lunes, 8 de junio de 2026

El legado de Luca Pacioli en el siglo XVIII

Para la ciencia contable, como ya tuvimos ocasión de comentar, la Edad Moderna comenzó con la publicación del tratado de Fray Luca Pacioli en 1494 y, ese periodo de la Historia de la Contabilidad, concluyó en 1789; no porque entonces se publicara algún otro libro imprescindible sobre este ámbito sino porque la Revolución Francesa puso fin a los gobiernos absolutistas del Antiguo Régimen dando paso a la Edad Contemporánea y a un mundo que –simplemente– no volvió a ser el mismo. Aquel movimiento fue el prototipo de los grandes cambios que vendrían a conmocionar el mundo durante el XIX, bajo la proclama de libertad, igualdad y fraternidad. Hasta entonces, la historia de la partida doble transcurrió entre numerosas obras, autores y momentos que debemos destacar en la última centuria de la Edad Moderna:

Franciasi algún país ocupó un lugar destacado durante el siglo XVIII, ese honor le corresponde –indudablemente– a Francia. Más allá de la brillante aportación de los enciclopedistas (como Diderot, D´Alembert, Voltaire o Rousseau), el Siglo de las Luces también brilló con intensidad en la Contabilidad, coincidiendo con la invención de las primeras “sumadoras mecánicas” de dígitos unidos por un sistema de engranajes, la realización de los primeros inventarios y el nacimiento de conceptos como la “razón social”. Influidos aún por la obra de Matthieu de la Porte –que alcanzó en este momento su mayor difusión– los nombres propios de esta época fueron:

  • El matemático Bertrand-François Barrême, que centró sus aportaciones en la aplicación del método de la partida doble en la contabilidad pública; distinguiendo entre cuentas generales y particulares en su Traité des parties doubles ou méthode aisée pour apprendre à tenir en parties doubles les livres du commerce et des finances (Paris, 1721).
  • Jean-Baptiste Larue, un comerciante bayonés que se trasladó a vivir a Lyon donde –pensando en cómo explicar el negocio a sus propios hijos– escribió una serie de instrucciones para los jeunes negociants que acabó publicando en 1745. Trece años más tarde, añadió un segundo tomo a su obra dedicado a tenir en Parties Doubles les livres des Marchands et des Banquiers.
  • En Holanda, la familia de comerciantes franceses Picard –padre (Samuel) e hijo (Jean-Pierre)– publicaron en Ámsterdam dos tratados homónimos: L´art de bien tenir les livres de compte en parties doubles à l'Italienne (de 1709 y 1724, respectivamente) donde el vástago depuró la obra de su progenitor incluyendo instrucciones. Por su parte, Samuel Picard también fue el autor del Traité Générale du Commerce cuya cuarta edición (Ámsterdam, 1721) sí que incluyó un capítulo específico dedicado a la contabilidad, escrito por Henri Desaguliers, un contable que ese mismo año publicó su Nouvelle instruction abrégeé sur les livres en parties doubles ou a l´italienne.
  • El político Edmond Degranges retomó la idea de Barrême de establecer dos grandes cuentas y publicó en 1795 su elocuente La tenue des livres rendue facile; clasificó las cuentas generales e inventó el Diario-Mayor con ocho columnas, simplificando el sistema para que fuese más fácil de aprender. Fue el creador de la escuela que en Italia llamarían de los I cinquecontisti por las cinco cuentas generales del comerciante: mercancías, caja, efectos a cobrar, efectos a pagar y pérdidas y ganancias.
  • Asimismo, aportaron su particular grano de arena a la historia contable: Pierre Bernard d'Henouville (Le guide des comptables ou l'art de rédiger soi-même toutes sortes de comptes, suivant l'hypothèse de la recette, de la dépense et de la reprise; París, 1709); Pierre Giraudeau (La banque rendue facile; Ginebra, 1741 ; que desarrolló la idea de que las cuentas generales representan al propietario del negocio); Gaignat de L´Aulnais (Guide du commerce; París, 1764, con una obra especializada en la contabilidad relacionada con la trata de esclavos) y P. J. Migneret (La science des jeunes négocians et teneurs de livres; París, 1798; un completo curso con instrucciones elementales sobre las operaciones mercantiles).

