miércoles, 25 de agosto de 2021

El proceso de integración en Asia

Mientras en América, África, Europa e incluso Oceanía es habitual avanzar en las fases para establecer organizaciones regionales que busquen, en mayor o menor grado, la integración de las naciones de sus respectivos continentes (recordemos que los Arts. 52 a 54 de la Carta de las Naciones Unidas fomentan esa vía de la acción regional); en Asia, en cambio, no ocurre lo mismo. Desde la II Guerra Mundial se han ido creando algunos foros subregionales con voluntad de perdurar –como la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional (SAARC) o la más dinámica Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN)– pero otras iniciativas no tuvieron más remedio que asumir las dificultades para alcanzar sus objetivos y terminaron disolviéndose –por ejemplo, la SEATO (Organización del Tratado del Sudeste Asiático) que existió entre 1954 y 1977– o ni siquiera llegaron a concretarse en firme, quedándose en una mera propuesta, como el Asian Monetary Fund (AMF). ¿Por qué Asia es diferente al resto del mundo y permanece ajena a este proceso?

Para el profesor Díez de Velasco, en Asia, la institucionalización del regionalismo (…) es una idea relativamente nueva. Las características objetivas, geográficas o históricas, no favorecieron hasta época reciente el florecimiento de una concepción similar de la vida y de una interdependencia. Ello va a motivar la ausencia de organizaciones continentales y la aparición en un primer momento de un regionalismo de importación de inspiración americana y ajeno, en buena medidad, a las realidades de la región. (…) La falta de unidad continental explica que el regionalismo voluntarista se identifique geograficamente con subregiones, con cuencas fluviales o con una religión y no con un continente [1].

Asia ha optado por firmar tanto tratados bilaterales –por ejemplo, el JSEPA entre Japón y Singapur [Japan - Singapore Economic Partnership Agreement] que entró en vigor en 2002– como multilaterales –quizá el más significativo sea el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico [APEC] que se estableció en 1989 a iniciativa de Australia– pero o bien se ciñen a un entorno muy concreta (en especial, el Sudeste Asiático) o bien amplían el horizonte abriéndose a los estados ribereños del Océano Pacífico, a otros países de mayoría musulmana o a las antiguas repúblicas soviéticas –es decir, acuerdos internacionales con naciones ajenas al continente– que se van a caracterizar por su marcado perfil económico y comercial, sin apenas compromisos; de ahí que nunca se haya pretendido crear instituciones panasiáticas –análogas al Parlamento Africano o a la Corte Interamericana de Derechos Humanos– ni mucho menos ceder parte de su soberanía nacional en beneficio de órganos que unifiquen sus legislaciones o adopten políticas comunes, al estilo de la Unión Europea.

Como apuntan los investigadores Mónica Cortina Castellanos y Eduardo Regalado Florido, del Centro de Estudios sobre Asía y Oceanía: estos procesos integracionistas se han erigido sobre características muy particulares de la región, las cuales han condicionado el estrechamiento de los vínculos económicos entre las partes, sobre todo en términos productivos y de flujos financieros [2].


No debemos olvidar que nos encontramos ante e
l mayor continente de la Tierra, el más poblado, y que abarca naciones tan distintas como distantes (de Israel a China, pasando por Arabia Saudí, Irán, Japón, Corea del Norte, Rusia, India. Turquía, Afganistán, Mongolia, Siria, Vietnam o Indonesia); con regímenes malavenidos donde conviven democracias, teocracias, estados fallidos y dictaduras que provocan enquistadas disputas territoriales y pésimas relaciones de vecindad (Israel-Palestina, Irán-Iraq, India-Pakistán, China-Japón, las dos Coreas, etc.).

En ese difícil contexto, algunos de los obstáculos a los que deben hacer frente las naciones asiáticas para avanzar en su integración son:

  1. Como ya hemos señalado, tanto su heterogeneidad en diversos términos –extensión, población, desarrollo, niveles de democracia y calidad de vida– como la inestabilidad política y social provoca tensiones que alejan un espíritu integrador.
  2. (…) se ha considerado como un freno la no armonización y compatibilidad de las leyes y reglamentaciones al interior de los bloques con las que prevalecen en el sistema económico internacional [2].
  3. La similitud de sus economías que resultan más competitivas entre ellas que complementarias a la hora de crear áreas de libre comercio.
  4. El pragmatismo de su integración, apenas vinculante y abierto a otras regiones del mundo, se percibe como positivo si produce beneficios económicos para todas las partes involucradas [3].
  5. El papel de liderazgo que desempeñen las autoridades chinas como potencia geoeconómica no solo regional sino mundial, teniendo en cuenta que tradicionalmente los chinos consideran su país el centro del mundo civilizado [4]; de modo que las demás cancillerías pueden mostrarse reticentes a la hegemonía de sus ambiciones y a que todos los caminos conduzcan a Pekín.

Para concluir, el analista mexicano José Luis León-Manríquez, considera que: la integración panasiática, que algunos imaginan como la reconstrucción de la antigua «Ruta de la Seda», parece imposible de lograr en el mediano plazo, pues los países de Asia Central no están demasiado involucrados en esta regionalización y miran con más interés hacia Europa y Rusia. La integración se encuentra mucho más avanzada en el Este asiático. Si bien esta región llegó tarde a los procesos de integración económica formal, luego avanzó muy rápidamente. Es cierto que la integración en esta zona no alcanza aún la envergadura de la UE, pero en el plano fáctico los niveles de integración (…) son muy superiores a los del Mercosur [5].

En esa misma línea, pero centrándose en el estudio del regionalismo en Asia Oriental, la profesora García Segura concluye que: es difícil pensar en un regionalismo asiático altamente institucionalizado y formalizado avanzando hacia la integración regional. Al contrario, todo hace pensar que el modelo ASEAN seguirá predominando en las relaciones cooperativas asiáticas [6].

Citas: [1] DÍEZ DE VELASCO, M. Las Organizaciones Internacionales (13ª ed.). Madrid: Tecnos, 2003, p. 785. [2] CORTINA CASTELLANOS, M. & REGALADO FLORIDO, E. “Particularidades y tendencias de la integración económica en Asia-Pacífico”. En: HAOL [Historia Actual Online], 2006, nº 10, pp. 59 y 66. [3] BERKOFSKY, A. “Comparing EU and Asian Integration Processes-The EU a role model for Asia? En: European Policy Centre, 2004, p. 7. [4] BLUNDEN, C. & ELVIN, M. China. Gigante milenario. Barcelona: Folio, 1989, p. 220. [5] LEÓN-MANRÍQUEZ, J. L. “Asian noodle bowl: la integración económica en el Este asiático y sus implicaciones para América Latina”. En: Nueva Sociedad, 2010, nº 228. [6] GARCÍA SEGURA, C. “El regionalismo en Asia Oriental”. En: GOLDEN, S. & SPOOR, M. (Eds.). Regionalismo y desarrollo en Asia. Barcelona: CIDOB, 2006, p. 52.

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