Los Pactos de Letrán, firmados en Roma por la Santa Sede e Italia el 11 de febrero de 1929, tuvieron como objetivo: (…) asegurar a la Santa Sede la absoluta y visible independencia, una soberanía indiscutible incluso en el campo internacional, se ha reconocido la necesidad de constituir la Ciudad del Vaticano con una modalidad particular, reconociendo a la Santa Sede la plena propiedad y exclusiva y absoluta potestad y jurisdicción soberana en ella. Y, como sujeto de Derecho Internacional, esta micronación europea (…) pasó a ser un Estado observador permanente ante las Naciones Unidas el 6 de abril de 1964 y (…) desde entonces ha sido invitada a participar en todos los períodos de sesiones de la Asamblea General [según la parte expositiva de la A/RES/58/314, de 1 de julio de 2004 que incluye un anexo con un decálogo de los derechos y las prerrogativas relativos a la participación de la Santa Sede en la ONU]; asimismo, como ya tuvimos ocasión de comentar, al ser un Estado soberano e independiente, mantiene relaciones diplomáticas con más de 180 países y es miembro permanente, observador o participante -según sea- de diversas organizaciones internacionales.
En ese contexto, Su Santidad -además de Obispo de Roma- es Jefe de Estado de la Santa Sede y, como tal, el Papa recibe en audiencia a otros mandatarios extranjeros o realiza visitas apostólicas a otras naciones; por ejemplo, el 20 de marzo de 2026, León XIV recibió a los Reyes de España en la Ciudad del Vaticano y, ocho días más tarde, el 28 de marzo, fue él quien se desplazó al Principado de Mónaco. En ambos encuentros, tanto la Reina Letizia como la Princesa Charlène pudieron vestir de blanco delante del Pontífice de acuerdo con la costumbre del privilegio del blanco (privilège du blanc o privilegio del bianco).
Se trata de una norma no escrita de protocolo que permite a las reinas o consortes de cuatro casas reales del Viejo Continente (Bélgica, España, Luxemburgo y Mónaco) llevar ropa de color blanco en lugar del habitual código de etiqueta negro que vestirían, por ejemplo, las monarquías de Dinamarca, Países Bajos, Liechtenstein, Noruega. Reino Unido o Suecia. Como señaló la escritora Espido Freire: (…) las reinas de España y Bélgica y las princesas de Mónaco y Luxemburgo pueden vestir de blanco y usar, en consonancia, una mantilla clara. Se trata de una deferencia otorgada a las reinas católicas [1].
Existe una quinta privilegiada: la princesa de Nápoles, esposa del jefe de la Casa de Saboya, conserva esta elegibilidad [2].
Citas: [1] FREIRE, E. La historia de la mujer en 100 objetos. Madrid: La Esfera delos Libros, 2023. [2] PROCHAIN, E. Nouvelles antisèches cathos pour briller en société. Tours: Mame Ed., 2017, p. 46.



No hay comentarios:
Publicar un comentario