por la vía diplomática o mediante una combinación de ambas [3].
Citas: [1] BERGUA CAVERO, J. Antología comentada de la Ilíada. Madrid: Dykinson, 2021, p. 105. [2] BENDALA GALÁN, M. “Aquí fue Troya”. En: Revista de libros de la Fundación Caja Madrid, 2004, nº 94, p. 10. [3] BRYCE, T. R. “The Nature of Mycenaean Involvement in Western Anatolia”. En: Historia: Zeitschrift für Alte Geschichte, 1989, nº 38, pp. 8 y 12.
Más información: las leyes hititas.



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