miércoles, 28 de octubre de 2026

El caso de «Brancusi contra Estados Unidos»

A lo largo de la Historia, los artistas han tenido conflictos muy diversos con la Justicia; son muy conocidos, por ejemplo, los problemas penales del genio de Michelangelo Merisi, el Caravaggio, o las reivindicaciones de su seguidora Artemisia Gentileschi; el plagio del «Rigoletto» compuesto por Giuseppe Verdi con el argumento de «El rey se divierte» escrito por Víctor Hugo; la acusación de inmoralidad por el comportamiento de los personajes de «Madame Bovary» de Gustave Flaubert; la condena póstuma de Velázquez, demandado y auditado por el fisco después de muerto; la prisión por deudas que padeció Charles Dickens durante su infancia; los fraudes por las réplicas de Elmyr de Hory o de Han van Meegeren así como los manuscritos medievales de Thomas Chatterton; el caso Whistler vs Ruskin por el cuadro «Nocturno en negro y oro»; el asesinato de la segunda esposa del escultor Alonso Cano; el testamento de Saskia y las argucias legales de Rembrandt; el uxoricidio del pintor Juan Luna; Gaudí y el juicio por «La Pedrera»; etc. En esta ocasión, vamos a referirnos al célebre proceso en EE.UU. por considerar que, como “chatarra”, tenía que pagar derechos de aduana [1] una vanguardista escultura del artista de origen rumano Constantin Brâncuși (1876–1957) [se pronunciaría /brencushi/ pero, en castellano, por apropiación directa del francés, lo conocemos como Brancusi] llamada «Pájaro en el espacio», que llegó al puerto de Nueva York en 1926 y resultó ser… demasiado moderna para los aduaneros.

De acuerdo con el historiador del arte Miguel Calvo Santos (*): (…) Constantin Brancusi vivió una infancia llena de trabajos en el campo, de agricultor a ganadero. Después empleado en una tintorería, una droguería y finalmente en una posada, donde tendría su gran golpe de suerte. Durante una discusión, alguien lo desafió a fabricar un violín y el joven, bendecido con un don en sus manos, convirtió una caja de naranjas en uno. Un gitano sacó música de él y Brancusi se ganaría la simpatía de uno de sus clientes, muy acaudalado que pagó sus estudios. Apenas sabía leer ni escribir. Cuatro años después, Brancusi sabía que su destino era ser escultor. De Bucarest viajó a París en 1904 e inició su carrera. Primero como lavaplatos, después bajo el ala de Rodin y finalmente desarrollando su propio estilo junto a Modigliani, Picasso, Duchamp y compañía. Inspirándose en el arte primitivo africano, y sobre todo en el arte prehistórico, mediterráneo y balcánico, Brancusi fue simplificando las formas hasta volverlas tan geométricas que no podían ser otra cosa que abstracción, aún dejando ciertos rastros de figuración. Formas puras y elementales que rozan lo espiritual. Esculturas cargadas de ancestrales simbolismos (el pájaro, el cilindro alargado, el huevo…) que con un trabajado pulido del material se convirtieron en símbolos por sí mismas.

Con ese peculiar estilo, Brancusi -sin duda, uno de los grandes escultores del siglo XX- creó en 1926 la primera versión de su «Pájaro en el espacio» labrada en bronce, aunque después realizaría otras piezas en mármol. Adquirida por el fotógrafo Edward Steichen, se envió en barco de París a Nueva York para formar parte de una exposición retrospectiva sobre su obra en la Galería Brummer comisariada por Marcel Duchamp. Según el catálogo del MET, el “museo más emblemático de la ciudad de Nueva York”, (…) su propósito no es representar a un pájaro en concreto sino capturar la esencia del vuelo. Con este fin, elimina las alas y otros elementos del cuerpo, al que da una forma elongada, reduciendo la cabeza y el pico a un plano oval ladeado. Esta obra de 1923 es la primera de una serie en la que Brancusi trabajará durante las dos décadas siguientes, hasta los años cuarenta (*).

Como consecuencia, aquella escultura -en la imagen superior- fue requisada en la aduana con el argumento de que debía pagar aranceles industriales, no como obra de arte. El artista rumano no dudó en denunciar a los EE.UU., provocando así un juicio que duraría algo más de un mes en el Tribunal de Aduanas de los Estados Unidos. Entre el 20 de abril y el 23 de mayo de 1928 sería ridiculizado el arte vanguardista facturado en Europa. Los aduaneros se negaron a considerar como arte "El pájaro en el espacio" y la pugna en el tribunal (…) dio lugar a desconcertantes escenas en las que, con toda la parafernalia de un juicio público, jueces, abogados y fiscales debatieron sobre arte moderno [2].

Los profesores David Tan y Yong Neng Chan han resumido la trascendencia de este proceso judicial: (…) una obra de bronce titulada «Pájaro en el espacio», de Constantin Brancusi, fue clasificada inicialmente como un artículo de metal conforme a las disposiciones del párrafo 399 de la Ley Arancelaria de 1922. Aunque breve, el fallo del caso Brancusi es el que más se acerca a un diálogo abierto con las teorías estéticas del arte. El Tribunal de Aduanas debía determinar explícitamente si la escultura en cuestión era una simple tubería industrial -sujeta a derechos de aduana- o una escultura original exenta de dichos aranceles. A pesar de titularse «Pájaro en el espacio», el objeto tridimensional no se asemejaba a un ave, y el tribunal tuvo considerables dificultades para determinar si se trataba de una obra artística. Finalmente, para concluir que el objeto constituía una obra de arte, el tribunal se basó en testimonios de expertos sobre la naturaleza del arte posmoderno y la condición artística de la obra de Brancusi, incluyendo la intención del artista al moldear la pieza de metal.

El juez Waite, al emitir el fallo del tribunal, señaló que, salvo que se empleara una imaginación muy viva, «Pájaro en el espacio» no guardaba semejanza alguna con un ave, a menos que -quizás gracias a dicha imaginación- pudiera compararse con la forma del cuerpo de un pájaro; la pieza no representaba ni cabeza, ni patas, ni plumas. No obstante, el juez Waite aceptó los testimonios de Brancusi y de otros testigos «familiarizados con el arte y las obras de arte a través de sus estudios, en museos y en su calidad de artistas y escritores sobre arte... [quienes] declararon que la pieza era una escultura y una obra de arte». Casi cuarenta años más tarde, el Tribunal de Aduanas, al referirse a la decisión sobre Brancusi, sostuvo que «al respaldar la pretensión del demandante, el tribunal [del caso Brancusi] reconoció la influencia de las nuevas corrientes de pensamiento del arte moderno para comprender qué constituye arte» [3].

Citas: [1] PALADINI, L. “Región cárpato-danubiana”. En: AA.VV. Geographica, Barcelona: Plaza & Janés, 1968, p. 303. [2] SUMOY GETE-ALONSO, M. Brancusi contra los Estados Unidos. La definición jurídica del arte. Granada: Comares, 2007. [3] TAN, D. & CHAN, Y. N. “Copyright subsistence in contemporary times: a dead shark, an unmade bedand bright lights in an empty room”. En: Singapore Journal of Legal Studies, 2013, nº XII, p. 411.

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