viernes, 4 de enero de 2013

¿Qué delito es el «happy slapping»?

En 2001, el escritor Marc Prensky afirmó que los jóvenes de hoy en día son verdaderos nativos digitales porque han nacido y crecido inmersos en esta era, de forma que han integrado la tecnología en sus vidas con absoluta naturalidad; por ese motivo, el Derecho también debe estar a la altura de las circunstancias para gestionar esas herramientas de forma adecuada, velando por el superior interés de los menores y actuar ante prácticas delictivas como el happy slapping. Literalmente, esta expresión anglosajona significa bofetada feliz y es un buen ejemplo de la preocupante tendencia que representan las nuevas tecnologías y las redes sociales en nuestra vida cotidiana, cuando la realidad supera la regulación del ordenamiento jurídico por un uso inadecuado y surgen nuevas conductas delictivas.

Una de las primeras referencias a esta situación la encontramos en una Resolución del Parlamento Europeo, de 21 de junio de 2007, sobre la delincuencia juvenil: el papel de las mujeres, la familia y la sociedad. En uno de sus considerandos, la eurocámara afirmaba que en determinados Estados miembros, las inmediaciones e incluso los patios de los colegios, también los de barrios acomodados, se han convertido en zonas fuera de la ley (oferta de droga, violencia en ocasiones con armas blancas, extorsiones varias y desarrollo de juegos peligrosos, por ejemplo, el fenómeno del “happy slapping”, consistente en colgar en sitios de internet fotos o vídeos con escenas de violencia captados con teléfonos móviles); es decir, nos encontramos ante una agresión física que se provoca simplemente para filmarla y difundir el vídeo on line.

Esta moda surgió como una broma, a finales de 2004, en el barrio londinense de Lewisham, cuando unos adolescentes grabaron en vídeo la cara de sorpresa que ponía la gente al darle una colleja (golpe que se da en la nuca con la palma de la mano); a partir de ahí, la conducta degeneró volviéndose cada vez más violenta y agresiva, a la vez que se extendió por toda Europa y EE.UU.

Sus principales características son: 1) La llevan a cabo menores o adolescentes; 2) Consiste en una agresión física; 3) Generalmente, se realiza de forma colectiva para que el agresor pueda ser filmado por algún otro miembro de su grupo; 4) Suelen producirse en contextos urbanos y, habitualmente, en estaciones o paradas de cualquier medio de transporte; 5) No es necesario que los jóvenes conozcan a la víctima que puede ser o bien de su misma edad o pertenecer a algún colectivo vulnerable (como mendigos o discapacitados); 6) Utilizan un dispositivo tecnológico (teléfono móvil, tableta, smartphone o similar) que tenga cámara para grabar la agresión; 7) El objetivo, en última instancia, consiste en difundir su “hazaña” a través de las redes sociales, subiéndolo a portales como YouTube o transmitiéndolo por la telefonía móvil.

En España –como sucedió, por ejemplo, con la paliza que una menor le propinó a otra en Jaén, en abril de 2007, incitada por una pandilla que quería subir las imágenes de la pelea a YouTube (sentencia de la Audiencia Provincial de Jaén 1403/2008, de 2 de octubre)– esta conducta suele calificarse como un delito de lesiones tipificado en los Arts. 147 y siguientes del Código Penal. (PÉREZ VAQUERO, C. Curso de curiosidad criminal. Valladolid: Imocional, 2012, p. 14).

jueves, 3 de enero de 2013

El límite para pagar en efectivo: 2.500 euros

Si hace un par de meses comentábamos el límite que existe en la Unión Europea para efectuar pagos en efectivo (cincuenta monedas), hoy veremos la nueva limitación que ha establecido el legislador español en este contexto de crisis económica en el que vivimos, con todas las Administraciones Públicas inmersas en programas de austeridad presupuestaria. En ese marco, la lucha contra el fraude fiscal se ha convertido en una prioridad para hacer frente a la falta de ingresos y, por ese motivo, la denominada Ley Antifraude (Ley 7/2012, de 29 de octubre, de modificación de la normativa tributaria y presupuestaria y de adecuación de la normativa financiera para la intensificación de las actuaciones en la prevención y lucha contra el fraude) incluyó una batería de medidas diseñadas para impactar directamente en nichos de fraude que se han detectado como origen de importantes detracciones de ingresos públicos; entre las que destaca que, desde el 19 de noviembre de 2012 ya no se pueden pagar en efectivo aquellas operaciones cuyo importe sea igual o superior a 2.500 euros –o su contravalor en moneda extranjera (por ejemplo: 3.244 dólares, 2.026 libras esterlinas o 266.571 yenes, al cambio de hoy)– cuando alguna de las partes que intervengan actúe en calidad de empresario o de profesional; no obstante, este importe será de 15.000 euros –o su contravalor– cuando el pagador sea una persona física que justifique que no tiene su domicilio fiscal en España y no actúe en calidad de empresario o profesional.

