Desde 2010, este blog reúne lo más curioso del panorama jurídico y parajurídico internacional, de la antigüedad a nuestros días, de forma didáctica y entretenida. Su editor, el escritor y jurista castellano Carlos Pérez Vaquero, es profesor doctor universitario (acreditado por ANECA) y autor de diversos libros divulgativos y cursos de formación.
miércoles, 7 de julio de 2021
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lunes, 5 de julio de 2021
¿Qué es el “Protocolo nº 30”?
viernes, 2 de julio de 2021
El caso de la «Prueba de Uhlenhuth» que condenó al «Monstruo de Rügen»
Sucedió la tarde del 9 de septiembre de 1898 en Lechtingen (Alemania) (…) Jadwiga Heidemann esperaba que su hija de siete años regresara de la escuela. Cuando Hannelore no llegó como se esperaba, Jadwiga se acercó a ver a su vecino, Irmgard Langmeier, cuya hija, Else, era un año mayor. Las dos niñas solían jugar juntas. Pero Irmgard tampoco había visto a Else, así que ambos se pusieron en contacto con la escuela. Para desesperación suya, ninguna de las dos había sido vista ese día. Alertaron a amigos y familiares, y reclutaron a tantas personas como pudieron para buscar en los bosques circundantes. Estuvieron así el resto del día, sin resultado. Ninguno de los amigos de las niñas las había visto. Después, al atardecer, un investigador se encontró con lo que parecían las extremidades desmembradas de una niña esparcidas por el suelo. Por la ropa y los efectos personales en el suelo cercano, Jadwiga identificó los restos de su hija. Estaba consternada. Irmgard mantuvo la esperanza, ya que su hija no estaba en el área inmediata; sin embargo, la niña aún no había regresado a casa, por lo que la búsqueda continuó. Una hora más tarde, cuando ya casi estaba demasiado oscuro para seguir buscando más, la encontraron en una condición igualmente brutal, escondida más profundamente en el bosque entre unos arbustos. Así comienza el capítulo “Secrets in Blood” que la profesora estadounidense de Psicología Forense Katherine Ramsland dedica al asesino alemán Ludwig Tessnow (1872-1939) [3].
Tras los brutales crímenes de las dos niñas de Lechtingen, la sociedad alemana volvió a verse conmocionada por otros dos nuevos asesinatos, esta vez en la localidad de Göhren, situada en Rügen, la mayor isla de Alemania en el Mar Báltico –en aquel momento, sin conexión directa con el continente– un lugar muy apreciado por los turistas que buscaban descanso.
El 1 de julio de 1901, un domingo. Peter Stubbe, de seis años, y su hermano mayor, Hermann, de ocho, habían ido al bosque a jugar. Nadie se preocupó porque aquella bonita isla se consideraba segura y los niños jugaban a menudo en el bosque. Pero cuando no regresaron a cenar, sus padres se preocuparon. Miraron alrededor pero no vieron señales de sus hijos, por lo que solicitaron la ayuda de los vecinos. Estaba oscureciendo y empezaron a temer que Peter y Hermann se hubieran perdido en el bosque. Al anochecer, el grupo de búsqueda tuvo que encender antorchas para continuar. Todos gritaron los nombres de los niños, con la esperanza de verlos aparecer (…) pero sus voces no se escucharon. La búsqueda continuó toda la noche. Cuando la primera luz del día alcanzó el bosque y los cansados buscadores estaban a punto de perder la esperanza, un hombre se encontró con los cuerpos. Eran los chicos, ambos asesinados. Yacían juntos en unos arbustos y estaba claro que su asesino les había aplastado el cráneo con una piedra. Más grotesco, les había desgarrado o cortado los brazos y las piernas, e incluso le había quitado el corazón al chico mayor, quitándoselo. Las extremidades estaban esparcidas por el área. Esta escena se parecía a un incidente que había ocurrido en la zona apenas tres semanas antes. Un granjero afirmó que había encontrado siete de sus ovejas sacrificadas, despedazadas y destripadas. Llegó a tiempo para ver a un hombre que huía y, aunque no reconoció a la persona, creyó que podría identificarlo si lo volvía a ver. La mutilación de ovejas aún no se había resuelto [4].
