lunes, 19 de enero de 2026

Pero el Dios de la Justicia de Benín sigue en París

El 28 de noviembre de 2017, Emmanuel Macron pronunció un discurso en la Universidad de Uagadugú (Burkina Faso) que marcó el inicio de una nueva era en las relaciones culturales entre África y Francia porque uno de lo elementos más destacados del «Discours de Ouagadougou» fue, precisamente, el referido a la cultura. En este ámbito -afirmó- no puedo aceptar que gran parte del patrimonio cultural de varios países africanos se conserve en Francia. Hay explicaciones históricas, pero no hay una justificación válida, duradera e incondicional. El patrimonio africano no puede existir únicamente en colecciones privadas y museos europeos. El patrimonio africano debe exhibirse en París, pero también en Dakar, Lagos y Cotonú; esta será una de mis prioridades. Dentro de cinco años, quiero que se den las condiciones para el retorno temporal o permanente del patrimonio africano a África. Esto también implicará un trabajo importante y una colaboración entre científicos y museos, porque, sin duda, en muchos países africanos, a veces son los conservadores africanos quienes han organizado el tráfico, y a veces son los conservadores o coleccionistas europeos quienes han salvado esas obras de arte africanas para África, protegiéndolas de los traficantes africanos. ¡Nuestra historia común es a veces más compleja de lo que imaginamos!


Al año siguiente, aquel compromiso político se concretó durante la visita a Francia del presidente de Benín, Patrice Talon, el 21 de marzo de 2018, cuando Macron anunció que dos expertos -la historiadora Bénédicte Savoy y el escritor Felwine Sarr- iban a presentar un extenso informe que, finalmente, vio la luz el 23 de noviembre de aquel mismo año.

En «La restitución del patrimonio africano: hacia una nueva ética en las relaciones» (La restitution du patrimoine culturel africain, vers une nouvelle éthique relationnelle), los autores concluyeron que al reconocer la legitimidad de las demandas de los países africanos de recuperar una parte significativa de su patrimonio y memoria, a la vez que se trabaja por una mejor comprensión de este período de la historia colonial, este proceso de restitución permite escribir un nuevo capítulo en una historia compartida y pacífica, donde cada participante aporta lo que le corresponde. Estos objetos, muchos de los cuales fueron arrancados de sus culturas de origen por la violencia del colonialismo y en contra de su voluntad, pero que fueron acogidos y cuidados por generaciones de conservadores en sus nuevos hogares, ahora llevan en sí una parte irrevocable tanto de África como de Europa. Al haber incorporado diversos sistemas de significado, se han convertido en lugares de mestizaje de culturas y, por lo tanto, están capacitados para actuar como mediadores de una nueva relación (*).

Tanto la propuesta que Macron formuló en Uagadugú en 2017 como la reflexión del informe de 2018, se concretaron en la Asamblea Nacional francesa dos años más tarde con la aprobación de la breve pero significativa Ley relativa a la restitución de bienes culturales a la República de Benín y a la República de Senegal, de 24 de diciembre de 2020 [Loi n° 2020-1673 du 24 décembre 2020 relative à la restitution de biens culturels à la République du Bénin et à la République du Sénégal (*)].


A pesar de la inalienabilidad de las colecciones públicas francesas consagrada en el Art. L. 451-5 del Código del Patrimonio, el Gobierno de París se comprometió a transferir a Benín, en el plazo de un año, la propiedad de las 26 obras de arte procedentes de Abomey (capital del antiguo Reino de Dahomey) que atesoraba el Museo del Quai Branly-Jacques Chirac (Art. 1) reclamadas por las autoridades beninesas por formar parte del botín de guerra que el general Alfred Amédée Dodds se llevó de los Palacios Reales de Abomey a la metrópoli, tras los combates de 1892; asimismo, la norma contempló la entrega a Dakar del sable del rey El Hadj Omar Tall del Imperio Tucolor, custodiado por el Museo del Ejército (Art. 2).

El 27 de octubre de 2021, Macron restituyó aquellos 26 tesoros reales a Benín, donde se expusieron al año siguiente al tiempo que la Asamblea Nacional de Benín adoptó su nuevo marco legal mediante la loi portant protection du patrimoine culturel (de 10 de noviembre de 2021); pero, en los fondos del Museo del Quai Branly-Jacques Chirac aún se encuentra, probablemente, la obra que más se añora en Benín: la escultura dedicada al Dios Gou (Sculpture dédiée à Gou), una de las divinidades más poderosas de la religión tradicional vudú -llamado Ogun por los yoruba- porque castiga con su machete a los mentirosos y criminales, resuelve las disputas y vela por su pueblo cuando combate en las batallas contra sus enemigos.


La pieza de hierro -elaborada con láminas de chatarra procedentes de Europa- la realizó el artista fon Ekplékendo Akati hacia 1858 por encargo del rey Glélé de Dahomey. Como figura protectora cumplía con una doble función política y religiosa, en un santuario de la ciudad de Abomey donde continúan esperando su regreso.

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