viernes, 5 de agosto de 2022

El concepto de «soft power»

Según el profesor mexicano Juan José Ramírez Bonilla: (...) Corea del Sur ha sido extremadamente exitosa en proyectar al mundo su poder suave. Hasta hace algunas décadas la cultura coreana era muy poco conocida en el orbe. Gracias al trabajo de instituciones gubernamentales como la Korea Foundation (KF) y The Academy of Korean studies (AKS), estudiantes, académicos y profesionales del mundo se han involucrado en los estudios coreanos. En el ámbito de la cultura popular, el llamado K-pop ha proyectado con gran fuerza a Corea del Sur allende sus fronteras. Nombramientos como el de Ban Ki-moon como secretario general de las Naciones Unidas, entre 2007 y 2016, también han coadyuvado a esa tarea [1]. Otro buen ejemplo de esta singular influencia lo encontramos en el éxito de las telenovelas turcas. En opinión del investigador Mehmet Ozkan: (…) Consideradas por el sector económico turco como un producto exportable, las series televisivas han creado una adicción y pasión sin igual, que no distingue entre países, sexos o clases. En definitiva, un fenómeno social sin parangón alguno. Las series de televisión turcas han contribuido al cambio de percepción del país otomano. Sin formar parte de la estrategia del PJD [siglas del Partido de la Justicia y el Desarrollo; dirigido por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan] o de Turquía, estas series han sido embajadoras de la diplomacia turca y un auténtico revulsivo de cambio en muchos países. El fenómeno es, en sí mismo, causa y efecto del poder blando de Ankara en los países árabes [2].



Corea del Sur y Turquía son dos buenas muestras de lo que se viene denominando «soft power» o «poder suave», si empleamos la apropiación directa del inglés cuando hablamos en castellano. Este concepto lo acuñó el profesor estadounidense Joseph S. Nye, Jr. en el libro Bound to Lead: The Changing Nature of American Power publicado en 1990. En aquel momento, el geopolitólogo de Nueva Jersey, desarrolló esta idea para rebatir a quienes, a finales del siglo XX, cuestionaban el declinante papel de los Estados Unidos en el mundo. Para Nye, su país era la nación más fuerte no solo en poder militar y económico sino también en una tercera dimensión que denominé poder blando. En los años siguientes, me complace ver que el concepto entró en el discurso público, utilizado por el secretario de Estado estadounidense, el ministro de Asuntos Exteriores británico, líderes políticos y escritores editoriales, así como por académicos de todo el mundo [3].

El autor se refiere a que, en 2003, durante una de las conferencias que se organizó en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos (Suiza), (…) George Carey, exarzobispo de Canterbury, preguntó al Secretario de Estado Colin Powell por qué Estados Unidos parecía enfocarse solo en su poder duro en lugar de su poder blando. (…) El secretario Powell respondió correctamente que Estados Unidos necesitó poder duro para ganar la II Guerra Mundial, pero continuó: "¿Y qué siguió inmediatamente después del poder duro? ¿Pidió Estados Unidos el dominio sobre una sola nación en Europa? No. El poder blando llegó con el Plan Marshall [3].

Nye define este «soft power» como: (…) la capacidad de obtener lo que se desea a través de la atracción en lugar de la coerción o la retribución. Surge del atractivo de la cultura, los ideales políticos y las políticas de un país. Cuando nuestras políticas se ven como legítimas a los ojos de los demás, se mejora nuestro poder blando [3]; es decir, Rusia ha forzado la soberanía de Ucrania (coerción), los petrodólares de las monarquías del Golfo Pérsico han comprado grandes clubes de fútbol europeos (retribución o pago) pero existe esta tercera vía que atrae a los demás por nuestros valores.

Retrato oficial de Joseph. S. Nye, Jr.

Esta cara del poder se basa principalmente en tres recursos: la cultura (dominio basado en lograr que otras naciones deseen compartir tus tradiciones, costumbres o producciones artísticas; véase, por ejemplo, la diplomacia cultural española), los valores políticos (que cuando prediques, des trigo, cumpliendo en tu propia casa lo que les pides a los de fuera que hagan) y la política exterior (si los demás países ven tus decisiones como legítimas y con autoridad moral) [4].

Concluimos con un nuevo ejemplo en el ámbito europeo: el 18 de enero de 2022, la Comisión Europea comunicó al Parlamento Europeo, el Consejo, el CESE y el CdR la estrategia europea para las universidades. En este documento, el propio ejecutivo comunitario reconoció que: (…) Las universidades forman parte del poder blando de Europa mediante el intercambio de talento procedente de todo el mundo y la construcción de puentes sólidos con los países asociados de diferentes lugares del planeta, así como la promoción de los valores académicos y europeos. Europa debe reforzar y aprovechar esta reputación y reforzar estos puntos fuertes en todos los Estados miembros. Esto, a su vez, contribuirá a aumentar su atractivo no solo como destino académico, sino también como socio homogéneo para la cooperación en materia de educación, investigación e innovación.

Citas: [1] RAMÍREZ BONILLA, J. J. La república de Corea ante la influencia de la administración Trump. Ciudad de México: Colegio de México, 2020. [2] OZKAN, M. “La política Exterior de Turquía en el Siglo XXI: La Diplomacia Cultural y el Poder Blando”. En: SAM Papers, 2014, nº 9, pp. 19 y 20. [3] NYE, J. S. Soft Power: The Means to Success in World Politics. Nueva York: Public Affairs, 2004, pp. IX a XI. [4] Ob. cit, p. 11. Pinacografía: Julien Paris | Coversoftpower (2013).

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