lunes, 13 de enero de 2014

La tradición de los quiñones

Un quiñón es la parte que uno tiene con otros para la ganancia de una cosa; sin embargo, esta acepción es tan solo uno de los diversos significados jurídicos de un término que también se puede referir a la parte de la herencia que se adjudica a cada uno de los coherederos; a la quinta parte de la cosecha que se pagaba en las cédulas de planturía [documento de origen medieval, sin apenas formalidades, por el que el dueño de un terreno se lo cedía a otro para que éste lo labrase a cambio de pagarle el quiñón]; y, por último, a la porción o suerte de una finca rústica de gran cabida que se divide entre muchos colonos o compradores [ESPASA-CALPE, Tomo XLVIII, 1968, p. 1404]. En este sentido, uno de los municipios españoles que, hoy en día, aún mantiene viva la tradición de los quiñones, desde el siglo XV, es la localidad de Villabrágima [nombre mozárabe del siglo X cuyo significado sería Villa de Ibrahim (Abraham)], en la comarca vallisoletana de Tierra de Campos. Este Ayuntamiento cede medio quiñón a aquellos vecinos que estén empadronados en el pueblo y sean mayores de 25 años, para que labren 2,5 hectáreas a cambio de abonar al municipio un canon anual. Esta costumbre medieval se regula, en la actualidad, por una ordenanza de aprovechamiento y disfrute del terreno forero de la villa, que se aprobó en 1985, con un régimen jurídico análogo al de las hazas de suerte que pervive en los municipios gaditanos de Vejer de la Frontera y Barbate.

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