lunes, 7 de septiembre de 2015

El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS)

Cuando finalizó la Guerra de Vietnam, los dos países enfrentados se reunificaron el 2 de julio de 1976 bajo la denominación de República Socialista de Vietnam; pero aquella unión no trajo consigo la paz a esta antigua colonia de la Indochina francesa y, antes de que terminara esa misma década, el gobierno de Hanói ya tenía abiertos dos nuevos conflictos armados con China y el régimen camboyano de los jemeres rojos; mientras tanto, en el interior del país la represión se recrudeció, en especial, contra los ciudadanos de algunas etnias y los presos políticos recluidos en campos de reeducación; una política que impulsó a cerca de 800.000 vietnamitas a huir de su propio país en barco [los refugiados del mar, según ACNUR; o boat people, de acuerdo con la expresión en inglés], con destino a Filipinas, Tailandia, Malasia o Singapur, originando una grave crisis humanitaria porque muchos habían sufrido persecución en Vietnam, trauma en alta mar y duras condiciones en campamentos de refugiados de países del sudeste de Asia que sólo de mala gana aceptaron su presencia temporal. Fue entonces cuando Pedro Arrupe –un sacerdote bilbaíno que, desde 1965, era el Prepósito General de la Compañía de Jesús– se vio impresionado por la difícil situación de miles de refugiados expulsados de sus hogares en Vietnam y, el 14 de noviembre de 1980, decidió fundar el Servicio Jesuita a Refugiados [Jesuit Refugee Service (JRS)]. En la visión de Arrupe –como ha reconocido Peter Balleisel JRS coordinaría la respuesta de la Compañía en forma de servicios humanos, pedagógicos y espirituales.

Hoy en día, este servicio se define como una organización católica internacional que trabaja en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos. La misión confiada a JRS comprende a todos los que han sido apartados de sus hogares por los conflictos, los desastres humanitarios o las violaciones de los derechos humanos, de acuerdo con la enseñanza social católica que define como refugiado "de facto" a múltiples categorías de personas. En 2010, al celebrar su 30º aniversario, su coordinador internacional de comunicación, James Stapleton, recordó que a lo largo de estos 30 años, el JRS se ha mantenido fiel a su misión: ir adonde la necesidad sea mayor y marcharse sólo cuando los retos de los refugiados hayan sido ya resueltos.

Como referencia, este servicio se basa en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, adoptada en Ginebra (Suiza) el 28 de julio de 1951, pero emplea una definición más amplia de "refugiado", de acuerdo con el documento Los refugiados: un desafío a la solidaridad que elaboró el Dicasterio sobre Refugiados y Desplazados, en 1992, aceptando la expresión refugiado de facto que incluye a todas aquellas personas perseguidas por su raza, religión, pertenencia a un grupo social determinado, o pertenencia a grupos sociales o políticos; a las víctimas de conflictos armados, políticas económicas erróneas o desastres naturales; y por razones humanitarias, a los desplazados internos, es decir, a los civiles que han huido de sus hogares por las mismas razones que los refugiados, pero que no han cruzado la frontera de su país [MAGRIÑÀ, L. Aprendiendo de los refugiados. Sal Terrae, tomo 93/5, mayo 2005, pp. 359 y 360].

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