lunes, 23 de marzo de 2026

«France criminelle» (XVII): los famosos e interesantes casos de Pitaval

En 1970, el historiador catalán Román Gubern publicó la primera edición de un pequeño libro titulado «La novela criminal» -que vio una segunda edición en 1982- en el que recopiló una antología de textos de cinco autores [Antonio Gramsci, Sergei Mijailovich Eisenstein, Thomas Narcejac, Gilbert Keith Chesterton y Edgar Allan Poe] con el fin de reunir reflexiones críticas de diversa procedencia y alcance sobre la novela criminal, [que] ha nacido con una doble pretensión: la de reafirmar la significación cultural del género policíaco para aquellos exquisitos literarios que sistemáticamente lo ignoran o desprecian (…) y la de proponer un fecundo y estimulante mosaico de sugerencias sobre el tema a aquellos que ya están convencidos de su importancia intelectual [1]. Para el escritor barcelonés, la novela policiaca ha interesado escasamente a la crítica desde el punto de vista (…) del supuesto valor específicamente literario; en cambio, ha acaparado la atención de sociólogos y de psicólogos como manifestación y síntoma de la neurosis de la sociedad industrial [1]. En ese mismo sentido, uno de los autores que incluye la recopilación, el francés Thomas Narcejac -en realidad, pseudónimo de los novelistas Pierre Boileau y Pierre Ayraud- llegó más allá y no dudó en considerar que la novela policiaca es víctima de una especie de segregación racial; es un ‘negro’ y la literatura es un barrio elegante donde no tiene derecho a instalarse [2].

Sobre el origen de este género, la profesora Marina López Martínez considera que: (…) La novela policíaca nace una mañana de 1841 cuando unos gritos estremecedores, unos estertores agónicos, procedentes de la calle Morgue, requieren de la astucia del caballero Dupin para resolver un doble asesinato. La revolución que supuso este relato de Edgar Allan Poe, «Los crímenes de la calle Morgue», junto con los relatos siguientes: «El misterio de Mary Roget» en 1842 y «La carta robada» en 1844, bien llamados por su traductor, el poeta francés Baudelaire, «Historias extraordinarias», pone de manifiesto la profunda transformación que va remodelando una sociedad en crisis. La figura del detective amateur Dupin, al que seguirán figuras no menos excelsas de la literatura policíaca, tales como Sherlock Holmes en Gran Bretaña, Rouletabille o Arsene Lupin en Francia, cristaliza en un contexto muy determinado, el siglo XIX, caracterizado por un bullicio como pocos siglos han conocido. Crisis socioeconómicas, auge industrial, valores periclitados, testifican una efervescencia sin precedentes, amenizada por el rugido revolucionario que sacude los cimientos de los regímenes anteriores. (…) En la misma línea, [el mencionado] Roman Gubern afirma que la novela policiaca surge como consecuencia de una filosofía de la angustia, engendrada por nuestra cultura occidental, y que se desarrolla en el seno de las convulsiones que sacuden la mitad del XIX. (…) Al observar el nacimiento del género policíaco, constatamos que surge al mismo tiempo, siguiendo unas pautas escalonadas, en tres países: Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia [3].

Aunque –retomando la opinión de Narcejac- se podría diferenciar entre los personajes novelescos anglosajones que suelen ser teóricos, razonadores y hombres de despacho representados por el espíritu de la geometría [el prototipo sería Sherlock Holmes]; y los franceses que, en cambio, destacan porque son hombres de acción e intuitivos caracterizados por el espíritu de la agudeza [como Lupin o Maigret] [2].


Centrándonos en Francia, cien años antes de que surgiera esa poco valorada novela criminal a mediados del siglo XIX, un abogado de Lyon alcanzó un gran éxito literario sin recurrir a tramas de ficción; en su lugar, se centró en la cruda realidad para entretener al gran público con historias basadas en verdaderos sucesos de la crónica negra; lo que, hoy en día, se conoce por el anglicismo de «true crime». Aquella figura crucial fue el letrado François Gayot de Pitaval y su obra «Causes célèbres et intéressantes, avec les jugemens qui les ont décidées», una colección de veinte volúmenes de espectaculares casos criminales [4] resultó tan crucial en toda Europa que incluso su apellido acabó dando nombre a un nuevo género literario con su epónimo: escribir un Pitaval.


