lunes, 16 de abril de 2012

Caravaggio: los problemas del genio

La violencia, el realismo y ese marcado contraste entre luces y sombras, tan característico de los cuadros de Caravaggio, no dejan de ser el reflejo de los 39 años que vivió el pintor italiano. Una existencia convulsa marcada por su relación con la peor calaña de cada lugar donde residió y por la dinámica de amenazas, denuncias y juicios en los que se vio inmerso por su carácter pendenciero, en permanente huida de la justicia y, finalmente, su condena a muerte por asesinato.

Michelangelo Merisi nació en Milán, en 1571 pero pasó a la historia del arte por el sobrenombre de El Caravaggio, en recuerdo del pequeño pueblo lombardo de donde procedía su familia. Hasta 1606 –cuando mató a Ranuccio Tomassoni en una trifulca al terminar un partido de pelota– su fuerza creativa le procuró algunos éxitos artísticos y sus primeros pleitos. En 1601, Michelangelo fue encarcelado por herir con un palo y una espada a un sargento del castillo de Sant'Angelo. En septiembre de 1603, otro pintor –Giovanni Baglione– lo acusó de difamación en un juicio que llegó a levantar ampollas en la sociedad romana cuando Caravaggio aprovechó la instrucción del sumario para despacharse a gusto contra otros pintores de la época, distinguiendo a los que saben hacer bien su arte de los que no tengo por buenos.

Sin tregua, dos años más tarde hirió con un hacha en la cabeza a un notario que sobrevivió y no presentó cargos contra él; aún así, ni la suerte ni el apoyo de sus mecenas consiguieron evitar su condena a morir decapitado cuando intentó castrar al proxeneta de la prostituta que solía posar para él –Fillide Melandroni– y el hombre acabó muriendo desangrado en el mismo suelo del frontón donde habían estado juntos jugando al trinquete. Era el 29 de mayo de 1606.

Escapó de Roma y pasó el resto de su vida creando sus mejores obras mientras huía de una ciudad a otra: Nápoles, La Valeta –donde también fue encarcelado por organizar una reyerta pero logró fugarse de la prisión con la ayuda de una cuerda–, Siracusa, Mesina, Palermo... siempre perseguido por la Ley. De regreso a Nápoles, en 1607, unos desconocidos le propinaron una paliza que lo dejó desfigurado. Tres años después, el cuerpo de Caravaggio apareció muerto en una playa en Puerto Hércules; probablemente, de malaria. A pesar de su vida –a veces rocambolesca– y de su constante huida de la Justicia, el genio de este artista del tenebrismo marcó la línea que seguirían muchos otros pintores del XVII.

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