A la hora de calcular estas cuantías se debe sumar el importe de todas las operaciones o pagos en que se haya podido fraccionar la entrega de bienes o la prestación de servicios. Incumplir con esta nueva limitación a los pagos en efectivo constituye una infracción administrativa grave y, tanto el pagador como el receptor, responderán de forma solidaria de la infracción que se cometa y la sanción que se haya impuesto; es decir, la Agencia Tributaria podrá dirigirse indistintamente contra cualquiera de ellos o contra ambos. La base de la sanción será la cuantía pagada en efectivo en las operaciones de importe igual o superior a 2.500 euros o 15.000 euros –o su contravalor– según se trate de cada uno de los dos supuestos previstos, y consistirá en una multa pecuniaria proporcional del 25 por ciento de dicha base.

miércoles, 2 de enero de 2013

«España criminal» (I): Romanones y el duro de Camarasa

Comenzamos el año con una de mis historias favoritas. El primer Conde de Romanones, el madrileño Álvaro de Figueroa y Torres (1863-1950), fue abogado, escritor, empresario y –sobre todo– un político liberal que alcanzó las más altas instancias del Estado porque llegó a presidir el Consejo de Ministros durante el convulso reinado de Alfonso XIII (monarca que no solo reinaba sino que gobernaba) y a ser presidente de ambas cámaras legislativas, tanto del Congreso como del Senado; además de diputado a Cortes, ministro en varios departamentos (incluyendo Justicia) y alcalde de Madrid. Como jurista, Figueroa se había licenciado en Derecho en la antigua Universidad Central (antecedente de la actual Complutense) y obtuvo el doctorado en Bolonia (Italia) antes de regresar a España para colegiarse como abogado en la capital donde, al poco tiempo ya había logrado –como él mismo reconoció en sus Memorias– una clientela numerosa, pero poco lucida defendiendo a toda clase de procesados: por robo, violación, estafa, adulterio, homicidio, asesinato (…) delitos de imprenta (…) y sólo dos causas de notoriedad. Una de ellas fue la defensa del francés Hillairaud por intentar matar al mariscal Bazaine en Metz [Romanones alegó la eximente de locura y el estado de los espíritus en Francia; pero, finalmente, el acusado fue condenado a cumplir 9 años de reclusión en el presido de Cartagena (Murcia)]; y la otra causa perdida de antemano fue uno de los procesos más mediáticos de finales del siglo XIX: el llamado Crimen de la Guindalera, de 1886.

En este barrio del extrarradio de Madrid, el desdichado Vicente Camarasa degolló con una faca (cuchillo curvo muy habitual en aquel tiempo) a Felipe Iglesias, marido de Federica Pozuelo, por sugestión de ella y de su amante, Pedro Cantalejo, a cambio de pagarle un precio de siete pesetas. Los esfuerzos de la defensa resultaron inútiles y los tres acusados fueron condenados a muerte: ellos por asesinato y la mujer por parricida; llevándose a cabo la ejecución el 11 de abril de 1888 en lo que debió ser todo un acontecimiento social porque aquel ajusticiamiento también sirvió para estrenar el patíbulo de la nueva cárcel Modelo. El joven Pío Baroja, que entonces estudiaba Medicina en Madrid, presenció la pena capital y, como era tan aficionado a los personajes desdichados, con el tiempo llegaría a describir aquella ejecución en sus obras.

Coincidiendo con aquellos fracasos en los tribunales, Figueroa logró el acta de diputado por Guadalajara y decidió abandonar el ejercicio de la abogacía porque aquellas sentencias aumentaron su desamor por la profesión “amenguando” su fe en la justicia humana. Pero la vida da muchas vueltas.