François nació en Lyon (Francia) el 24 de julio de 1673 en el seno de una familia vinculada con el mundo del Derecho, como él mismo reconoció en su famosa obra. Su padre, Jean-Jacques Gayot de la Rajasse, formó parte del poder judicial local y también llegó a ser concejal de su ayuntamiento; aún así, el hijo intentó primero tomar los hábitos, después se alistó en el ejército y, finalmente, no por vocación, sino para mantener a mi familia –se había casado con Anne Curnillon y tuvieron una niña: Andrée– se convirtió en un abogado forzado por la fortuna (…) la gente estaba loca por creerme un hombre inteligente, me arrastraban a pleitos por todos lados [5].


Comenzó a publicar enigmas, acertijos y adivinanzas con el fin de entretener a los lectores hasta que encontró lo que hoy llamaríamos un inusual nicho de mercado en la divulgación de los procesos judiciales más famosos, reconstruyendo aquellas causas célebres a partir de los sumarios judiciales; lo que le proporcionó notoriedad, reconocimiento y dinero. Aunque Pitaval no fue el primer hombre de letras que combinó el Derecho con la Literatura, dos disciplinas cuyos límites eran porosos bajo el Antiguo Régimen [5]; su originalidad radicó en que él, a diferencia de otros escritores, reunía formación y experiencia en los tribunales, lo que redundaba en la calidad de los textos en una oscura época en que la Justicia no brillaba con luz y taquígrafos. Él supo incorporar documentos legales en sus narraciones [5] que publicó entre 1734 y 1743, año en el que falleció también en la capital lionesa.


Su obra fue elogiada porque quanto en ellas se refiere es claro, exâcto, curioso, cierto, instructivo, sólido, útil, y en fin agradable [6]. La misma década de su fallecimiento se tradujeron sus causas famosas al alemán o al italiano; en España, en cambio, como ha investigado el profesor Conde Naranjo, (…) iniciada ya la segunda mitad del siglo, una suerte de remedo o caricatura del propio Pitaval se propuso su difusión en español: Mateo Antonio Barberi, oscuro abogado gaditano del que pocos datos más se conocen [6] publicó un primer tomo de aquellos procesos -Causas celebres, instructivas, e interesantes con sus decissiones todo recopilado por el Señor Gayot de Pitaval abogado del Parlamento de París; traducidas al idioma español del frances, por Don Marheo [sic] Antonio Barberi, Tomo primero, 1762- mero trasunto del original sin aquel paralelismo que hubiera sido necesario para los fines declarados [6].


Concluimos con una reflexión de la profesora Gómez Cortell: (…) Con las investigaciones clínicas del siglo XIX y especialmente a través de las explicaciones nosológicas de [el neurólogo francés Jean Martin] Charcot, se medicaliza incluso el crimen: para [el filósofo y sociólogo francés Michel] Foucault, durante ese siglo nace una nueva noción en relación con el concepto de criminal. El criminal ya no es alguien que comete un crimen, sino que se establece la etiqueta de “individuo peligroso”, quien presenta una naturaleza criminal intrínseca a su propia naturaleza y separada del acto del delito [7].


Más información:

Citas: [1] GUBERN, R. La novela criminal. Barcelona: Tusquets Editores, 2ª ed., 1982, p. 8. [2] Ob. cit., pp. 51 y 57. [3] LÓPEZ MARTÍNEZ, M. “Historia de la novela policíaca. Introducción al género en femenino”. En: Dossiers feministes, 2006, nº 9, pp. 11 y 12. [4] GAILUS, A. “A Case of Individuality: Karl Philipp Moritz and the Magazine for Empirical Psychology”. En: New German Critique, 2000, nº 79, p. 73. [5] LEBLANC-MARTINEAU, B. Tesis doctoral “Une paternité incertaine: les femmes et la filiation dans les causes célèbres de François Gayot de Pitaval, 1734-1743”. Universidad de Ottawa, 2021, pp. 18 a 20. [6] CONDE NARANJO, E. “La exigua celebridad de las causas en la España del Setecientos”. En: Rechtsgeschichte, 2007, nº 10, p. 144. [7] GÓMEZ CORTELL, C. 231. “Terror y sensacionalismo en la literatura popular médica fin de siècle: los relatos de la Salpêtrière”. En: L’écriture collaborative, 2023, p. 229.

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