lunes, 16 de febrero de 2026

Medioambiente (LVI): el Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria (VHEMT)

Según el Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2023 -elaborado por la División de Comunicaciones y Alianzas Estratégicas del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNPFA)- el 15 de noviembre de 2022 el Planeta Tierra alcanzó la cifra redonda de los 8.000.000.000 de personas. Y añade: (…) Para muchos de nosotros, este hito da algo que celebrar a toda la familia humana, ya que significa que disfrutamos de una vida más larga, un mejor estado de salud y más derechos y libertades que en cualquier otro momento de la historia (…) Sin embargo, buena parte del planeta recibió un mensaje muy distinto. Muchos titulares de prensa lo interpretaron como el peligro de que la Tierra esté al borde de la superpoblación o de que algunos países y regiones estén condenados a la obsolescencia por culpa del envejecimiento. Por algún motivo, al hacer el cómputo de habitantes y batir los récords demográficos, los derechos y el potencial de las personas quedan relegados a un segundo plano con demasiada facilidad. Vemos una y otra vez como las tasas de natalidad se consideran un problema (y también una solución) sin apenas tener en cuenta la capacidad de acción de quienes dan a luz [1].

Cuando la familia humana ha alcanzado la cifra de 8.000 millones, el UNPFA considera que esa cifra es el resultado de una serie de avances históricos para la humanidad en el ámbito de la medicina, la ciencia, la salud, la agricultura y la educación; pero, ese logro también ha supuesto que surja el temor a la “superpoblación” mundial, la percepción de que hay más gente en la Tierra que la que el planeta puede sostener [1]. Y en ese contexto es donde se puede encuadrar el -digamos- peculiar Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria [Voluntary Human Extinction Movement (VHEMT); se pronuncia: vehement].

Según el periodista Alan Weisman: (…) Les Knight, fundador del VHEMT es un hombre reflexivo, de voz suave, elocuente y bastante serio. A diferencia de otros partidarios más estridentes de la expulsión del hombre de un planeta agraviado -como la Iglesia de la Eutanasia, con sus cuatro pilares del aborto, el suicidio, la sodomía y el canibalismo (…)-, Knight no experimenta ninguna clase de misantrópica alegría ante la guerra, la enfermedad o el sufrimiento de nadie. Como maestro de escuela, se limita a plantear problemas matemáticos que le dan siempre la misma respuesta. «Ningún virus podría acabar jamás con los 6.000 millones que somos [en 2007]. Aunque muriera el 99,99 por ciento, seguirían quedando 650.000 supervivientes naturalmente inmunes. En realidad, las epidemias fortalecen a una especie. En 50.000 años podríamos volver a estar fácilmente donde estamos ahora.» La guerra, afirma, tampoco funciona. «Han muerto millones de personas en guerras, y sin embargo la familia humana sigue aumentando. Casi siempre, las guerras alientan a repoblarse tanto a vencedores como a vencidos. El resultado neto suele ser más un aumento que un descenso de la población total. Además -añade- matar es inmoral. El asesinato masivo jamás debe considerarse una forma de mejorar la vida en la Tierra» [2], de ahí que añadieran a su movimiento el adjetivo "voluntario".

Viñeta de Nina Paley

El VHEMT se autodefine como un movimiento -no una organización- impulsado por personas que se preocupan por la vida en el planeta Tierra. No somos solo un grupo de misántropos, antisociales, inadaptados maltusianos, que disfrutamos morbosamente cada vez que azota un desastre a la humanidad. Nada más lejos de la realidad. La extinción humana voluntaria es la alternativa humanitaria a los desastres humanos (*). Lo fundó en 1991 el activista Les U. Knight [Oregón (EE.UU.), 1947], un alegre profesor de secundaria muy preocupado por el medio ambiente que -a su vez- se inspiró en la lectura del biólogo estadounidense Paul Ralph Ehrlich [Pensilvania (EE.UU.), 1932]; coautor, con su esposa Anne, del libro The Population Bomb publicado en 1968.

Les Knight | Foto de M. Trinca para NYT

Por alusiones, para los Ehrlich, la explosión demográfica contribuye a las tensiones internacionales y, por consiguiente, acentúa las posibilidades de un holocausto nuclear [cuando hablamos del origen del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ya tuvimos ocasión de señalar la necesidad que se planteó a mediados del siglo XX de abordar el problema nuclear tras los horrores de la II Guerra Mundial]. En su opinión, entre otras medidas, hay que detener el crecimiento demográfico tan rápida y humanamente como sea posible, e iniciar un lento descenso de la población hacia un volumen que pueda sostenerse a largo plazo, permitiendo a todas las personas disfrutar de una vida digna y productiva [3] porque la explosión demográfica constituye el principal problema ecológico.

Citas: [1] UNPFA. Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2023, pp. 4, 5 y 12. [2] WEISMAN, A. El mundo sin nosotros. Barcelona: Debate, 2007, pp. 330 y 331. [3] EHRLICH, P. R. & EHRLICH, A. H. La explosión demográfica. El principal problema ecológico. Barcelona: Salvat, 1993, pp. 187 y 194.

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