Luego llegaría la Revolución; la Declaración de Derechos del Hombre de 1789; las tres Constituciones que aprobó la Asamblea, sucesivamente, en 1791, 1793 y 1795; la codificación del Derecho para dar seguridad jurídica al pueblo, la guillotina, el terror, Napoleón... y el mundo entero se transformó.

Portugal: cuesta creer que un país volcado en el comercio y la navegación, no publicase ningún libro sobre contabilidad por partida doble, en su propia lengua, hasta 1758, cuando se editó en Lisboa Mercador exacto nos seus livros de contas de João Baptista Bonavie. Máxime cuando, en otros ámbitos –como las matemáticas– sí que existían trabajos desde el siglo XVI. Una de las hipótesis que se baraja es que el terremoto que asoló la capital portuguesa en 1755 –y cuyos efectos se pudieron sentir en toda la Península Ibérica– destruyese el patrimonio conservado en los archivos y bibliotecas que se derrumbaron con el seísmo y que, con el paso del tiempo, su rastro –simplemente– acabara perdiéndose en el olvido. 

Sí que es cierto que existe un antecedente de 1706, cuando un judío lisboeta llamado Gabriel de Souza Brito publicó en Ámsterdam el libro Norte mercantil y crisol de cuentas, pero el autor lo escribió en castellano, no en portugués; de ahí que Bonavie siga siendo –por el momento– el primer autor en la lengua de Luís de Camões.

En plena “época pombalina” –por el Marqués de Pombal, Ministro de Asuntos Exteriores y verdadero dinamizador de la contabilidad y el comercio portugueses, que alcanzaron sus momentos de mayor apogeo– se editaron un tratado anónimo sobre las partidas dobradas, en Turín (1764); el Arte de escritura dobrada para instruçao, de João Henrique de Sousa y Arte sobre partidas dobradas, de su alumno José Feliz Venâncio Coutinho (ambos publicados en 1765) donde se puede leer que éste era O methodo que segue a mayor parte dos negociantes da Europa na arrumação dos seus livros de contas, foi inventada pelos Italianos, dos quaes he chamado scritura doppia, ou escritura dobrada.

Aunque Coutinho nació en Río de Janeiro (Brasil), desarrolló su vida profesional en Lisboa y fue allí donde publicó aquella obra; por ese motivo, se considera que el primer libro brasileño sobre contabilidad fue Erário régio de Sua Majestade Fidelíssima (1768), de Francisco António Rebelo, donde el escribano analizó los tributos y las cuentas de Minas Gerais. Recordemos que Brasil, como el resto de Iberoamérica, alcanzaron su independencia entrado el siglo XIX.

La Edad Moderna concluyó –en lengua portuguesa– con el Novo Tratado sobre os Livros de Contas en Partidas Dobradas de José Joaquim da Silva Perez (Lisboa, 1794), traducción de la influyente Le guide des négociants et teneurs de livres (París, 1685) de Matthieu de la Porte.

Gran Bretaña: los manuales británicos desarrollaron en este siglo todas las características del anterior: Continuaron con su marcado carácter docente, se incorporaron más casos prácticos, aumentó el número de ejemplos y los poemas con los que se versificaban las reglas se fueron abreviando y simplificando para que resultaran más fáciles de memorizar. Los autores más destacados fueron:

