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El esfuerzo que desarrolló la
Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos (
COPUOS, por sus siglas en inglés), en el marco de las Naciones Unidas, durante las primeras décadas de la carrera espacial -años 60 y 70 del siglo XX- dio como resultado que
la Asamblea General de la ONU aprobase un cuerpo de diversos instrumentos jurídicos como el “Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre”, el “Acuerdo sobre el Salvamento”, el “Convenio sobre la Responsabilidad”, el “Convenio sobre el Registro” o el “Tratado de la Luna”. En su conjunto, ese
Derecho Internacional del Espacio que impulsó, precisamente, la aplicación del Derecho Internacional en el espacio, se conoce con el nombre de
Corpus iuris spatialis. A simple vista podría parecer que, con el cambio de siglo, la regulación de ese ámbito hubiera salido fuera de la agenda de la ONU; pero no es así, aunque es cierto que el contexto ha cambiado mucho y ahora la iniciativa de la COPUOS convive con la adopción de compromisos políticos (por ejemplo: la «
Declaración de Bogotá» sobre la órbita geoestacionaria, de 1976); iniciativas privadas (el «
Instrumento Internacional de Buenos Aires sobre la protección de la atmósfera por daños causados por residuos espaciales», de 1994); convenios multilaterales de carácter voluntario y no vinculantes (los «
Acuerdos Artemisa», de 2020) e incluso la fuerza de la costumbre («
Punto Nemo», el cementerio de naves espaciales en el Océano pacífico Sur).
Por ejemplo, el 73º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU (2018-2019) resultó muy significativo porque se celebró el 50º aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Exploración y Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos (UNISPACE+50); y la conmemoración brindó la oportunidad de examinar la situación de la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos y definir su contribución futura a la gobernanza global de las actividades en el espacio ultraterrestre.
Por un lado, la A/RES/73/6, de 26 de octubre de 2018 celebró el mencionado quincuagésimo aniversario [UNISPACE+50] con el lema: el espacio como motor del desarrollo sostenible; donde la Asamblea quiso, de nuevo, poner de relieve que en los últimos 50 años la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos y sus subcomisiones, con el apoyo de la Oficina de Asuntos del Espacio Ultraterrestre, han ofrecido una plataforma excepcional para promover la cooperación internacional en las actividades espaciales a todos los niveles, fomentar el diálogo entre los países con capacidad espacial y los que comienzan a adquirirla, intensificar las actividades de creación de capacidad para los países en desarrollo y seguir configurando la gobernanza mundial de las actividades en el espacio ultraterrestre en beneficio de las personas y el planeta.
La resolución también reconoció que se han producido cambios significativos en la estructura y el contenido de las actividades espaciales, como se refleja en la aparición de nuevas tecnologías y el número cada vez mayor de participantes en esas actividades, y reconociendo a este respecto las ventajas de fortalecer la gobernanza mundial de las actividades en el espacio ultraterrestre; pero, asimismo, se mostró convencida de la necesidad de que la COPUOS y sus subcomisiones sigan ocupándose de las cuestiones que surjan de las actividades comerciales en el espacio ultraterrestre y estudiando la forma en que esas actividades podrían contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Por último, destacó la necesidad de asegurar la sostenibilidad a largo plazo de las actividades en el espacio ultraterrestre y en particular la necesidad de abordar el difícil reto que plantean los desechos espaciales, y convencida de la necesidad de fortalecer, por conducto de la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos, la cooperación internacional para alcanzar esos objetivos y contribuir al logro de una visión compartida del futuro en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre con fines pacíficos en beneficio e interés de toda la humanidad.
Y, por otro, mes y medio más tarde, la A/RES/73/91, de 7 de diciembre de 2018, sobre Cooperación internacional para la utilización del espacio ultraterrestre con fines pacíficos, dejó muy claro y de forma expresa que la plataforma única a nivel mundial para la cooperación internacional en actividades espaciales que representan la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos y su Subcomisión de Asuntos Científicos y Técnicos y su Subcomisión de Asuntos Jurídicos, con la asistencia de la Oficina de Asuntos del Espacio Ultraterrestre de la Secretaría [United Nations Office for Outer Space Affairs (UNOOSA)].
Es decir, aun reconociendo el papel relevante de las iniciativas emprendidas en los planos nacional, regional, interregional e internacional en el sentido más amplio, bajo los auspicios de la Comisión se ha continuado trabajando y, buena muestra de ello, son las Directrices relativas a la sostenibilidad a largo plazo de las actividades en el espacio ultraterrestre [que se aprobaron en Viena (Austria) durante su 62º período de sesiones (del 12 al 21 de junio de 2019)]; sostenibilidad que se define como: la capacidad de mantener la realización de actividades espaciales indefinidamente en el futuro de modo tal que se logren los objetivos del acceso equitativo a los beneficios de la exploración y utilización del espacio ultraterrestre con fines pacíficos, a fin de atender las necesidades de las generaciones presentes y, al mismo tiempo, preservar el medio espacial para las generaciones futuras (§5).
