miércoles, 14 de octubre de 2015

La dependencia de Sikkim

En el año 2000, el escritor y fotógrafo Jordi Solà publicó una crónica en la revista de viajes Altaïr donde narró cómo se fundó este pequeño país enclavado en la cordillera del Himalaya: Dice la leyenda que a finales del siglo XVI, el lama Lhatsun Chembo llegó a la región oculta de Denjong con la idea de fundar un reino. Allí tuvo un encuentro con otros dos lamas. Los tres se pusieron de acuerdo para establecer una monarquía y, para escoger al rey, lanzaron una flecha hacia oriente. La flecha fue en busca de Funtsok Namgyal, miembro de la anterior dinastía de origen tibetano, que entonces residía en Gangtok. Funtsok Namgyal fue coronado primer Chogyal de Sikkim durante el año 1642. La primera capital del nuevo reino fue Yuksom, que no fue sustituida por Gangtok hasta mediados del siglo XIX [1]. Desde entonces, aquellos exuberantes valles fueron habitados por lepchas de origen tibetano, nepalíes, butaneses e indios que lograron mantener a salvo su soberanía a pesar de las ansias expansionistas de los países vecinos hasta que el Imperio Británico impuso su hegemonía en toda la Península del Indostán. A partir de 1947, Sikkim proclamó de nuevo su independencia pero ésta solo perduró durante algo menos de tres décadas, hasta el 14 de abril de 1975.

Los sucesivos gobiernos de Nueva Delhi –desde la época de Jawaharlal Nehru– nunca ocultaron su interés geoestratégico por establecer un protectorado sobre aquel pequeño reino y, en los años 60 y 70 del siglo pasado, la idea de la anexión cobró fuerza al tiempo que se incrementaron los movimientos antimonárquicos y el descontento por la situación política que concluyeron con una intervención militar india, en 1973, para desarmar a la guardia del Chogyal. Dos años más tarde, el Primer Ministro de Sikkim se dirigió al Parlamento de la India para solicitar su incorporación a ese Estado, convocando a las urnas a los sikkimeses para votar en referéndum si abolían la monarquía y se incorporaban a la India como un estado federado más de esa Unión. El resultado obtuvo el 97,55% de los votos afirmativos y el 16 de mayo de aquel mismo año, Sikkim se convirtió en el Estado indio nº 22.

Mientras la comunidad internacional asistió impasible al desarrollo de aquellos acontecimientos, fue el gobierno chino el que elevó el tono de sus protestas porque China y la India han sido siempre los principales contendientes por la supremacía sobre un vasto territorio del Himalaya [2] hasta que, finalmente, Pekín acabó aceptando el statu quo de Sikkim cuando, por su parte, Nueva Delhi también reconoció que el Tíbet era una región autónoma que forma parte integrante de China. El acuerdo lo firmaron el primer ministro indio, Atal Behari Vajpayee, y el presidente chino, Jiang Zemin, en junio de 2003.

PD Citas: [1] SOLÀ, J. “Una encrucijada de mil culturas”. En Altair, nº 6, 2000, p. 72. [2] TONCHEV, P. Pakistán. El Corán y la espada. Madrid: Catarata, 2006, p. 236.

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