miércoles, 5 de mayo de 2021

Los precedentes de la integración europea

Semana de Europa 2021: El 5 de mayo de 1949, diez naciones de Europa Occidental [Bélgica, Dinamarca, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Reino Unido y Suecia] firmaron en el Palacio de St. James de la capital británica el Tratado de Londres o Estatuto del Consejo de Europa por el que se estableció esa organización internacional que –en palabras del profesor Pastor Ridruejo– constituye una comunidad ideológica, basada en el triple pilar de democracia parlamentaria, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos [1]. Menos de dos años más tarde, el 18 de abril de 1951, seis de aquellos países [Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos] suscribieron en París el Tratado de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), estableciendo una estructura institucional común formada por una Alta Autoridad (órgano ejecutivo que dio lugar a la actual Comisión), un Consejo, una Asamblea Parlamentaria (Parlamento Europeo) y un Tribunal de Justicia. El éxito de aquel primer acuerdo económico propició el desarrollo de unos objetivos más ambiciosos con el fin de lograr un mercado común y, esa misma década, los seis Estados parte de la CECA suscribieron otros dos nuevos acuerdos en la capital italiana, el 25 de marzo de 1957, los denominados Tratados de Roma: la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM). Pero la integración del Viejo Continente tuvo algunos precedentes que debemos recordar: 

Como ha señalado el profesor Díez de Velasco, (…) Sin perjuicio de las viejas raíces históricas de la «idea europea», se considera generalmente que los primeros antecedentes del proceso de integración que se desarrolla en nuestros días (…) se localizan en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales [2]. 

Aunque hubo notables precursores como el ensayo de William Penn de 1693 en el que propuso la creación de una Dieta o Parlamento Europeo, o el asturiano Juan Francisco Siñeriz y Trelles publicando su propia Constitución Europea en 1839; ese contexto histórico del siglo XX podemos destacar las siguientes iniciativas que se fueron entrelazando con el paso del tiempo:

1) LA UNIÓN PANEUROPEA: su fundador fue Richard Graf Coudenhove Kalergi (1894-1972). Al ser hijo del embajador austrohúngaro en Japón, Heinrich Graf Coudenhove-Kalergi, y de su esposa, la nipona Mitsuko Aoyama, de vuelta a Europa, el joven recibió una esmerada educación multicultural en el castillo que su familia poseía en la antigua localidad checa de Ronsperg (actual Poběžovice). Tras doctorarse en Filosofía por la Universidad de Viena (1917), formuló por primera vez su idea de una Europa que estuviera unida política, económica y militarmente en el artículo Pan-Europa: A proposal que se publicó el 15 de noviembre de 1922 en el periódico Vossische Zeitung de Berlín, y dos días después en el Neue Freie Presse vienés. Aquella propuesta inicial se concretó al año siguiente en su libro Pan-Europa, punto de partida de un movimiento político que planteaba la integración europea, sin fronteras artificiales, como única alternativa al colapso. Con el apoyo de las cancillerías francesa, alemana y austriaca, Kalergi logró organizar I Congreso Paneuropeo en Viena, en 1926. Al año siguiente, uno de los mayores estadistas de aquel tiempo, el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Aristide Briand (1862-1932) –coartífice del Tratado de renuncia a la guerra, firmado en París el 27 de agosto de 1928, que en su honor se conoce como «Pacto Briand-Kellogg»– fue nombrado presidente honorario del movimiento.

2) EL DISCURSO DE BRIAND ANTE LA SOCIEDAD DE NACIONES: insistiendo en las ideas defendidas por Kalergi, el 5 de septiembre de 1929, Briand pronunció un discurso en la sede de esta organización internacional en Ginebra en el que propuso la creación de una federación de naciones europeas.

3) EL MEMORANDO SOBRE LA ORGANIZACIÓN DE UN SISTEMA DE UNIÓN FEDERAL EUROPEA: Briand planteó que aquella unión federal de los veintisiete países europeos se formalizase en el seno de la propia Sociedad de Naciones. Su plan se concretó el 1 de mayo de 1930 y se debatió en la Asamblea en 1931, acordándose la constitución de una Comisión de Investigación presidida por Briand que contaba con sir Eric Drummond, secretario general de la organización, como secretario. Pero las relaciones europeas de los años 30 se fueron polarizando entre regímenes democráticos y autoritarios y la influencia del Mémorandum sur l'organisation d'un régime d'union fédérale européenne sólo se recuperaría tras el fin de la II Guerra Mundial.

