miércoles, 27 de mayo de 2026

La exención tributaria por matar a Goliat

Los ancianos de Israel fueron en busca de Samuel a la ciudad de Ramá, donde el juez tenía su casa, para decirle: Tú ya eres viejo y tus hijos no siguen tus caminos. Ahora, danos un rey para que nos gobierne como tienen todas las naciones. El profeta invocó a Yahvé para saber cómo debía actuar ante esa petición y Dios le pidió que la cumpliera pero advirtiendo al pueblo de cuáles serían –a partir de entonces– los derechos del rey que gobernaría sobre ellos: Os cobrará los diezmos de vuestras mieses y de las viñas para dárselos a sus eunucos y oficiales, (...) os exigirá el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus esclavos. Entonces, levantaréis el grito a causa del rey que vosotros mismos habéis elegido. Un diezmo era un tributo que se pagaba al rey, cuyo importe era un 10% del producto (DPEJ).

A pesar de la advertencia, el pueblo israelí no quiso escuchar a Samuel y, de nuevo, insistieron: Debemos tener un rey y así seremos como todas las naciones; nos juzgará, marchará a nuestra cabeza y combatirá nuestros combates.

Pon un rey sobre ellos –le dijo Yahvé al anciano juez– Mañana a esta hora te enviaré un hombre de la Tierra de Benjamín, tú le ungirás como jefe de mi pueblo Israel para que lo salve de la mano de los filisteosY así fue. Aquel hombre –Saúl– gobernó a los israelitas entre los años 1050 y 1012 a.C., aproximadamente, y su reinado estuvo marcado por la idolatría, su paulatina pérdida de la razón y las continuas guerras con todos sus vecinos; en especial, los filisteos y –sobre todo– contra el gigante Goliat cuya estatura era de seis codos y un palmo (casi tres metros de altura).

Caravaggio
David con la cabeza de Goliat (1609)

Delante de su fuerza descomunal, los soldados de Saúl huían al verlo con gran miedo; por lo que el rey tuvo que pensar cómo incentivar a sus propias tropas para que lucharan contra aquel gigante. Para vencerlo, el primer rey de Israel prometió a quien lo matara que lo colmaría de riquezas, le daré a mi hija y la casa de su padre quedará exenta; es decir, que matar a Goliat –entre otras compensaciones– suponía dejar de pagar tributos al monarca. En el ámbito impositivo, una exención, como sabemos, es una relajación de la norma tributaria, habiéndose producido el hecho imponible, en cuanto a la obligación principal del pago de la deuda (DPEJ).

El resto de la historia –como narra el I Libro de Samuel– es de sobra conocido: entre los israelitas apareció un joven llamado David que sacó una piedra de su zurrón y la lanzó con una honda, clavándosela en la frente a Goliat, que cayó de bruces en la tierra. El joven tomó su espada y, sacándola de la vaina, le remató y le cortó la cabeza. Después, David se casó con su hija menor –Micol– y, cuando el monarca se suicidó matando a sus propios hijos, subió al trono de Israel y mantuvo la Hacienda de su Imperio gracias al saqueo de las tribus vecinas, a las que venció; a los tributos que les obligó a pagar y a las tasas que debían abonar las caravanas cuando su ruta atravesaba Israel.

PD: después de Saúl y David, en Israel reinó Salomón. Pulsa aquí si no diferencias bien entre tributos, impuestos, tasas, contribuciones...

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