Manuel Arroyo | Retrato del Conde de Romanones (1898)

Sucedió que el Conde de Romanones no había podido cobrar ningún honorario por la defensa de Camarasa y que éste, antes de ser ahorcado, le confesó que una de sus mayores contrariedades era, precisamente, irse a la tumba sin haberle podido pagar aquella deuda. Años más tarde, cuando el aristócrata ya era alcalde de Madrid, ordenó llevar a cabo una monda en el cementerio municipal del Este. Esta operación consistía en exhumar los restos humanos de las sepulturas que no fueran perpetuas para recoger los huesos y depositarlos en una fosa común. El conserje del cementerio, al que Figueroa había colocado en aquel puesto, se presentó un día en su despacho del Ayuntamiento lleno de satisfacción, para entregarle una pieza de cinco pesetas, muy ennegrecida, casi de color del azabache, diciéndole: He aquí el importe de una minuta que usted nunca pensaría cobrar. Romanones cogió la moneda y, al preguntarle que quién era el cliente, le respondió que al hacer la monda del cadáver de Camarasa, aquel duro se había caído de la faja que vestía el muerto.

Aunque no creía en amuletos, Romanones guardó en su bolsillo ese que fue tan difícil de obtener y lo llevó consigo durante mucho tiempo, coincidiendo con años de gran suerte, hasta que, del uso, la moneda recuperó su color e inadvertidamente se la dio a alguien, mezclada con otras.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La zigzagueante línea internacional de cambio de fecha

Desde una perspectiva europea, existen pocos lugares en La Tierra que se encuentren tan alejados como Tokelau (Viento del Norte, en polinesio), un remoto archipiélago de islotes y atolones situado en medio de la cuenca central del Océano Pacífico que, administrativamente, depende de la “vecina” Nueva Zelanda. En el ámbito internacional, sin embargo, este pequeño territorio, que no alcanza ni los 1.500 habitantes, es conocido por dos curiosidades: de una parte, que el dominio gratuito tokelauano “.tk” es una de las direcciones de internet que ocasiona más problemas en todo el mundo; y, por otra, que en estas islas, desde un punto de vista legal, no existió el 30 de diciembre de 2011. La explicación de este suceso –que también ocurrió en la cercana isla de Samoa– responde a su ubicación geográfica al Oeste de la Polinesia.

Cada fin de año, una de las imágenes más recurrentes que vemos en televisión son los fuegos artificiales iluminando la silueta de la Ópera y el Puente del Puerto en la bahía de Sidney (Australia) o el rascacielos Taipéi 101 en la capital taiwanesa, para anunciar que en aquellos lugares ya cruzaron el umbral de la nochevieja y entraron al año nuevo, mientras que en el resto del mundo aún tendremos que esperar algunas horas para festejarlo.

Esto sucede porque existe una línea internacional de cambio de fecha (la International Dateline) que divide al mundo por las antípodas del meridiano 0 de Greenwich (Inglaterra) donde se estableció la referencia para fijar los husos horarios del planeta [lo que se denomina UTC (Universal Time Coordinated o Tiempo Universal Coordinado); de modo que la España peninsular se encuentra en UTC +1, mientras que las Islas Canarias o Portugal mantienen el mismo horario de aquella localidad inglesa]. Su “antimeridiano” se corresponde con la longitud 180º que discurre desde el estrecho de Béring, que separa Alaska de Siberia, hasta llegar a la Antártida, dividiendo el planeta en dos hemisferios: occidental y oriental; conformando la línea imaginaria que separa el “hoy” del “mañana”. Fue una idea que propuso el ingeniero escocés-canadiense Sandford Fleming en 1879 pero, como sucedió con la Línea Karman que marcó la frontera entre la atmósfera y el espacio exterior, se trata de una costumbre que acabó siendo universalmente aceptada pero sin que exista ningún tratado internacional de la ONU que lo regule de forma expresa.

El problema que conlleva esta forma de estandarizar el tiempo es que algunos gobiernos lo han modificado de modo que, hoy en día, la línea de cambio de fecha ya no recorre, en sentido estricto, el trazado del meridiano 180º sino que zigzaguea por medio del Pacífico. Si Tokelau la modificó vía decreto, Samoa aprobó una ley –la International Date Line Act, de 2011– por la que los samoanos perdieron un día de sus vidas, como señaló la exposición de motivos de esta norma, de modo que tras la medianoche del jueves, 29 de diciembre de 2011, pasaron directamente a la madrugada del sábado 31 de diciembre de 2011 y, legalmente, desapareció aquel viernes 30 de diciembre de 2011. La razón última estriba en que estos territorios se encuentran más próximos a Asia y al resto de Oceanía que a América, de forma que a sus gobiernos les interesa despertarse al mismo tiempo que Australia, Japón o Nueva Zelanda (como señaló, muy gráficamente, un político samoano: no se puede hacer negocios con los australianos si, cuando en Sidney están trabajando un lunes, en Samoa aún estamos yendo a la iglesia porque continúa siendo domingo). Estrategia geopolítica, se llama.

