jueves, 25 de noviembre de 2010

La Constitución Europea de 1839

La fecha es correcta aunque resulte difícil de creer: 1839. En aquel año, el asturiano Juan Francisco Siñeriz y Trelles publicó en Madrid una pequeña obra titulada Constitución Europea con cuya observancia se evitarán las guerras civiles, las nacionales y las revoluciones y con cuya sanción se consolidará una paz permanente en Europa de la que se conservan muy pocos ejemplares pero que, afortunadamente, la Junta General del Principado de Asturias recuperó en 2005 con una edición especial para conmemorar el Día de Europa.

En la Gaceta de Madrid de 15 de marzo de 1839 se incluía una curiosa opinión sobre esta obra diciendo que (...) no es voluminosa pero es sustancial y nutritiva; (...) no se apoya en abstractas teorías políticas, sino en verdades luminosas y evidentes al alcance de los menos instruidos y preguntándose (...) ¿Pero será realizable este proyecto o deberá reputarse como uno de aquellos sueños apreciables de un buen corazón?.

Siñeriz, que fue un polifacético pionero e intelectual, nació en Sueiro, en el Concejo de El Franco (Asturias), en 1778. Se licenció en Filosofía por la Universidad de Oviedo y, aunque empezó a estudiar Leyes en la Facultad de Jurisprudencia, no llegó a terminar la carrera; a pesar de ello, fue capaz de publicar grandes obras con un marcado carácter divulgativo sobre cuestiones tan diversas como la política, la economía o el derecho sin ser diplomático, político, legislador ni filósofo como el propio autor decía, modestamente, de sí mismo.

La Junta General del Principado lo destinó a Gran Bretaña en 1809 para solicitar la ayuda británica contra las tropas napoleónicas que habían invadido España. Aquel viaje, junto a otro posterior a Francia, moldearon la personalidad del escritor asturiano y de su pensamiento internacionalista.
Al finalizar la Guerra de la Independencia y con una abundante producción literaria, consiguió que sus obras empezaran a publicarse y que diversas Sociedades y Academias madrileñas le abrieran sus puertas. El éxito le llegó con El Quijote del siglo XVIII aplicado al XIX y con el Compendio del Derecho Real de España estractado de la obra del Doctor don Juan Sala donde consiguió simplificar aquella obra demasiado voluminosa y poner su contenido al alcance de los estudiantes en las universidades y de los abogados en sus despachos con el objetivo de disminuir los pleitos y las fatales y funestas consecuencias que originan en la sociedad.

Sin embargo, la obra que lo convirtió en un verdadero adelantado para su tiempo fue el opúsculo que dedicó a la Constitución Europea, 118 años antes de que se firmara el Tratado de Roma, origen de la actual Unión Europea.

En sus páginas, el escritor detallaba los cimientos sobre los que debía basarse esta norma: la creación de una confederación europea; el establecimiento de una alianza continental, para evitar las guerras civiles y las revoluciones y consolidar una paz permanente y, finalmente, un Supremo Tribunal de Justicia para decidir de las reclamaciones y derechos de unas naciones respecto a otras.

Partiendo de ese convencimiento, Siñeriz concluyó que (...) si sobre estas bases llegáis a hacer una ley fundamental para toda Europa, y guardáis su observancia, seréis invencibles, y reinará la paz entre vosotros.

Cuesta creer que aquel texto, tan europeísta, fuese escrito hace más de siglo y medio. Su autor, un verdadero precursor de la actual Europa de los 27, falleció en Madrid en 1857.

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