El método contable del debe y ha de haber, que se venía utilizando en la Toscana desde finales del siglo XIII, se extendió muy pronto a otras regiones italianas (Véneto, Lombardía y Piamonte). Por aquel entonces, este sistema para registrar las operaciones, de forma que cada partida asentada en el debe tuviera su propia contrapartida en el haber, coincidió con algunas circunstancias que favorecieron su implantación: mejoró la situación socioeconómica, que fomentó el desarrollo del comercio; se instalaron las primeras fábricas de papel, mucho más asequible que el pergamino para encuadernar los libros de cuentas (requisito consustancial de este sistema –a diferencia del método del pliego horadado– porque la encuadernación garantizaba que no se pudieran añadir –o eliminar– anotaciones de forma fraudulenta) y, sobre todo, porque, definitivamente, se implantó el uso de los números arábigos en lugar de los romanos que, como es fácil de suponer, complicaban sobremanera cualquier multiplicación o división. En ese contexto, dos nombres rivalizan por ser considerados el maestro de este sistema de la cuenta y razón:
Por un lado, se encuentra Benedetto Cotrugli –prácticamente desconocido hasta finales del siglo XIX– que nació en la antigua ciudad de Ragusa, en 1416. Esta hermosa ciudad de la costa dálmata, a orillas del Mar Adriático, fue siempre un lugar estratégico codiciado por los países vecinos; por ese motivo, sus habitantes –los raguseos– acabaron convirtiéndose en hábiles negociadores que supieron adaptarse a las circunstancias de cada momento, lo que años después les salvaría de las tropas otomanas que acabaron conquistando todos los Balcanes excepto a ellos. Esa capacidad de adaptación explica que nuestro protagonista sea conocido por diversas denominaciones en varias lenguas: Benko Kotruljić, Benedikt Kotruljević o Benedictus de Cotrullis.
Su ciudad natal fue una república independiente desde el siglo XIV, cuando la flota de mercaderes raguseos llegó a rivalizar con los venecianos y su puerto se convirtió uno de los más importantes del comercio mediterráneo occidental; hasta que su independencia terminó, a golpe de decreto napoleónico, en 1808, cuando Ragusa fue ocupada y entró a formar parte de las Provincias Ilirias del Imperio de Napoleón y, con el tiempo, primero de aquella amalgama que fue Yugoslavia y después, de Croacia, convirtiéndose –hoy en día– en una de sus localidades más turísticas, ya bajo su nuevo nombre de Dubrovnik.
A pesar de que el nacionalismo croata ha enarbolado la figura de este comerciante, economista y diplomático con la fe de los conversos –les ocurre lo mismo con Marco Polo (nacido en la isla de Kórchula, en 1254, dentro de los actuales límites geográficos de Croacia)– lo cierto es que Benedetto residió casi toda su vida lejos de Ragusa, en concreto, en Nápoles; ciudad que, por aquel entonces, estaba bajo dominio de la Corona aragonesa. Fue allí donde ejerció diversos cargos públicos en la corte de Alfonso V de Aragón que le permitieron entrar en contacto con los movimientos humanistas y con un nuevo sistema para llevar los libros de cuentas; según el cual, cada partida asentada en el debe tenía su propia contrapartida en el haber.
Fruto de aquellos conocimientos, el 25 de agosto de 1458 acabó de escribir su obra Della mercatura et del mercante perfetto, en italiano; dedicando el contenido del capítulo 13 del libro I –apenas cuatro páginas– a la partida doble, bajo el título Dell´ordine di tenere le scritture mercantilmente; es decir, casi cuarenta años antes que el tratado de Pacioli. El problema es que el libro de Cotrugli permaneció inédito hasta su publicación en 1573, también en Venecia, por mediación de otro “croata” que vivía en la ciudad de los canales, el filósofo y matemático Franjo Petrić (más conocido por su nombre italianizado: Francesco Patrizio).
Es muy probable que tanto Pacioli como Cotrugli bebieran de las mismas fuentes, sólo que el primero lo explicó de forma mucho más detallada, completa y exhaustiva que el segundo y, además, tuvo la suerte de publicarlo antes. Estos hechos han dado pie a algunas conjeturas especulando si Pacioli habría copiado la obra de Cotrugli porque ambos textos presentaban numerosas coincidencias; algo lógico, si tenemos en cuenta que los dos trataban de explicar el mismo sistema. De todos modos, ante cualquier duda, basta con leer las dos obras para que desaparezcan las sospechas: Pacioli escribió un verdadero tratado contable y Cotrugli simplemente estableció unas reglas muy genéricas, mencionando la partida doble –casi, de paso– al hablar de los conocimientos que debía tener el “comerciante perfecto”.
