lunes, 23 de mayo de 2011

El plagio de Verdi

Víctor Hugo (1802-1885) fue un afamado escritor francés, autor de obras tan conocidas como Los miserables o Nuestra Señora de París, la popular historia de la hermosa gitana Esmeralda y el jorobado Quasimodo; pero también fue un buen poeta, dibujante, pintor e incluso político, marcado por su carácter europeísta. Como dramaturgo, se inspiró en la vida del rey Francisco I para escribir la obra de teatro El rey se divierte que, en su estreno (1832), fue muy polémica por culpa de la censura real. El 23 de noviembre de aquel año, una orden del Consejo de Ministros ordenó que se suspendiera la representación del drama y, al día siguiente, fue prohibida por un acto ministerial inaudito, en opinión del propio Víctor Hugo, quien llegó a escribir que la libertad del teatro está implícitamente consignada en la Constitución como las demás libertades del pensamiento. El drama llegó a ofender el pudor de los gendarmes: la brigada Leotand presenció la primera representación y la encontró obscena (…) y Vidocq se ha ruborizado. El argumento cuenta los enredos del deforme bufón de palacio, Triboulet, para lograr que el monarca seduzca a todas las jóvenes de la Corte; el destino se vengará de este personaje cuando el rey se encapriche de su propia hija y el malvado bufón se vea castigado por el padre de otra joven.

Giuseppe Verdi (1813-1901) es, probablemente, uno de los mejores compositores de ópera de todos los tiempos por Nabucco, Otello, Aida, Don Carlos, Macbeth…. o Rigoletto; esta obra se estrenó en Venecia el 11 de marzo de 1851 y cuenta la historia del jorobado bufón Rigoletto, que se burla de toda la Corte del Duque de Mantua –la escena en la que el tenor interpreta La donna è Mobile es uno de los fragmentos operísticos más famosos– ayudándole a seducir a las hijas de los aristócratas, hasta que el Duque conoce a la propia hija del bufón y los cortesanos se vengan por las continuas burlas.

Exceptuando la “localización” del texto –se cambió París por Mantua– y los nombres, Verdi plagió el argumento de Víctor Hugo. El dramaturgo francés trató de hacer valer sus derechos de autor pero, finalmente, acabó reconociendo su admiración por la ópera del italiano a pesar de que no le solicitara permiso para adaptar el drama teatral al libreto operístico. Aun así, Víctor Hugo fue un ferviente defensor de la propiedad intelectual y –junto con Balzac y Dumas– creó una asociación profesional de escritores en 1838 para defender sus derechos, la Societé des Gens de Lettres, que aún existe.

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