lunes, 8 de noviembre de 2021

El «Caso Murri»

Si a finales del XIX Francia vivió con auténtico furor la polémica del «Caso Dreyfus», con el cambio de siglo, Italia se conmocionó por un asesinato que enfrentó a la prensa, la política y la sociedad en bandos irreconciliables, a favor y en contra de la familia Murri; por ese motivo, la escritora italiana Barbara Baraldi, experta en la crónica negra de Bolonia (Emilia-Romaña), no duda en calificarlo como il primo caso “mediatico” d'Italia porque tuvo un´immensa risonanza sugli organi di informazione dell´epoca [1]. El denominado "bel delitto di Bologna" reunió todos los elementos para lograr una inusitada repercusión: la morbosa insinuación de relaciones adúlteras de los acusados, la tragedia golpeando a una respetada familia laica, las implicaciones políticas entre socialistas y conservadores o la intervención de grandes nombres propios de su tiempo –entre otros abogados, por ejemplo, Enrico Ferri y Scipio Sighele representaron los intereses de cada parte– en un largo proceso judicial que, al final, tuvo que celebrarse lejos de Bolonia, en Turín (Piamonte) serenamente, libre de prejuicios, tal y como pidió Ferri, a lo largo de tres años de instrucción (1902-1905).

Tutto cominciò il 2 settembre 1902, quando all'interno della casa di Linda Murri, al 39 di strada Maggiore, venne rinvenuto il corpo senza vita del marito, il conte Francesco Bonmartini, ucciso da ventitré coltellate [1]; es decir, la mañana del 2 de septiembre de 1902 se encontró el cadáver del conde Francesco Bonmartini; marido de Linda, cuñado de Tullio y yerno del prestigioso médico Augusto Murri (una autoridad que no solo destacaba por su ideología progresista, en la que educó a sus hijos, sino por los servicios que prestaba a la Corona de los Saboya que, en aquel momento, reinaban en Italia). El abogado Tullio asestó al marido de su hermana veintitrés puñaladas, incluyendo una que le seccionó la arteria carótida, cinco días antes, el 28 de agosto.


La pareja había contraído matrimonio en 1892 después de que Linda rompiese una relación anterior con Carlo Secchi, alumno de su padre. El conservador conde Bonmartini y su esposa se instalaron en Padua (Véneto) y, hasta que ella solicitó la separación, en 1899, tuvieron dos hijos, al tiempo que Francesco continuaba estudiando Medicina. Al llegar el siglo XX, de regreso a Bolonia, la pareja se reconcilió acordando mantener la imagen de familia unida aunque cada uno hiciera vida por su cuenta; pero aquel pacto se rompió cuando, aprovechando el cargo de su suegro en la prestigiosa facultad boloñesa, el conde quiso obtener un puesto que Augusto Murri le negó por lo que presionó a su mujer para lograrlo, amenazándola con llevarse a los niños con él a Padua si no le nombraban a él para trabajar en la Universidad. En ese contexto, Linda retomó su relación con su antiguo novio de la juventud, el doctor Carlo Secchi, y desahogaba sus penas contándoselas a su hermano que, a su vez, salía con la doncella de los Bonmartini, Rosina Bonetti. El último personaje que entró en escena fue un amigo del asesino confeso, Pio Naldi, un joven médico y ludópata al que Tullio quiso convencer para que lo ayudara a envenenar a su cuñado con el curare facilitado por el Dr. Secchi. Nada salió como estaba previsto y cuando Tullio Murri confesó haber cometido el crimen en una carta que envió a su padre –alegó que en defensa propia– fue el propio Augusto el que acompañó a su hijo a comisaría para que se entregase a la Justicia.

En el proceso que acabó juzgando tras una jaula de barrotes a los hermanos Murri, el amante Secchi, la criada Bonetti y el amigo Naldi destacaron los alegatos de su defensa a cargo de Enrico Ferri: (…) si en el ánimo de quien es arrastrado a la acción se registran oscilaciones, indecisiones, ausencia de calma y de frialdad, hay premeditación en el sentido empírico de la palabra, porque se ha pensado antes, pero no hay premeditación en el sentido que la ley exige y debe exigir (…). Y entonces, en relación con Tullio Murri, si es cierto que pensó antes en el delito, cuando tengáis que responder al terrible interrogante de la premeditación, deberéis considerar no solo si tuvo la frialdad de ánimo, si tuvo un pensamiento firme y preciso, sino que deberéis examinar también el móvil que lo determinó y lo llevó a la turbonada de la acción, porque para que pueda admitirse la premeditación en el sentido legal, deberán concurrir las siguientes condiciones: la frialdad de ánimo, el intervalo de tiempo, la reflexión y el móvil, que sea indicio de perversidad y la abyección de ánimo [2]. En el banco opuesto, defendiendo a la familia Bonmartini, el tribunal fue “arengado”, como él mismo señaló, por otro positivista, el abogado Scipio Sighele; y, por primera vez en la historia judicial italiana, también se contó con la asistencia de expertos en Psiquiatría.

De acuerdo con el veredicto del jurado, el 11 de agosto de 1905, la Corte d´Assise de Turín, presidida por el conservador juez Stanzani, dictó sentencia condenatoria para todos los acusados que fueron confirmadas por el Tribunal Supremo de Roma al año siguiente, al desestimar el recurso interpuesto por los cinco condenados: Tullio, 30 años por homicidio premeditado: Linda, 10 años, por cómplice aunque fue indultada por el rey Victor Manuel III, como medidad de gracia por los servicios de su padre a la Familia Real; Naldi, 30 años, aunque fue liberado a mitad de su condena para ejercer la Medicina; Secchi murió durante su década de reclusión; y, por último, Bonetti, 7 años que cumplió en un hospital psiquiátrico.

Citas: [1] BARALDI, B. 1001 cose da vedere a Bologna almeno una volta nella vita. Roma: Newton & Compton, 2017. [2] GUTIÉRREZ ANZOLA, J. E. “El delito de homicidio en el Código Penal de 1980”. Conferencia dictada por el autor en el Colegio de Abogados de Medellin (Colombia).

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