  • Edward Hatton: The Merchant´s magazine: or, Trades-Man's Treasury (1701; aunque se venía publicando desde 1695) y Charles Snell: Rules for Book-keeping, According to the Italian Manner (1701), Accompts for Landed-Men or a plain and easie form which they may observe in keeping accompts of their estates (1711) y The Merchants Counting-House (1718), publicados todos en Londres.
  • El subtítulo de An essay on book-keeping, according to the true Italian method of debtor and creditor, by double entry (1721), de William Webster, no puede ser más elocuente sobre el fin que perseguía con el libro: La teoría de esta excelente técnica se establece claramente con algunas reglas, y la práctica se pone de manifiesto con una variedad de ejemplos inteligibles, evidentes y sencillos.
  • En 1730, el contable John Bland escribió un manual titulado An essay in writing exemplified donde se refirió a la necesidad de que los alumnos que quisieran lograr el éxito en el ámbito comercial y contable, debían estudiar en academias. Su visión de futuro fue todo un éxito y su idea, secundada por otros autores; por ejemplo, John Seally, fundó un centro en Bridgewater Square, Londres, en 1767, para que sus alumnos pudieran adquirir los conocimientos necesarios sobre el método italiano; tres años más tarde publicó su propio libro The accountant’s companion. De igual forma, otros contables acabaron abriendo sus academias y –con el tiempo– editando sus manuales, con los que impartir las clases, como George Donn, Charles Hutton o Martin Clare; el profesor Thomas Dilworth, autor de un compendio específico para los jóvenes contables que empezaban a ejercer esta profesión: The young book-keeper's assistant (Londres, 1765) que alcanzó un notable éxito, llegando a las siete ediciones en pocos años; o Hustcraft Stephens y su didáctico Italian Book-keeping reduced into an Art (1745).
  • Como curiosidad, un conocido escritor y espía también dio sus primeros pasos en la contabilidad dedicando el capítulo XX de The Complete English Tradesman (1725) a la teneduría de libros. Fue Daniel Defoe, autor del famoso personaje de Robinson Crusoe.
  • Por último, conviene citar a Malachy Postlethwayt, Roger North y Alexander Malcolm y su obra A Treatise of Book-Keeping, or, Merchants Accounts; in the Italian Method of Debtor and Creditor (1731), donde incidió, quizá con excesiva ingenuidad, en el habitual estilo del diálogo –mediante preguntas y respuestas– para resolver cada supuesto que se pudiera plantear. En cuanto a Escocia, su mejor representante fue John Mair y su obra Book-keeping methodiz’d, publicada en 1736.


ItaliaPietro Paolo Scali retomó las ideas de De la Porte basadas en sus famosas tríadas (tres clases de cuentas en el Libro Mayor que podían negociarse de tres formas –compra, venta o trueque– y concluir, también de tres formas: beneficios, pérdidas o ninguna de éstas) y publicó Trattato del modo di tenere la scrittura dei mercanti a partite dopie (Livorno, 1755); sin embargo, el resultado no estuvo a la altura del original escrito por aquel autor franco-holandés. 

Otra obra destacable fue Trattato teorico practico della vera scrrittura doppia (Pavía, 1790) de Giusseppe Forni. Poco tiempo después, ya entrado el XIX, se produciría un espectacular renacimiento de este país en el ámbito de la teoría contable con la aparición de las escuelas lombarda, toscana y veneciana.

Estados Unidos: al otro lado del Atlántico, la Declaración de Derechos del Buen Pueblo de Virginia, de 1776 –que sirvió de modelo a las otras ex colonias británicas, a la federal de 1791 y la de Francia de 1789–; la posterior declaración de independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio de 1776 y la redacción de la Constitución de 1787 fueron el antecedente inmediato de los acontecimientos que tuvieron lugar en París con la toma de la Bastilla y el estallido de la Revolución Francesa. El ser humano daba comienzo a su Edad Contemporánea. 

En aquellos últimos años de la modernidad, dos autores llegaron a publicar en Filadelfia los primeros manuales estadounidenses sobre temas contables: Charles Hutton (A course of book-keeping, according to the method of single entry : with a description of the books, and directions for using them; very useful either for young book-keepers entering into business, or for teachers in their schools, 1788) y William Mitchell (A New and Complete System of Bookkeeping by an Improved Method of Double Entry; 1796).

PD: después, el siglo XIX nos traería nuevas formas de estudiar y analizar la “cuenta y razón” que, hacia 1830, pasaría a llamarse “contabilidad” por influencia francesa; un nuevo galicismo que se incorporó a nuestras vidas como ya ocurriera con el castizo “debe y ha de haber” afrancesado como “partida doble”. La contabilidad fue evolucionando y surgieron nuevos debates, teorías y escuelas.

Más info: el legado de Luca Pacioli en los siglos XVI y XVII.

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