4) El MANIFIESTO DE VENTOTENE: como ya tuvimos ocasión de comentar en otra entrada de este blog, en 1944, el filósofo milanés Eugenio Colorni (1909 – 1944) fue el autor del prefacio de Per un'Europa libera e unita [Il Manifesto di Ventotene] que redactaron el político romano Altiero Spinelli (1907 – 1986) y el periodista casertano Ernesto Rossi (1897 – 1967) durante su encarcelamiento en ese islote italiano del Mar Tirreno, entre 1941 y 1942. En él propugnaron una idea federaslista de Europa basada en los siguientes puntos: ejército único federal, unidad monetaria, abolición de las barreras arancelarias y de las limitaciones a la emigración entre los Estados pertenecientes a la Federación, representación directa de los ciudadanos en los consejos federales, política exterior única.

5) EL PARLAMENTARISMO EUROPEO: durante el conflicto armado, Kalergi se exilió en los Estados Unidos. Allí propuso que la reconstrucción de Europa contara con una Asamblea Constituyente Europea, como piedra angular del nuevo orden. En 1947, gracias a su iniciativa, se reunió el I Congreso de la Unión Parlamentaria Europea. en el balneario suizo de Gstaad, donde se planteó que una futura organización paneuropea no contara tan solo con reuniones de los ministros sino con una asamblea parlamentaria de carácter consultivo. Aquel fue el germen del que, dos años más tarde, surgiría el Consejo de Europa.

6) EL CONGRESO DE EUROPA EN LA HAYA: mientras los esfuerzos para reconstruir Europa se concretaban en el «Plan Marshall» y la fundación, en 1948, de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) –actual OCDE– del 7 al 10 de mayo de ese mismo año, la ciudad holandesa acogió el Congreso de Europa, una reunión de diversos movimientos no gubernamentales que compartían un sentimiento europeísta. El encuentro concluyó con la lectura de un “Mensaje a los europeos” por parte del filósofo suizo Denis de Rougemont (1906-1985), adoptado por unanimidad de las más de 800 personalidades [3] asistentes. En el texto, abogaron por construir la mayor formación política y la mayor unidad económica de nuestro tiempo (…). La suprema conquista de Europa se llama la dignidad del hombre, y su verdadera fuerza está en la libertad. Este es el objetivo final de nuestra lucha. En esta unión, Europa se juega su destino y el de la paz mundial. Así que sepan todos que los europeos, reunidos para dar voz a todos los pueblos de este continente, declaramos solemnemente nuestra voluntad común en los siguientes cinco artículos, que resumen la resolución adoptada por nuestro Congreso:

  1. Queremos una Europa unida, devuelta en toda su extensión a la libre circulación de personas, ideas y mercancías.
  2. Queremos una Carta de Derechos Humanos, que garantice las libertades de pensamiento, reunión y expansión, así como el libre ejercicio de la oposición política.
  3. Queremos un Tribunal de Justicia capaz de aplicar las sanciones necesarias para garantizar el respeto de la Carta.
  4. Queremos una Asamblea Europea, en la que estén representadas las fuerzas vivas de todas nuestras naciones. 
  5. Y tomamos de buena fe el compromiso de apoyar con todos nuestros esfuerzos, en nuestros hogares y en público, en nuestros partidos, en nuestras iglesias, en nuestros círculos profesionales y sindicales, a los hombres y gobiernos que trabajan por esta obra de público. salvación, oportunidad suprema de paz y promesa de un gran futuro para esta generación y las que le seguirán.

Citas: [1] PASTOR RIDRUEJO, J. A. Curso de Derecho Internacional Público y Organizaciones Internacionales. Madrid: Tecnos, 2007 (11ª ed.), p. 213. [2] DIEZ DE VELASCO, M. Las organizaciones internacionales. Madrid: Tecnos, 13ª ed., 2003, p. 524. [3] REMIRO ELÍA, F. “Parler Au Nom De L'Europe. El Congreso de La Haya y el nacimiento del Parlamentarismo Europeo”. En: IBARRA AGUIRREGABIRIA, A. No es país para jóvenes. Vitoria: Instituto Valentín Foronda, 2012, p. 1.

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