Algunos vecinos de la isla de Rügen testificaron que habían visto al carpintero de la localidad hablando con los jóvenes. Era un hombre con fama de huraño que solía desaparecer durante largas temporadas. Cuando la policía fue a interrogarlo, Ludwig Tessnow estaba tendiendo la colada pero la ropa, aún húmeda, mostraba unas sospechosas manchas que él identificó con los tintes que empleaba en su trabajo. Aunque otro testigo también lo reconoció como el hombre que había visto huir del lugar donde sacrificó a las ovejas, la policía tuvo que liberarlo por falta de pruebas.
Un magistrado local, Johann-Klaus Schmidt, recordó el caso de las dos niñas que fueron asesinadas y desmembradas en el bosque de una aldea no muy lejana. Se puso en contacto con los funcionarios y averiguó que el nombre de su principal sospechoso, que después abandonó el pueblo, era Ludwig Tessnow. (…) Schmidt expuso las circunstancias del caso al fiscal, Ernst Hubschmann, que había leído el artículo recién publicado por Paul Uhlenhuth, "Un método para investigar diferentes tipos de sangre", por lo que se dirigió a él pidiéndole que examinara las manchas en la ropa de Tessnow [5].
Apenas cuatro días más tarde, el biólogo Uhlenhuth aplicó su prueba a las manchas de sangre halladas en la carpintería y el resultado no dejó lugar a dudas: junto al tinte había muestras tanto de sangre humana –que coincidían con las encontradas en la piedra que se empleó para golpear el cráneo de los muchachos– como de animal –que pudo identificar que procedía de ovejas–. Basándose en aquellas evidencias Tessnow fue acusado, entre otros cargos, del doble asesinato en el juicio que se celebró en la cercana ciudad prusiana de Greifswald (Pomerania Occidental), en 1902; a pesar de que el informe pericial elaborado por el psiquiatra alemán Alexander Westphal (1863-1941) ponía en duda la capacidad del carpintero para comprender los hechos que él negó durante el proceso porque no era de esa clase de hombres [6] al sufrir ataques epilépticos.
El juicio concluyó con una pena capital que se confirmó en la apelación ante el Tribunal Imperial de Alemania [Reichsgericht], ubicado en Leipzig, siendo condenado a morir guillotinado en la prisión de Greifswald, en 1904, pero, en contra de lo que suele afirmarse, Tessnow nunca llegó a ser ejecutado... en aquel momento.
Los profesores Jan Armbruster y Kathleen Haack han investigado qué ocurrió con el «Monstruo de Rügen», demostrando que fue internado en dos prisiones de la actual Polonia (que entonces aún pertenecía a Prusia) –Naugard (Nowogard) y Graudenz (Grudziądz)– y en el Sanatorio Provincial de Stralsund (actual Alemania), donde logró sobrevivir hasta 1939, en los albores de la II Guerra Mundial, cuando fue fusilado en la campaña sistemática de exterminio llevada a cabo por los nazis, Aktion T4, en la que se calcula que acabaron con la vida de más de 70.000 enfermos mentales y ancianos. Sus restos fueron enterrados de forma anónima en más de 30 fosas comunes en los bosques de Groß-Piasnitz (hoy Wielka Piaśnica, Polonia) [7].
Citas: [1] RAMSLAND, K. The Devil's Dozen. How cutting-edge forensics took down 12 notorious serial killers. Nueva York: Berkley, 2009, p. 52. [2] GRAY, D. Mapas del crimen. Regreso a los lugares del crimen. Madrid: Siruela, 2020, p. 16. [3] RAMSLAND, K. Ob. cit., pp. 43 y 44. [4] Ob. cit., pp. 53 y 54. [5] Ob. cit., p. 55. [6] WILSON, C. A Plague of Murder. Londres: Constable & Robinson, 1995. [7] Armbruster, J. & Haack, K. “Das Todesurteil gegen den Kindermörder Ludwig Tessnow (1872–1939) und das Ringen von Jurisprudenz und Psychiatrie bei der Beurteilung seiner Zurechnungsfähigkeit”. En: DGGN [Deutsche Gesellschaft für Geschichte der Nervenheilkunde], 2015, nº 21, pp. 440 y 441. Pinacografía: Luc Tuymans | Bloodstains (1993). René Magritte | The voice of blood (1948).
