Día Mundial del Medio Ambiente 2026. El sacerdote Francisco Castillón Cortada (1927-2018) fue un prolífico escritor montisonense que dedicó su obra literaria a divulgar la Historia de Aragón entre el gran público, tratando de que se valorase -y respetara- su rico patrimonio y dando a conocer sus tradiciones locales. En ese contexto, Mosén Castillón publicó un interesante artículo sobre la figura del limosnero de la Catedral de San Vicente mártir de Roda de Isábena (Huesca). Por cultura general, el limosnero tenía como misión recoger y distribuir las limosnas que efectuaban los fieles o administrar las tierras propias de la limosnería [1]; y, en cuanto a la antigua sede episcopal de Roda de Isábena continúa siendo el municipio español más pequeño que cuenta con un templo catedralicio y un lugar imprescindible para visitar en la comarca de Ribagorza -creada por la Ley 12/2002, de 28 de mayo- que se encuentra más al noreste de la Comunidad Autónoma de Aragón. Limita al norte con Francia, al este con la Comunidad Autónoma de Cataluña, al oeste con la Comarca de Sobrarbe y al sur con las Comarcas del Somontano de Barbastro y La Litera. Su denominación hace referencia a la forma en la que históricamente se ha venido denominando este territorio desde al menos la Edad Media (Ley 4/2023, de 9 de febrero, que reformó la anterior norma aragonesa de 2002)].
En su artículo, Mosén Castillón nos explica en qué consistía la norma no escrita -pero respetada como costumbre- de plantar un determinado número de cipreses: (…) Por todo el territorio del priorato rotense hubo diseminados albergues o posadas, conocidas como limosnas, pías almoinas, limosnerías, hostalet, hospitalet, para atención de los peregrinos y menesterosos. Las hubo en Cagigar (Hospitalet en casa Juan Girón; Limosna en Casas Joanot-Ramonet-Bonaire), en Cornudella (Hostalet), en San Esteban del Mall, casa Canerol, en Monesma, Serraduy, Santaliestra, Monzón, Fonz. Como se ve, estamos ante una constante de apostolado eclesiástico siguiendo la regla benedictina: El huésped que llega al monasterio es el mismo Cristo... Como dato curioso diré que, los monasterios y santuarios medievales ofrecían hospitalidad colocando como llamada un ciprés junto a las puertas del cenobio. Un ciprés equivalía que allí el peregrino recibía acogimiento; dos cipreses, acogimiento y agua; tres cipreses, hospitalidad, comida y lecho. Al cabo de mil años, sigue el símbolo traducido, en cierta manera, en los dos o tres tenedores o estrellas de los albergues y hoteles. Evidente alusión a la hospitalidad medieval y rutas jacobeas. Todo pobre o peregrino que se acercaba a Roda tenía acceso al refectorio del mandato, sirviéndoles pulmentum (potaje), pan y vino. De la limosnería o pía almoina dependía la institución conocida como sopa de conventos [1].
Con distintas versiones, el denominado «código de los cipreses» estuvo presente no solo en Aragón; al otro lado de la Franja, el geógrafo catalán Josep Gordi afirma que: (…) muchas leyendas y cuentos se refieren al ciprés cerca de las casas de campo como una información para los pobres y caminantes sobre el derecho de hospedarse. Si había un ciprés, se tenía derecho a una pequeña comida; si había dos, se podía esperar una comida completa; y tres cipreses querían decir que tenían derecho a pasar la noche [2]; y más allá de la Península Ibérica, esta tradición se mantiene en la Toscana italiana, la Provenza francesa y gran parte de la cuenca mediterránea por lo que su origen suele remontarse -al menos- a los tiempos del Imperio Romano e incluso más allá, en Oriente Medio.
Los cipreses no son el único árbol que generó curiosas costumbres que aún persisten; pensemos en el simbolismo de premiar con una corona de laureles a los vencedores o entregar una rama de olivo como símbolo de paz. Son normas no escritas de cuando el árbol era considerado como un intermediario entre las fuerzas sobrenaturales y las fuerzas naturales porque para los antiguos, los bosques eran anteriores al mundo humano [3].
Citas: [1] CASTILLÓN CORTADA, F. “El limosnero de la catedral de Roda de Isábena (Huesca)”. En Cuadernos de Aragón, 1990, nº 21, pp. 64 y 66. [2] GORDI, J. Árboles y espiritualidad. Barcelona: Centre de Pastoral Litúrgica, 2017, p. 75. [3] YÁÑEZ VELASCO, M. “Simbología y culto del árbol y el bosque en los inicios de la cultura europea”. En: CENEAM, 2018, p. 11.


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