jueves, 25 de noviembre de 2010

La tasa Tobin

En septiembre de 2001, después de una reunión del ECOFIN –habitual denominación del Consejo de Asuntos Económicos y Financieros de los Ministros de Economía y Hacienda de la Unión Europea, en la jerga comunitaria– celebrada en Lieja (Bélgica), la Comisión manifestó que ha seguido atentamente el reciente debate público sobre la globalización, incluido el debate sobre la llamada tasa TobinEl interés comunitario llegó cuatro años más tarde de que el intelectual gallego Ignacio Ramonet realizara un llamamiento –en diciembre de 1997, como editor del periódico francés Le Monde Diplomatique– a favor de una justicia económica global; de aquel artículo surgió la ATTAC, Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras especulativas y la Acción Ciudadana (Action for a Tobin Tax to Assist the Citizen; en inglés), cuya principal reivindicación es, precisamente, la instauración de la mencionada tasa Tobin, olvidada desde que el Premio Nobel de Ciencias Económicas, el estadounidense James Tobin (1918/2002), la propusiera en 1971 para gravar los movimientos especulativos de capitales y aprovechar esta recaudación para ayudar a los países en vías de desarrollo.

Básicamente, la propuesta consistía en gravar cada operación de cambio de divisas con un 0,1% para frenar el paso de una moneda a otra y penalizar, tan sólo, las operaciones puramente especulativas y no las inversiones. Con el dinero recaudado se proporcionaría, por ejemplo, asistencia sanitaria a los habitantes del tercer mundo y se lucharía contra su analfabetismo o la desnutrición.

En la autobiografía que publicó la Academia sueca al concederle aquel galardón, Tobin escribió que se dedicó a estudiar economía porque esta materia le resultaba intelectualmente fascinante para alguien –con talento para el razonamiento teórico y el análisis cuantitativo– como él y porque estaba convencido de que comprendiéndola mejoraría la suerte de la Humanidad; una idea en la que estuvo muy presente el trabajo de su familia (su padre era periodista y su madre, trabajadora social) por lo que conoció, de primera mano, las consecuencias reales del desempleo y la pobreza generados a raíz de la Gran Depresión de finales los años 20.

Considerado como la cara humana del liberalismo, el autor de este tributo de la justicia terminó renegando de su propia tasa al entender que los movimientos antiglobalización le habían malinterpretado. A pesar de todo, en una entrevista que concedió a la UNESCO en 1999, Tobin explicó de nuevo su mecanismo: Las transacciones en los mercados de divisas representan 1,3 billones de dólares diarios. Se les impondría un impuesto muy bajo, digamos 0,1% por dólar por cada transacción. Cada país aplicaría el impuesto sobre las dos transacciones efectuadas en su territorio (de ida en una divisa y de vuelta en la moneda inicial) que sería percibido por sus autoridades tributarias. Quienes deseen efectuar un número apreciable de operaciones de cambio todos los días, o todas las semanas, deberán abonar el impuesto muchas veces. Por consiguiente, la mera existencia de ese impuesto los disuadirá.

En su opinión, con la implantación de una tasa que gravara las transacciones internacionales se reduciría la oscilación de los tipos de cambio, desanimando a los especuladores de divisas y protegiendo las políticas nacionales frente a la dictadura de los mercados.

Como suele ocurrir con todas las teorías, la tasa Tobin tiene sus defensores (limitaría las especulaciones, reforzaría la autonomía de las autoridades monetarias, financiaría los problemas que sufre la Tierra: Hambre, enfermedades, escolarización de la infancia, consecuencias de conflictos armados y desastres naturales, cambio climático, etc.) y sus correspondientes detractores (en el mundo existe una pluralidad de sistemas fiscales como para acordar establecer un impuesto universal; dificultad para fijar el porcentaje uniforme de la tasa y para recaudar, distribuir y asignar ese dinero; problemas políticos, legales, económicos, etc.).

Según las cifras que maneja la ATTAC, con una tasa Tobin del 1%, en un año se podrían recaudar en el mundo hasta 720.000 millones de dólares.

PD: en junio de 2004 Bélgica ya se mostró a favor de implantarla siempre que ocurriese lo mismo en los demás Estados miembros de la Unión y se crease una suerte de eurozona Tobin. Finalmente, gracias al mecanismo de la cooperación reforzada, a falta de un acuerdo comunitario, once Estados miembros [Bélgica, Alemania, Estonia, Grecia, España, Francia, Italia, Austria, Portugal, Eslovenia y Eslovaquia] propusieron a la Comisión Europea establecer un impuesto sobre las transacciones financieras (ITF) que se adoptó por la Decisión del Consejo, de 22 de enero de 2013 (2013/52/UE); una disposición a la que se opuso el Reino Unido, recurriéndola ante el Tribunal de Justicia de Luxemburgo para pedir su anulación en un recurso que, finalmente, se desestimó en la sentencia del asunto C-209/13, de 30 de abril de 2014 [ECLI:EU:C:2014:283].

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