viernes, 2 de noviembre de 2012

La Constitutio Criminalis Carolina

Tres años después de heredar el trono de España, los príncipes electores alemanes nombraron káiser del Sacro Imperio Romano Germánico al emperador Carlos I, con el nombre de Karl V (Carlos V). Ocurrió en Fráncfort (Hesse) el 28 de junio de 1519. Por aquel entonces, el territorio de la actual República Federal se encontraba fragmentado en numerosos y pequeños estados bajo una pluralidad de leyes que los jueces aplicaban discrecionalmente de acuerdo con su propio criterio. Para evitar esa falta de imparcialidad, el nuevo monarca recopiló toda aquella normativa bajo un único cuerpo legal al que se conoce con diversos nombres: Carolina, Lex Carolina, Peinliche Halsgerichtsordnung Karls V o, simplemente, CCC, por las iniciales de su denominación en latín, Constitutio Criminalis Carolina, que a pesar de lo que sugiere su nombre, incluyó tanto normas civiles como penales porque, de acuerdo con la tradición germánica, entonces no solía distinguirse entre ambas jurisdicciones.

El texto de la Carolina –inspirado en las reformas que el barón Johann von Schwarzenberg había implantado en la ciudad bávara de Bamberga, en 1507, para enjuiciar los procesos criminales (la llamada Constitutio Criminalis Bambergensis)– fue ratificado por el monarca en la Dieta Imperial que se celebró en Ratisbona (Baviera), en 1532. Aunque en un primer momento se aprobó con carácter supletorio a las demás normas preexistentes –con el fin de lograr el visto bueno de los distintos gobernantes locales– la CCC acabó convirtiéndose en un verdadero Código Penal, para dar seguridad y unificar aquella pluralidad normativa y, con el tiempo, en la base histórica sobre la que se estableció el Derecho Penal alemán.

La recopilación de Carlos V tipificó como delito la comisión de ciertas conductas (asesinato, homicidio, blasfemia, robo, brujería, sodomía, incesto, incendios provocados, etc.) permitiendo que los magistrados recurrieran al uso de los tormentos para lograr la confesión de los acusados mediante la aplicación de torturas (en especial, la ordalía) que se generalizaron sobre todo en los procesos contra las brujas. La condena podía incluir tanto penas corporales (flagelación) como la pena de muerte (castigada con la hoguera, la horca, el desmembramiento, etc.).

La importancia de la CCC radica en la implantación del Derecho Romano en el mundo germánico, con una idea cercana al humanismo (las penas seguían siendo crueles pero, al menos, se logró que a comienzos del siglo XVI fuesen proporcionales a la gravedad de los delitos), se desarrolló el concepto de culpabilidad, la reparación de los daños causados, la aplicación judicial de la analogía e incluso fue el origen normativo de los actuales Institutos de Medicina Legal al establecer que los médicos debían intervenir como peritos en aquellos procesos judiciales donde se requiriera su conocimiento profesional para aclarar las circunstancias de cada caso.

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