En sus antecedentes, la COPUOS afirma que: La elaboración de directrices facultativas presupone el convencimiento de que el espacio ultraterrestre debería seguir siendo un entorno operacionalmente estable y seguro que se mantiene para fines pacíficos y que está abierto a la exploración, la utilización y la cooperación internacional por parte de las generaciones presentes y futuras, en interés de todos los países, independientemente de su grado de desarrollo económico o científico, sin discriminación de ninguna índole y teniendo debidamente en cuenta el principio de equidad El propósito de las directrices es ayudar a los Estados y a las organizaciones internacionales intergubernamentales, individual y colectivamente, a mitigar los riesgos relacionados con la realización de actividades en el espacio ultraterrestre, de manera que se puedan mantener los beneficios actuales y se puedan aprovechar las oportunidades futuras En consecuencia, la aplicación de las directrices relativas a la sostenibilidad a largo plazo de las actividades en el espacio ultraterrestre debería promover la cooperación internacional en la utilización y exploración del espacio ultraterrestre (§4).
El propósito de estas directrices facultativas -es decir, son voluntarias y no son jurídicamente vinculantes en virtud del derecho internacional (§15)- es apoyar a los Estados a realizar actividades destinadas a preservar el medio espacial para que todos los Estados y organizaciones internacionales intergubernamentales puedan explorar y utilizar el espacio ultraterrestre con fines pacíficos (§7); promueven la cooperación y la comprensión internacionales para hacer frente a los peligros tanto naturales como antropógenos que pudieran suponer un riesgo para las operaciones de Estados y de organizaciones internacionales intergubernamentales en el espacio ultraterrestre, así como para la sostenibilidad a largo plazo de las actividades en el espacio ultraterrestre (§8); y con la finalidad de apoyar la preparación de las prácticas y los marcos de seguridad nacionales e internacionales para realizar actividades en el espacio ultraterrestre, al tiempo que ofrecen flexibilidad para adaptar dichos marcos y prácticas a las circunstancias nacionales específicas (§9). Todo ello contando con que los tratados y principios de las Naciones Unidas sobre el espacio ultraterrestre existentes constituyen el marco jurídico fundamental de las directrices (§14).
Finalmente, incluye veintiuna directrices agrupadas en cuatro grandes ámbitos:
- Marco de políticas y de regulación para las actividades espaciales (como, por ejemplo, supervisar las actividades espaciales nacionales);
- Seguridad de las operaciones espaciales (adoptar medidas para hacer frente a los riesgos vinculados a la reentrada no controlada de objetos espaciales);
- Cooperación internacional, creación de capacidad y sensibilización (promover una mayor conciencia sobre las actividades espaciales); y
- Investigación y desarrollo científicos y técnicos (investigar y estudiar nuevas medidas para gestionar la población de desechos espaciales a largo plazo).
En plena eclosión de empresas privadas que ofrecen sus servicios en el espacio ultraterrestre (SpaceX, Blue Origin, Virgin Galactic, etc.), las directrices se refieren a ellas de forma velada en los antecedentes -al reconocer la evidencia de que el entorno orbital espacial de la Tierra constituye un recurso limitado que es utilizado por un número cada vez mayor de Estados, organizaciones internacionales intergubernamentales y entidades no gubernamentales- y en la directriz C1 (Promover y facilitar la cooperación internacional en apoyo de la sostenibilidad a largo plazo de las actividades en el espacio ultraterrestre) al afirmar que: la cooperación internacional, según proceda, debería contar con la participación de los sectores público, privado y académico y, entre otras cosas, puede incluir el intercambio de experiencias, conocimientos científicos, tecnología y equipo para las actividades espaciales sobre una base equitativa y mutuamente aceptable.
De estas directrices se hizo eco la Comunicación conjunta al Parlamento Europeo y al Consejo [«Un enfoque de la UE en materia de gestión del tráfico espacial. Una contribución de la UE para hacer frente a un desafío mundial»] de 15 de febrero de 2022: (…) actualmente existen muy pocas normas mundiales sobre la conducta en el espacio ultraterrestre. A pesar de los notables logros alcanzados a nivel de las Naciones Unidas [COPUOS elaboró veintiuna directrices relativas a la sostenibilidad a largo plazo de las actividades en el espacio ultraterrestre], el desarrollo de un enfoque integral en el plano internacional está sujeto a importantes obstáculos diplomáticos y políticos, que hacen que la urgencia de adoptar medidas al respecto sea más apremiante.
PD: como curiosidad, España se incorporó a la COPUOS mediante la A/RES/35/16, de 3 de noviembre de 1980. En 2024, la Comisión contaba con 104 Estados tras la adhesión ese año de Yibuti y Letonia.
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