Siendo honestos, puede que fuese brevemente pero no cabe duda de que nos encontramos ante el germen de la partida doble cuando Benedetto Cotrugli escribió que: Ogni partita che si scrive in libro grande debbe essere scripta due volte, una volta facciendo debitore colui che de´dare, l´altra volta facciendo creditore colui che de´havere [Todas las partidas que se anotan en el libro deben estar asentadas dos veces, una vez haciendo deudor al que debe dar, y la otra vez haciendo acreedor al que ha de haber]. Asimsimo, Cotrugli consideraba que los mercaderes no debían hacer sus negocios de memoria sino sabiendo ordenar sus escrituras, en la forma debida; para lo cual, propuso que llevasen, por lo menos, tres libros: il Memoriale (el Borrador); il Giornale (el Libro Diario) e il Quaderno (el Libro Mayor). Las partidas se escribían primero en el Diario y después se pasaban al Mayor. En el Borrador, el comerciante tenía que escribir todos los contratos, compromisos, cambios, etc. antes de que diesen origen a un asiento en el Diario. Y poco más. Él mismo concluyo su capítulo 13 diciendo que con lo dicho bastaba, en honor a la brevedad, para no pecar de prolijo.
Tras su primera edición veneciana (en 1573), su libro se tradujo al francés y apareció en Lyon, en 1582, bajo el título Traité de la marchandise et du parfait marchand. Esta no fue, sin embargo, su única obra, Cotrugli también fue autor de otros manuscritos: De uxore ducenda, Della natura dei fior y, sobre todo, De Navigatione, de 1464, que se convirtió en un auténtico manual de la navegación, muy preciso y detallado; fue el primero que se conoció en Europa y se convirtió en un adelantado para su tiempo al plantear, por ejemplo, la influencia de la Luna en las mareas.
Cinco años más tarde, en 1469, el precursor de la contabilidad por partida doble falleció en la ciudad de L´Aquila (Abruzos, actual centro de Italia).
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| Jacopo de'Barbari (1495) Luca Pacioli demostrando uno de los teoremas de Euclides |
Y, por alusiones, por otra parte tenemos a fray Luca Pacioli, nacido en el pequeño burgo de Sansepolcro (en la actual provincia de Arezzo, Toscana) en 1445. Fue uno de los grandes hombres del Renacimiento. Era monje franciscano, experto en álgebra y aritmética, profesor de matemáticas, creador de la sección áurea (el número de oro ó divina proportione, simbolizada en la letra griega phi: φ = 1,618034... como ideal de la belleza), pionero en el cálculo de probabilidades y autor de numerosos estudios sobre la proporcionalidad, con su amigo Leonardo da Vinci.
Para el profesor Esteban Hernández Esteve: (...) Pacioli fue un miembro ilustre y paradigmático del Renacimiento económico y comercial, que se anticipó en un siglo o siglo y medio al Renacimiento en el sentido clásico del término, y que encontró su culminación en el fraile franciscano, sobre todo en su obra máxima, la Summa, con la exposición de su tratado sobre contabilidad y con todas sus explicaciones y ejemplos de problemas matemáticos relacionados con temas mercantiles, materializando la parte comercial y económica del movimiento renacentista, que tan desconocida e ignorada ha sido hasta ahora, a pesar de su importancia por su significación revolucionaria y ser la suministradora inicial que procuró buena parte de los fondos con que se financió el movimiento. Por ello bien se merece que a los muchos méritos que reúne Luca Pacioli le unamos también el título de abanderado del Renacimiento comercial y económico, pues fue él quien redondeó, completó y puso de manifiesto, a su manera, las importantes innovaciones aportadas en los siglos XIII, XIV y XV por los comerciantes que se situaron con un adelanto de siglo o siglo y medio sobre sus congéneres del resto de Europa, y que la dotaron de unos instrumentos de comercio y banca que todavía perviven y son utilizados hoy [HERNÁNDEZ ESTEVE, E. "El Magisterio de Luca Pacioli a los 500 Años de su Muerte". En: De Computis: Revista Española de Historia de la Contabilidad, 2017, vol. 14, nº 27, p. 27].
El citado libro Summa di Arithmetica, Geometrica, Proportioni et Proportionalità fue publicado en Venecia, en 1494; se trata de una obra muy detallada, lógica y con un marcado carácter divulgativo aunque también peca –a decir de los expertos– de cierta redacción algo farragosa, por mezclar el latín vulgar con términos italianos y de otras lenguas (imbroglio –maraña– lo llamó su propio autor) y porque los asientos no se formularon con una concisa anotación sino mediante párrafos muy profusos; aún así, Pacioli tuvo la virtud de reunir, en poco menos de treinta páginas, el primer tratado que recopilaba sistemáticamente los conceptos del método de la partida doble.
Por ese motivo, en 1896, el checo Karl Peter Kheil –uno de los grandes precursores de la historia contable– fue muy claro a la hora de valorar quién fue el auténtico maestro: (…) aunque Cotrugli escribió su tratado 36 años antes que el de Pacioli, no puede considerársele como primer maestro de la partida doble, pues (…) no vio la luz de la publicidad su trabajo hasta 79 años después de la edición de la obra Summa de Arithmetica, la que verdaderamente propagó ese sistema de cuenta y razón.



Muy buen post.. CLARO Y PRECISO!!
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