La curiosa Ley de Samoa previó diversas consecuencias jurídicas: el día perdido no generó intereses en ningún instrumento de préstamo; los trabajadores tuvieron que cobrar esa jornada laboral como si efectivamente hubieran acudido a sus puestos (el empresario que no abonase ese salario podía ser condenado con multas o pena de hasta tres meses de reclusión); y cualquier mapa debería mostrar la nueva línea internacional de cambio de fecha desplazada al meridiano 171º de longitud oeste. La singular decisión de Samoa y Tokelau de 2011 no ha sido única ni tampoco fue la primera; de hecho, el vecino archipiélago de Kiribati, por ejemplo, ya había desplazado la línea por idénticos motivos en 1995, quitándole a Tonga el privilegio de ser el lugar where time begins, donde comienza el tiempo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

El wendigo y los homicidios por prioridad

Entre los aficionados a la literatura de terror –y, en especial, al subgénero de los relatos de fantasmas– uno de los autores más leídos es Algernon Blackwood (1869–1951). Un prolífico escritor inglés al que, desafortunadamente se le recuerda más por haber formado parte de la fraternidad esotérica Alba Dorada (Golden Dawn), junto a otro de los grandes maestros del horror, Bram Stoker (Drácula), que por la innegable calidad de su obra literaria. Desde joven, Blackwood trabajó en diferentes oficios por toda Norteamérica, donde escuchó las narraciones que los pueblos nativos de Canadá y EE.UU. transmitían de padres a hijos. Aquellas leyendas le inspiraron las historias sobrenaturales que escribió con su personal estilo, capaz de envolver la narración con una atmósfera de misterio, ideal para leerlos cuando las horas se deslizan en busca de la medianoche, como lo describió el propio autor. Una de aquellas historias es El wendigo, basada en un ancestral mito, muy popular entre las tribus norteamericanas de los ojibwa y los cri (cree, en inglés).


Sentado junto al fuego, el personaje del doctor Cathcart cuenta a los demás protagonistas que el wendigo es simplemente la personificación de la Llamada de la Selva, que algunos individuos escuchan para precipitarse hacia su propia destrucción (…) La alegoría es significativa porque la Voz, según dicen, recuerda los ruidos menudos del bosque: el viento, un salto de agua, los gritos de los animales, y cosas así. Y una vez que la víctima oye eso… ¡se acabó!

Más allá de la literatura, el argumento del wendigo se mueve en ese nebuloso límite de los llamados conceptos etnojurídicos, a medio camino entre el Derecho, la Psicología y la Antropología. Marvin Harris es uno de los expertos que ha estudiado la psicosis wendigo (wendigo psychosis) al hablar de la polémica relación entre la cultura y las enfermedades mentales. En su libro Antropología cultural [Madrid: Alianza, 2007, p. 421] –una de esas obras imprescindibles que deberían formar parte del “fondo de estantería” de cualquier biblioteca– relata que, entre los cazadores-recolectores de las tribus algonquinas de los ojibwa y los cri (cree), existe el convencimiento de que el espíritu del wendigo posee a aquellas personas que se encuentran heridas o famélicas en la nieve, convirtiéndolos en verdaderos caníbales que matarán y devorarán a sus compañeros a menos que se acabe antes con él.

Matt Fox | El Wendigo (2015)

En 1982, otro antropólogo, Lou Marano, también se había referido a esta cuestión en un artículo que publicó en la revista Current Anthropology donde puso de relieve que –en su opinión– estos casos no suponían una evidencia de psicosis, sino de un sistema de homicidio por prioridad que definió del siguiente modo: dejar que alguien muera para que otros puedan vivir, en el que el miedo a ser comido se usaba para superar el miedo a romper el tabú de matar a un compañero de campamento.

Uno de los casos reales más conocidos fue el de Swift Runner, un trampero de la etnia cri al que se juzgó y ejecutó en Fuerte Saskatchewan (Alberta, Canadá) en 1879, por haber asesinado a ocho miembros de su propia familia, a los que se comió durante un crudo invierno; según él, porque le poseyó el espíritu de un wendigo. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, hubo otros homicidios similares que afectaron a los nativos canadienses como los crímenes que cometió el chamán Jack Fiddler, en 1907 (fue detenido, gracias a un testigo, pero logró escapar de la cárcel y se suicidó ahorcándose).

