miércoles, 17 de agosto de 2016

La adhesión de Gran Bretaña a la Unión Europea

El 23 de junio de 2016, los británicos acudieron a las urnas para dar respuesta a la pregunta que les formuló su ex Primer Ministro, David Cameron: Should the United Kingdom remain a member of the European Union or leave the European Union? Por escaso margen, la decisión del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte fue la de abandonar la Unión Europea con 17.410.742 votos [51,9%] a favor de salir [leave] frente a 16.141.241 votos, [48,1%] de quienes eligieron permanecer en ella [remain]. Todavía es pronto para valorar las consecuencias que tendrá el denominado Brexit –apócope de Britain exit: salida británica– tras invocar la cláusula prevista en el Art. 50 del Tratado de la Unión Europea (TUE): Todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión; pero su decisión supone un buen momento para recordar las grandes dificultades que tuvieron los gobiernos de Londres para que Gran Bretaña pudiera adherirse al club comunitario en 1973.

La historia comenzó a mediados del siglo XX: Como Primer Ministro del Reino Unido entre octubre de 1951 y abril de 1955, Winston Churchill no apoyó la entrada de su país en la Comunidad Europea del Carbón y el Acero. Aun cuando había sido ferviente defensor de una Europa unida a través de mecanismos de cooperación en todos los ámbitos con el fin de preservar la paz, su idea se reducía fundamentalmente al continente: cualquier cesión de la capacidad de decisión británica en favor de una institución supranacional europea, como la CECA en este caso, carecía de valor para Gran Bretaña. (…) las autoridades británicas estaban convencidas del fracaso de la CECA, aparte de que la aceptación de una unión aduanera con un arancel externo unificado acabaría con su sistema preferencial establecido con los países de la Commonwealth [1]. Pero la progresiva independencia de sus antiguas colonias; el temor a quedar marginada de la integración europea, que estaba teniendo más éxito del previsto y crecía incluso más que el propio Reino Unido; el miedo a perder peso en favor de Francia o Alemania o que la EFTA [Asociación Europea de Libre Comercio creada por iniciativa de Londres el 4 de enero de 1960] careciera de la fuerza suficiente para hacer sombra a la incipiente Comunidades Europeas, acabaron por inclinar la balanza en favor de pedir la incorporación.

La solicitud formal del Reino Unido de ingresar en la CE se produjo el 9 de agosto de 1961. Año y medio más tarde, el 14 de enero de 1963, Charles de Gaulle, Presidente de la República Francesa, declaró que su país abrigaba dudas sobre la voluntad política del Reino Unido de ingresar en la Comunidad, tras lo cual se suspendieron las negociaciones de adhesión no solo de los británicos sino también de los irlandeses, daneses y noruegos. Transcurrieron otros cuatro años hasta que el 11 de mayo de 1967 se produjo una nueva solicitud del Reino Unido –seguida por las de Irlanda y Dinamarca y, poco después, de Noruega– pero el general de Gaulle continuó mostrándose reacio a aceptar la adhesión británica. Recordemos que entonces, como ahora, la incorporación de nuevos Estados requiere la unanimidad de todos los miembros.


El cambio de criterio se produjo en 1969 cuando George Pompidou accedió al Elíseo y, en julio de ese mismo año, el Consejo pudo reanudar el examen de la solicitud de adhesión a la CEE del Reino Unido, Dinamarca, Irlanda y Noruega, sin el veto francés, y pedir a la Comisión que actualizara su dictamen de septiembre de 1967; lo cual se produjo el 10 de agosto con un dictamen suplementario que se presentó el 1 de octubre. Como consecuencia, el 30 de junio de 1970 se iniciaron las negociaciones de adhesión con los cuatro futuros candidatos que concluyeron –con dos sorpresas– el 1 de enero de 1973, cuando la Europa de los Seis [Francia, Alemania, Italia y BENELUX] se convirtió en la Europa de los Nueve [con la adhesión de Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido] porque Noruega, in extremis y después de haber firmado la adhesión, decidió retirarse tras consultárselo a sus ciudadanos (su decisión estuvo influida por cómo afectaría su incorporación a los sectores pesquero y agrícola noruegos). El segundo imprevisto fue la decisión del Gobierno de París de convocar un referéndum –el 23 de abril de 1972– para preguntar a los franceses si ellos también estaban de acuerdo en ampliar la CE de 9 a 12 miembros (ganó el sí con el 68,3% frente al 31,6% que votó no).

Gran Bretaña ya formaba parte de las Comunidades Europeas pero, aun así, los partidos políticos británicos redoblaron sus esfuerzos para revisar el Tratado de Adhesión y limitar sus aportaciones al presupuesto comunitario. El 9 de abril de 1975, 369 miembros de la Cámara de los Comunes votaron a favor de la pertenencia del Reino Unido frente a 170 en contra; aun así, bajo la presidencia de Irlanda, los laboristas cumplieron sus promesa de convocar un referéndum popular para que el pueblo btitánico manifestara su opinión acerca de la integración [1]. En aquel caso, el 5 de junio de 1975, ganó la permanencia [Brimain] con el 67,2% de los votantes declarándose a favor de que Gran Bretaña siguiera perteneciendo a la Comunidad.

Citas: [1] MARTÍN DE LA GUARDIA, R. y PÉREZ SÁNCHEZ, G. Las sucesivas ampliaciones. En BENEYTO PÉREZ, J. Mª (Dtor). Tratado de Derecho y Políticas de la Unión Europea. Tomo I. Cizur Menor: Aranzadi, 2009, pp. 154-155 y 163. [2] Las fechas y los datos han sido contrastados en el portal de la Unión Europea en internet.

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