lunes, 6 de junio de 2011

Palabras sueltas (IV): ahimsa, mita y Garduña

Desde 2007 -en recuerdo de la fecha de nacimiento del Mahatma Gandhi- cada 2 de octubre se celebra el Día Internacional de la No Violencia, (…) reafirmando la importancia universal de este principio y abrigando el deseo de asegurar una cultura de paz, tolerancia, entendimiento y no violencia (tal y como estableció la resolución de la ONU A/RES/61/271, de 27 de junio de 2007). Gracias a Gandhi, Occidente descubrió este concepto de la no violencia [ahimsa, en sáncrito; en contraposición a himsa (daño)], una práctica que purifica y que tienen en común las creencias hinduistas, budistas y jainistas. Como dijo el carismático líder indio, la no violencia es la mayor fuerza a la disposición de la humanidad. Es más poderosa que el arma de destrucción más poderosa concebida por el ingenio del hombre. Una forma de concebir la vida que Gandhi resumió en 1927: Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar.

En el otro extremo del mundo, los incas (siglos XIII a XVI) tenían una institución llamada mita (turno, en quechua) que obligaba a los campesinos o mitayos a trabajar en beneficio de la comunidad. Esta prestación social se cumplía labrando el campo, reparando templos, construyendo caminos, extrayendo mineral de la mina, luchando en la guerra, etc. a cambio de que el Inca –el hijo del sol (máxima autoridad del mayor imperio que conoció la América precolombina)– los alimentara y equipara para desempeñar ese trabajo. Su duración dependía del turno colectivo que se asignara a cada obrero.

Por último, la Garduña –que debe su nombre al pequeño mamífero que la RAE define como un animal nocturno y muy perjudicial, porque destruye las crías de muchos animales útiles– es uno de esos mitos españoles que se diluyen entre la fantasía y la realidad. Sin que existan pruebas concluyentes de su existencia real, se cree que fue una organización criminal secreta que surgió en Toledo a mediados del siglo XV; posteriormente, se desarrolló en Sevilla a la sombra del comercio que surgió con el descubrimiento de América (donde también se instaló) e incluso se dice que pudo ser el origen de la Camorra napolitana (que, por aquel entonces, era un reino que dependía de la Corona española). Miguel de Cervantes reflejó la esencia de esta suerte de precedente mafioso en el personaje de Monipodio, auténtico capo protagonista de su novela Rinconete y Cortadillo. El fin de la Garduña pudo llegar a comienzos del siglo XIX, cuando un manuscrito con los estatutos de la organización apareció en la escena de un crimen y sacó a la luz al supuesto Gran Maestre de la organización, el sevillano Alfonso Cortina, que murió ajusticiado, junto a sus capataces.

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