miércoles, 30 de junio de 2021
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lunes, 28 de junio de 2021
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viernes, 25 de junio de 2021
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miércoles, 23 de junio de 2021
El primer juicio a un Jefe de Estado por crímenes de guerra
Recordemos cómo se llegó hasta ese momento. Tras la muerte de la reina Isabel I en 1603, sin haber tenido descendencia, accedió al trono Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, hijo de María Estuardo. Con él comenzó la Casa de los Estuardo que sucedió a los Tudor. El segundo monarca de la nueva dinastía debería haber sido el Príncipe de Gales, Enrique Federico, pero falleció siendo adolescente y la corona recayó en el segundogénito, Carlos, Duque de York, nacido en Escocia, en 1600, que fue nombrado rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda, en 1625, al morir su padre, Jacobo. El historiador François Guizot lo definió como un rey digno de respeto por mas que gobernó mal é injustamente á sus pueblos [3]. Por su parte, Chesterton nos recuerda que: (…) el rey Jacobo I era tan pedante como escocés; pero no se ha reparado en que Carlos I tampoco era menos pedante, siendo tan escocés como el otro. También poseía las virtudes escocesas: valor, dignidad sencilla, afición a las cosas intelectuales. Lo que tenía de escocés, lo tenía de antiinglés. (…) Desde el principio trató con el Parlamento como con un enemigo declarado, y acaso como con un extranjero [4].
(…) La ejecución del monarca el 30 de enero certifica la ruptura con el viejo orden, que se oficializa el 17 de marzo con el Act Abolishing Kingship –que declaró que el cargo de rey era innecesario, gravoso y peligroso para la libertad, la seguridad y el interés público del pueblo– fundamentándose la nueva República de Inglaterra el 19 de mayo en la Act Declaring and Constituting the People of England to be a Commonwealth and Free State, dirigida por Oliver Cromwell que llegaría ser nombrado Lord Protector y, con el tiempo, acabó estableciendo de forma encubierta una nueva e ilegítima monarquía [6].
Citas: [1] BINSKI, P. “The Painted Chamber at Westminster, the fall of tyrants and the English literary model of governance”. En: Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, 2011, vol. 74, p. 121. [2] RODRÍGUEZ MOYA, I. “Regicidios. Carlos I estuardo y la iconografía del rey traidor al rey mártir”. En: Entre los mundos: Homenaje a Pedro Barcelo. Besançon: Institut des Sciences et Techniques de l'Antiquité, 2017, pp. 564 a 566. [3] GUIZOT, F. Historia de la república de Inglaterra y de Cromwell: desde su instalación hasta la muerte del protector. Madrid: Imprenta de Fernando Gaspar, 1858, p. 7. [4] CHESTERTON, G. K. Pequeña Historia de Inglaterra. Librodot, p. 83. [5] MAUROIS, A. Historia de Inglaterra. Barcelona: Ariel, 2007, pp. 292, 293 y 321. [6] BALLESTER RODRÍGUEZ, M. “Los ecos de un regicidio. La recepción de la revolución inglesa y sus ideas políticas en España (1640-1660)”. En: Revista de Estudios Políticos, 2015, vol. 170, p. 95. [7] MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, M. Á. La cuna del liberalismo. Las revoluciones inglesas del s. XVII. Barcelona: Ariel, 1999, pp. 113 y 114.[8] ROBERTSON, G. Crímenes contra la humanidad. La lucha por una justicia global. Madrid: Siglo XXI, 2008, pp. 6 y 7.
Pinacografía: Edward Bower | Charles at his trial (1649). William Capon | The Painted Chamber (1799). Anthony van Dick | Charles I in Three Positions (1635–1636). Paul Delaroche | Cruel necessity (1831).
PD: sin llegar a esos extremos, en la Corona de Aragón, el rey Pedro IV (1336- 1387) incoó un proceso judicial contra su hermano, el infante Fernando (1329-1363), tras acusarle post mortem de haber cometido varios crímenes de lesa majestad.



























