miércoles, 17 de septiembre de 2014

Callejero del crimen (I): El puente de los suspiros, de Venecia

Una de las imágenes más simbólicas de la ciudad de los canales es, sin duda, el Puente de los Suspiros [Ponte dei Sosperi]. Desde los tiempos en que Lord Byron residió en Venecia, a comienzos del siglo XIX, los poetas han evocado este doble pasadizo –construido en 1602 por el arquitecto Antonio Contino, en estilo barroco, con piedra blanca de Istria– con un marcado carácter romántico que, lejos de la realidad, tiene muy poco que ver con el sombrío origen de su nombre. Este corredor sobre el Rio di Palazzo se edificó para comunicar la Sala del Consejo del Palacio Ducal –donde el Dux impartía justicia como máxima autoridad de la República Serenísima– con la vecina Prisión Nueva que se levantó sobre la anterior cárcel; una mazmorra a la que se conocía por el sobrenombre de los Piombi [plomos, en italiano] por ser éste el material con el que estaba recubierto el techo de los pozzi [pozos] en que se recluía a los presos; por ese motivo, quienes suspiraban al cruzar el pasaje –como le sucedió al pobre panadero– no exhalaban por amor sino por resignación, al comprender que habían perdido la libertad y, en muchos casos, iba a ponerse fin a su vida.

El actual puente es una obra del siglo XVII pero, anteriormente, los reos ya suspiraban al cruzar desde la sala judicial hasta la cárcel. Uno de los condenados fue el escultor Filippo Calendario, ejecutado en 1355 por formar parte de una conjura. Curiosamente, su extraordinaria obra ha perdurado hasta nuestros días con dos de los mejores relieves de mármol de la fachada del Palazzo: los conjuntos de la embriaguez de Noé y el pecado original.

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