NB: En el videojuego Until Dawn, el termino Wendigo, (también llamado Windigo o Witiko) es descrito como espíritus de nativos americanos después de practicar el canibalismo, que poseen a las personas que, después de días sin comer, tienen hambre o ansias de carne humana. Algunas personas de estas tribus que eran poseídas, se aislaban, abandonaban sus comunidades o se suicidaban para evitar dañar a los demás. La única manera de destruir a un Wendigo es quemándolo, ya que su corazón es un cubo de hielo que se derrite con el fuego, por eso le temen al fuego según los relatos (...).

jueves, 27 de diciembre de 2012

«Pacicos de mi vida»: el testamento más breve de España

El origen de este récord Guinness fue una carta de amor que una mujer, Matilde, le escribió a su novio el 24 de octubre de 1915 en la ribereña villa de Peñafiel (Valladolid). Aquellas letras que surgieron de un corazón enamorado solo decían lo siguiente: Pacicos de mi vida: en esta mi primera carta de novios va mi testamento, todo para ti, todo, para que me quieras siempre y no dudes del cariño de tu Matilde. Desafortunadamente, ella murió poco tiempo después de escribir tan sentidas letras, y su novio –o ya marido, pues no se sabe a ciencia cierta pero cabe suponer que ya se hubieran casado– decidió hacer valer sus derechos hereditarios ante los tribunales, enfrentándose a su familia política, de modo que el pleito concluyó en el Tribunal Supremo con una conocida sentencia que se dictó el 8 de junio de 1918. La resolución consideró que, efectivamente, aquella breve carta era un testamento ológrafo que la fallecida había otorgado a su novio, dejándole todo para ti, escrito de su puño y letra, siendo mayor de edad, y habiéndolo firmado y datado; es decir, cumpliendo los requisitos que se exigían para esta disposición de última voluntad. Hoy en día, aquella breve carta de una enamorada continúa siendo el testamento más corto de nuestro país.

En el ámbito internacional, el récord mundial todavía lo ostenta un empresario checo-alemán llamado Karl Tausch que, el 19 de enero de 1967, en Hesse, escribió a mano el testamento válido más breve: Vse zene (en checo: todo para la esposa). Por contra, la estadounidense Frederica Evelyn Stilwell Cook otorgó la última voluntad más extensa que se conoce: 1.066 páginas encuadernadas en 4 volúmenes, con más de 95.000 palabras. Sucedió el 2 de noviembre de 1925 en Somerset House (Londres, Inglaterra).

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Las primeras Jefas de Estado y de Gobierno (democráticas)

El diccionario de la RAE define Jefe de Estado como la Autoridad superior de un país mientras que el Jefe de Gobierno es el Presidente del Consejo de Ministros. A lo largo de la Historia es evidente que muchas mujeres han alcanzado grandes cuotas de poder (pensemos en Cleopatra, Isabel I de Castilla, la reina Victoria de Gran Bretaña o la zarina Catalina la Grande, por citar tan solo cuatro ejemplos) pero desde el punto de vista de las urnas, el género femenino no llegó a desempeñar altos cargos en la Jefatura de un Estado, siendo elegidas democráticamente en unas elecciones, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX.

La primera Jefa de Gobierno de la Historia fue la cingalesa Sirimavo Bandaranaike, Primera Ministra de Sri Lanka (el antiguo Ceilán) al acceder a este puesto el 21 de julio de 1960 y gobernar a lo largo de diversas legislaturas: de 1960 a 1965, de 1970 a 1977 y desde 1994 hasta su fallecimiento en 2000. El caso de la señora B, como se la conocía popularmente, fue excepcional porque era viuda de otro Primer Ministro (Solomon Bandaranike; asesinado por un monje budista en Colombo, en 1959) y, al mismo tiempo que ella ejercía como Jefa de Gobierno, su hija –Chandrika Kumaratunga– fue elegida Presidenta de esta isla del Índico.

En cuanto a la Jefatura del Estado, suele atribuirse este privilegio a María Estela Martínez de Perón [al enviudar del Presidente argentino, Juan Domingo Perón, llegó a ejercer como Jefa del Estado durante casi dos años (entre 1974 y 1976), al fallecer su marido siendo ella su vicepresidenta, hasta que fue depuesta por un golpe de Estado] pero su elección no procedió de las urnas sino de una designación política; de ahí que la primera mujer que fue elegida democráticamente para ejercer estas funciones no es la política argentina sino una islandesa, Vigdís Finnbogadóttir, que alcanzó la Presidencia de Islandia el 1 de agosto de 1980; ejerciendo la máxima autoridad de esta isla nórdica hasta 1996.
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